Actualizado a las 2010:02:05.14:17

La guerra contra el terrorismo impidió a EE.UU. contemplar el despegue del dragón

“China ha ofrecido muchas buenas oportunidades a los extranjeros es estos últimos años,” afirmó en fecha reciente un asesor informático estadounidense, admitiendo de paso sus pingues ganancias en el mercado chino. “Y, sí, es cierto, China sigue ofreciendo oportunidades, pero ya es no lo mismo. Atrás quedaron los días del sueño dorado.”

Esta puede ser la situación o no, en dependencia de a quién se le pregunte. Pero hay un hecho innegable: Tal matiz no se encuentra, al menos hasta hora, en la cobertura que hace la prensa estadounidense cuando, según se supone, debe informar sobre China a empresarios como el mencionado aquí.

Por otra parte, si Napoleon estuviera vivo hoy, quizás reformularía su famosa apreciación sobre el país asiático, para revelar que, en realidad, ha sido EE.UU. el que ha estado durmiendo, mientras que el dragón chino hacía rato andaba despierto y estremeciendo al mundo”.

Hay varias razones que sustentan esta coyuntura, la mayoría de las cuales se han producido después del 11 de septiembre de 2001.

Las mismas incluyen el mayor ataque contra suelo estadounidense desde Pearl Harbor, dos guerras atroces en el extranjero y las escuchas ilegales que promovió el Gobierno, así como escándalos por uso de tortura y, desde luego, la más devastadora debacle económica de que haya sido testigo EE.UU. desde la Gran Depresión, y que se extendió por todo el mundo.

No tenía que suceder así necesariamente, por supuesto. Pero éstos y otros acontecimientos, magnificados por el constante cacareo de los medios informativos, han incidido de alguna manera en que, al menos sin proponérselo, la conciencia pública de EE.UU. haya pasado por alto el ascenso de China. Hasta el sol de hoy.

El ascenso de China a la condición de superpotencia, por supuesto, no es exactamente noticia de última hora, aunque los medios informativos estadounidenses establecidos procurarán hacer creer lo contrario, especialmente en los dos años pasados.

“Seis mitos sobre China: Todo que ustedes saben sobre China es incorrecto,” anunció Newsweek el pasado mes de octubre. “China contra la India: cuál economía es mejor?” se preguntó el 28 de enero la revista Time, otra publicación decidida a ofender a sus lectores.

Auto-declarados expertos como Thomas Friedman, del diario The New York Times, y Fareed Zakaria, de Newsweek, no dejan de maravillarse en sus discursos intelectuales sobre cómo EE.UU. sigue perdiendo terreno a pasos agigantados ante su amistoso rival oriental.

Lo cierto es que estos dos analistas se han sumado al coro que preconiza a diario este concepto simple y obvio hasta la médula, convirtiéndolo en una virtual industria artesanal.

Por otro lado, es difícil no establecer un paralelo con EE.UU. en época lejanas y prósperas.

A principios de los 90, se hablaba hasta por los codos del control que ejercìa Japón sobre las propiedades inmobiliarias comerciales y privadas en los EE.UU., situación que quizás se entienda mejor leyendo el bestseller de 1992, “Rising Sun”, de Michael Crichton.

En aquel entonces, en momentos en que la Guerra Fría languidecía en la distancia y el terrorismo global aún no aparecía en el horizonte, el público estadounidense sucumbió de a lleno a una paranoia supuestamente patriótica, con tintes raciales y alimentada por la prensa, a pesar de que Alemania era el país que realmente poseía más bienes estadounidenses.

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