Actualizado a las 2010:02:05.14:18

La guerra contra el terrorismo impidió a EE.UU. contemplar el despegue del dragón (2)

Pasadas dos décadas, parece cuando menos improbable que la opinión pública de EE.UU. repita ese capítulo xenófobo contra China. Este supuesto encuentra respaldo en los crecientes intercambios bilaterales y el incremento en las asosiaciones tecnológicas, culturales y empresariales entre los dos países.

Resulta obvio que EE.UU. y China se necesitan mutuamente como nunca antes, pero tal necesidad les pone los pelos de punta a demasiados estadounidenses.

Esto es desafortunado y peligroso, especialmente debido al déficit presupuestario que ha servido para financiar las ganacias de capital, por los costosos beneficios de ayuda social y las guerras antiterroristas libradas en los años de Bush, todo lo cual condujo a un endeudamiento de EE.UU. con China del orden de varios billones.

De hecho, durante 2006 y bien entrado 2007, Washington pidió prestado a un ritmo aproximado de un millón de dólares diarios, mediante la venta de bonos del Tesoro a Beijing, para poder solventar los gastos que acompañaron la ocupación de Irak.

Como consecuencia, EE.U.U. ha pasado de disponer de un enorme superávit crediticio a ser el mayor deudor del mundo, todo en menos de una década.

Hay muchos beneficios obvios y mutuos que se desprenden de una relación estrecha entre China y EE.UU. Desde un punto de vista práctico, no puede haber duda en que el hecho de que la superpotencia global en pleno ascenso mantenga intereses adquiridos en el éxito de EE.UU. resulta positivo para ambos países.

Al mismo tiempo, es difícil no comprender que esta conciencia tardía por parte de EE.UU. sobre la condición de superpotencia de China podría haber llegado demasiado tarde.

Para empezar, al tener que lidiar con déficits presupuestarios billonarios como herencia de la anterior administración, el Gobierno de Obama encara ahora la perspectiva de endeudarse aún más para poder financiar el pasado. Esto no sólo entraña un riesgo político, sino que incluso sería insostenible desde el punto de vista financiero.

Si no hubiera sido por este acceso fácil a dinero contante y sonante, además, el mundo más allá de las costas de EE.UU. podría ser muy diferente también, y, muy probablemnte, también mucho mejor. (Pueblo en Línea)

05/02/2010

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