Actualizado a las 2009:09:27.14:50

¿Podría marchar el G20 a la mecanismización?

La escogida de Pittsburgo como sede de la Cumbre del G20 tiene cierto caráter simbólico. Esta “ciudad mohosa” que representaba la industria de sol poniente de Estados Unidos se ha transformado hoy en una “ciudad ecológica”. El cambio de modelo tiene para el G20 un significado extraordinario. Desde la primera Cumbre del G20 en noviembre pasado, el cambio de modelo es siempre un punto focal de la atención de los economistas de diversos países y también uno de los temas importantes de esta Cumbre.

No obstante, lo que discuten los hacedores de política y economistas de diferentes países es principalmente el cambio de modelo de la economía de un país o de la economía global. Pero a juzgar por el proceso de las tres Cumbres del G20, el significado del cambio de modelo tal vez se manifiesta en mayor medida en el nivel de manejo económico internacional.

El papel del G20 se ha manifestado en medio del cambio de modelo. El transcurso de la Cumbre de Washington de noviembre pasado a la Cumbre de Pittsburgo de este año es, en realidad, un proceso de cambio de modelo para elevar constantemente la capacidad de manejo económico internacional. Su rasgo destacado reside en que un grupo de economías emergentes pueden sentarse con los países desarrollados como iguales en la misma mesa para estudiar juntos la futura economía mundial y la reforma del sistema financiero. Precisamente como señala un análisis de la agencia Reuter´s, “la crisis financiera surgida en territorio propio ha bajado la posición de los países ricos, de modo que se ha dado un espacio a las economías emergentes en el escenario mundial, lo que refleja un traslado duradero del poder y se manifestará a plenitud en la Cumbre del G20 de esta semana.”

El estallido de la actual crisis financiera muestra por lo menos en dos aspectos la urgencia del cambio de modelo en el manejo económico global. En primer lugar, la grave falla del sistema económico de Occidente representado por Estados Unidos ha conducido a la rápida fermentación y expansión del virus de la crisis financiera; en segundo lugar, en una época de continuo crecimiento de las economías emergentes, apoyarse sólo en la fuerza propia de los países desarrollados ya es incapaz de dominar y controlar con mayor eficiencia la marcha de la economía global y es más difícil para resistir al ataque de la crisis. He aquí la necesidad histórica de la subida del G20 al escenario económico mundial.

En el curso de menos de un año, los miembros del G20, a través de la coordinación en numerosos terrenos como la política macroeconómica, política monetaria, diplomacia y finanzas, han adoptado más de 100 programas de estímulo económico en diferentes grados, lo que ha contenido con eficiencia la recesión económica y ha dado impulso al inicio de la reforma del sistema financiero internacional.

El mayor éxito del G20 es la coordinación y el consenso sobre la base de confianza mutua. Si se dice que la Cumbre de Washington del año pasado fue una reunión de muestra de la confianza del G20, la Cumbre de Londres de abril pasado fue una reunión de sondear y definir el rumbo, la Cumbre de Pittsburgo significa que el G20 ha entrado en una época de más difícil coordinación.

Entre los miembros del G20 hay tanto países desarrollados como países en vías de desarrollo; ellos se encuentran en distintas etapas de desarrollo político, económico y social, tienen diferentes consideraciones sobre sus intereses y distintos reclamos sobre la reforma de la economía internacional y del sistema financiero, de modo que se necesita más largo tiempo de adaptación.

En la actualidad, ya han pasado los momentos más graves de la crisis y la economía se recuperará probablemente. En estos momentos clave, la coordinación y consenso también suelen ser más difíciles. Algunos miembros probablemente pensarán más en sus propios intereses y tomarán medidas más egoístas, en particular ciertos países desarrollados, para desviar la atención, ya han vuelto a plantear el supuesto problema de la pérdida de equilibrio, con el inento de buscar pretextos para el proteccionismo comercial. Todo esto ha traído a la coordinación futura múltiples factores inciertos y complejos.

Es irrealista la esperanza de que una sola Cumbre de Pittsburgo logre una coordinación y consenso completos, pero el rumbo de la coordinación y consenso no puede ser cambiado en modo alguno. Si la Cumbre de Pittsburgo quiere lograr éxito, tendrá que lograr avances en la coordinación sobre el reforzamiento de la política macroeconómica, el impulso a la reforma de la estructura de manejo de las instituciones financieras internacionales y en la oposición al proteccionismo comercial y sólo así se podrá permitir que la economía global emprenda un camino de recuperación estable y que se eche cierta base para la mecanismización del G20 tras la crisis (Pueblo en Línea)
27/09/2009

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