|
EE.UU. está diversificando su política militar, alejándola de las confrontaciones simultáneas en el campo de batalla, para centrarse en una gama de amenazas, desde los ataques terroristas y los dirigidos contra la Red, hasta el narcotráfico y los conflictos derivados del cambio climático, según el más reciente informe estratégico del Pentágono, publicado este lunes.
Los observadores militares dicen que el estudio, asignado por mandato legislativo, indica un cambio importante en la política militar, en relación con administraciones anteriores, y que el mismo podría arrojar luz sobre la futura estrategia militar de la administración de Obama.
“A mediano o largo plazo, las fuerzas militares de EE.UU. deben planear y prepararse para prevalecer en una gama amplia de operaciones, que pueden producirse en teatros múltiples y en marcos de tiempo traslapados,” afirma el Departamento de Defensa de EE.UU. en su Recuento Cuadrianal sobre Defensa (RCD) para 2010 .
Ya ha perdido vigencia el discurso que acude a los conflictos regionales como únicas, o incluso principales, fuentes referenciales para clasificar, dar forma o evaluar a las fuerzas de EE.UU.,” según el proyecto sobre defensa, obtenido por la publicación Inside Defense.
El estudio establece un curso a largo plazo para el Pentágono, pues evalúa las amenazas y los desafíos que encara la nación y reorienta las estrategias del Pentágono, sus capacidades y fuerzas, para asumir los conflictos de hoy y las amenazas del mañana.
Meng Xiangqing, profesor de Estrategia Militar en la Universidad de Defensa Nacional, dijo a Global Times que el Gobierno de EE.UU., hoy cargado de deudas, no tiene la capacidad para librar dos guerras convencionales importantes al mismo tiempo, y que el cambio de política es compatible con la estrategia militar de Obama de reducir el peso de la opción militar y su exhortación a promover la cooperación.
En 1993, el Secretario de Defensa del entonces presidente Bill Clinton, Les Aspin, circuló el “Bottom-Up Review” del cual se derivaron las dos principales contingencias regionales simultáneas que delimitaban el estándar para la disposición militar.
El RCD 2001 indica que las “fuerzas de EE.UU. seguirán manteniendo su capacidad para derrotar con rapidez los ataques contra sus aliados y amigos, en cualesquiera de los dos teatros de operaciones en calendarios traslapados.”
Li Daguang, otro experto de la Universidad de Defensa Nacional, dijo que el ajuste de política está basado en las demandas actuales de seguridad de EE.UU.
“No hay necesidad de que los militares de EE.UU. se preparen para la guerra con Rusia, que ahora no constituye una amenaza real para EE.UU., o con China, que insiste en el desarrollo pacífico,” dijo Li.
“China” ha sido una palabra clave en los tres anteriores RCDs.
En el de 1996, el primer estudio solicitado por el Congreso a raíz de la disolución de la Unión Soviética, China figuraba como “competidor estratégico potencial” clasificado con un poderío similar al de Rusia.
En el RCD de 2001 se identificó de modo implícito a China como “competidor militar con una base de recursos formidable”, que entraría en probable conflicto con Estados Unidos en el futuro.
El análisis de 2006 reiteró la visión de EE.UU. de que China tiene el mayor potencial para competir en lo militar con EE.UU. y utilizar tecnologías militares destructivas que podrían actuar como contrapartida a la tradicional superioridad militar de Washington.
[1] [2]
|