Actualizado a las 2010:01:26.15:37

La felicidad de la gente es la meta real del desarrollo

El propósito del desarrollo económico no es simplemente más construcción. Más importante aún es proporcionar más felicidad a la gente.

Al ver los amplios espacios que la prensa dedica a la “aceleración de la construcción económica y del desarrollo económico” pensamos de inmediato en más inversiones para aumentar la producción y construir más infraestructura. Pero cuando la capacidad de producción alcanza cierto nivel, el desarrollo económico no debe conducirla a una mayor expansión.

Llagada esa coyuntura, lo que se impone es maximizar la felicidad de la gente y extender el consumo, con especial énfasis en la profundización de las transacciones financieras.

Incluso sin la actual crisis económica global, el modelo de crecimiento de China se habría tropezado con un embotellamiento en la etapa actual. Podemos citar ciertos datos para ilustrar los problemas que se confrontan hoy en ese sentido.

En 1952, antes de la nacionalización, el consumo doméstico de China ocupaba el 69 por ciento del su PIB. Solemos decir que los estadounideses gastan demasiado. Pero su consumo - el 71 por ciento del PIB - es hoy apenas 2 por ciento superior al de China en 1952. Es preciso apuntar, sin embargo, que las actividades económicas de China se encaminaron en primer lugar en aquel entonces a garantizar el abastecimiento de suficientes alimentos, ropa, casas y educación a sus ciudadanos.

La proporción de consumo doméstico del PIB de China cayó a cerca del 45 por ciento en 1978 y a 42 por ciento en 1993. Es decir, sus indicadores se han mantenido a la baja en los períodos de economía planificada y también de reforma y apertura. La proporción de gastos del Gobierno en el PIB, sin embargo, ha aumentado al 30 por ciento – el doble de 1952.

Hablando en términos generales, detectamos dos tendencias prevalecientes en China en las seis décadas pasadas: una disminución en el porcentaje del consumo doméstico en el PIB y un alza casi perpendicular en los gastos del Gobierno. Estas tendencias apenas han cambiado en los años antes o después de la reforma y la apertura.

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