Actualizado a las 2010:01:27.14:29

La crisis financiera podría generar una sociedad mejor

Durante un vertiginoso tránsito aeroportuario en días feriados en EE.UU., un titular del diario The New York Times del 2 de enero captó mi atención. “En la recesión, los estadounidenses hacen más, compran menos,” decía.

La magnitud de tal aserción, sea cierta verdad o falsa, exacerbó mi curiosidad y me detuvo en seco.

Intenté imaginar el panorama sugerido. Con problemas de liquidez, sin empleo y cargados de deudas, los estadounidenses, aún en fase de recuperación por la recesión del año pasado, optan por dedicarse a algún hobby, en lugar de comprar una nueva casa; pasan un día explorando un museo en vez de deambular por un centro comercial; o prefieren un viaje por carretera antes que irse de compras desenfrenadas.

¿Puede afirmarse que esta reconsideración sobre el estilo de vida hay sido resultado de la crisis económica? Desde que la crisis de las hipotecas de riesgo desencadenó la debacle financiera global, los estadounidenses han sido calificados por la prensa como una horda de consumidores codiciosos, incapaces de controlar sus tarjetas de crédito.

Este estereotipo suele verse reafirmado durante los días feriados, cuando la costumbre de hacer regalos de Navidad, combinado con el supuesto empuje del desenfrenado consumismo estadounidense, trae aparejada una avalancha de compradores en los centros comerciales, gracias al cual los minoristas hacen su agosto por espacio de meses.

Por tanto, la realidad alternativa sugerida por el título, de que los estadounidenses se van con la familia al cine en lugar de buscar préstamos, me pareció inusual y, creo, cierta por partes iguales. Puede que incluso haya contribuido al éxito del filme Avatar.

El artículo respalda con cifras sus afirmaciones. Varios de los factores examinados en el mismo, incluyendo las ventas de boletos de cine, asistencia de público a museos importantes y los resultados de una encuesta realizada por el New York Times y la cadena CBS revelaron que, de cara a la crisis, los “estadounidenses no solo viven con menos. También están haciendo más.”

En mi propio círculo familiar y de amigos, la alta tasa de desempleo y subempleo sin lugar a dudas se notó durante los días feriados, sobre todo entre aquellos que trataron de reducir gastos en boletos de viaje, si bien es cierto que los que quisimos comprar pasajes aéreos para volar de China a EE.UU. no tuvimos esa suerte.

Pero incluso sin la alternativa de tirar la casa por la ventana en los días feriados, logramos pasar una feliz Navidad. Y este año la investigación del New York Times se reflejó en los regalos colocados debajo de nuestro árbol de Navidad: boletos para conciertos e inscripciones para museos. Habíamos elegido regalarnos experiencias que podríamos compartir entre todos, más que objetos materiales.

Quizás todo esto de hecho conduzca a una mejor sociedad, una sociedad en la cual hagamos cosas compartidas, en lugar de gastar nuestro dinero en cada vez más bienes de consumo. Gastar por el mero hecho de gastar, a pesar de lo que digan los economistas, crea un vacío cultural y espiritual.

Una sociedad civil depende de las experiencias compartidas, no de un mundo fragmentado en videojuegos, mercancías de diseñador y mansiones suntuosas pero baratas. Nuestros problemas financieros pudieran conducirnos a estar más unidos que nunca antes.

Se afirma que el dinero es la fuente de todos los males, pero hasta cierto punto es un mal necesario. Como todo sabemos, no es que el dinero sea lo más importante, sino que resulta necesario para adquirir lo que sí es importante, como la manutención de la familia, o la compra de boletos para ver Avatar.

Desafortunadamente, nuestras buenas intenciones con demasiada frecuencia resultan pasto de la atracción intrínseca por el dinero en sí. La crisis económica echó por tierra ese patrón de pensamiento para mucha gente.

Ahora que la mayoría de las economías han emergido de la recesión (por lo menos en el papel), todo el mundo está ocupado pensando cómo salvaguardar sus futuras inversiones.
La mejor manera es cambiando prioridades. Y quizás comprando boletos para ir al cine.

(Por Tim Gingrich, escritor residente en Beijing, autor de Go too Far East.)

(Pueblo en línea)

27/01/2010

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