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Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU, pronunció el 15 en el Comité de Relaciones Exteriores un discurso sobre todos los aspectos de la nueva política exterior del Gobierno de Obama, discurso que se cree ser una pieza de gran peso. Los comentarios sobre el mismo proliferan en los medios de comunicación de EEUU y el tema también cobra bulliciosa actualidad en la esfera internacional. Algunos sostienen que su discurso demuestra que la nueva política exterior de Obama ha archivado la ideología anquilosada y el viejo modo de actuación para marchar a paso del tiempo. Pero otros opinan que en todos modos su “punto de partida” es destacar la importancia del “liderazgo norteamericano”, cambiando nada más que las medidas y las tácticas concretas.
Es cierto que Hallary mencionó en su discurso no pocas cosas distintas a los puntos de vista que había manifestado Bush sobre la política exterior durante los ocho años de su mandato. Tres puntos son destacados: primero, Hillary reconoce en realidad que actualmente EEUU no puede “acaparar todos los asuntos del mundo”. Afirmando que los problemas del mundo no pueden resolverse ahora dependiendo sólo de los esfuerzos de EEUU. Segundo, destacó que la política exterior norteamericana debe reflejar el estado real del mundo. Sosteniendo que carece de sentido la estrategía equilibrada del siglo XX. Ahora EEUU no puede restaurar la política de contención de la época de la Guerra Fría, ni adoptar el unilateralismo, sino introducir en un mayor número de países el mecanismo de cooperación disminuyendo competición y fundando un mundo de múlples socios. Tercero, juró que se dedicará a establecer relaciones más estrechas con los países emergentes, con los países del BRIC al frente. Es evidente que estas palabras corresponden mejor a la evolución y el desarrollo de la actual situación internacinal. Han encontrado una buena aceptación en la arena internacional. Por lo tanto no es un exceso decir que la nueva política exterior de Obama marcha a paso del tiempo.
Pero Hillary no olvida ni en un sólo momento la meta estratégica de “liderazgo norteamericano” en el mundo. Al mismo tiempo que admitió que EEUU no puede acaparar todos los asuntos del globo, aún destacó que “sin EEUU nada puede realizarse en el mundo”. Afirmó que el problema actual no es si EEUU puede o no, debe o no, asumir el liderazgo, sino cómo dirigir el mundo en siglo XXI. Reiteró los idearios de Obama en la política exterior basda en interés común, identidad de escala de valores y respeto mutuo. En los cinco aspectos del llamado “poderío sutil”, destacó la aplicación combinada de las fuerzas económica y militar así como la fuerza de ejemplo de EEUU. Hizo hincapié en la necesidad de mantener principios en el diálogo y contactos con los países divergentes.
De ello surgen en seguida problemas. ¿Quiere EEUU liderar el mundo en el siglo XXI? ¿Esto corresponde a su poderío y status en el mundo? ¿Esto concuerda con el cambio de las correlaciones de fuerzas en la arena internacional? ¿Qué signfican los puntos destacados por EEUU en cuanto a la “identidad de escala de valores” y “mantener principios en diálogo y contactos”?
Con respecto a estos problemas, pueden dar una respuesta definida todos los que tienen el mínimo sentido común. Es un “sueño norteamericano”, y es el deseo subjetivo de la nueva política exterior de EEUU. No es de extrañar que un catedrático de la Universidad de Harvard señale que Hillary ha planteado un “ambicioso plan de libre internacionalismo”. A sus ojos, sin intervención directa de EEUU ningún problema puede resolverse. Pero ella está equivocada. Para resolver los problemas importantes del mundo, tal como lo señalan en L'Aquila los dirigentes del G8 y los países emergentes recientemente en la declaración común, se precisa fortalecer las relaciones Sur-Norte, reconocer la necesidad de ir mano a mano en la cooperación para afrontar los desafíos globales y mejorar el orden mundial. En realidad, el propio Obama afirmó que está convencido de que es un concepto erróneo pensar que se puede superar los desafíos mundiales sin la participación de China, India, Brasil y otros países. Siendo las cosas, es mejor que EEUU despierte de su sueño cuanto antes. Como el país más potente en materia del poderío integral EEUU tiene un deber ineludible para “liderar el mundo” y “manejar los asuntos mundiales”. Pero EEUU no es imprescindible. Tal como afirman algunos políticos y gente perspicaz de Occidente, es como flor marchita el concepto de que un sólo país puede manejar todos los asuntos del mundo. En su evolución el mundo necesita no sólo un “mundo de múltiples socios” como lo existe en la mente de Hillary, sino “un mundo de socios a pie de igualdad” donde las relaciones internacionales se democratizan y donde se lleva a cabo la “gestión en cooperación. (Pueblo en línea) 20/07/2009
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