Actualizado a las 2010:02:08.14:20

Política de EE.UU. hacia China: los altibajos de siempre

Desde principios de 2010, el optimismo que en un momento primó en lo tocante a las relaciones de China con EE.UU. se ha trocado en breve en predicciones calamitosas para los lazos bilaterales más complicados del mundo. Un sinnúmero de espinosos problemas diplomáticos han trastornado a los expertos en política de ambas partes.

Términos tales como “guerra comercial” o “confrontación total” han asomado la cabeza en la más reciente fraseología usada por los medios informativos, lo que no ha hecho más que agregar leña al fuego. Sin embargo, vistas en perspectiva, las relaciones chino-estadounidenses nunca han estado realmente libres de tormentas y turbulencias.

Cuando Bush y sus precursores asumieron la presidencia, las relaciones bilaterales transitaron la misma curva descendente de costumbre antes de volver a la normalidad. Cuando tocó el turno a Barack Obama, empero, éste tomó un sendero distinto. Como parte de su acercamiento diplomático conciliatorio, propició un enfoque suave para tratar a China durante su primer año en la Casa Blanca.

Estos factores generaron optimismo sobre las relaciones bilaterales entre el público chino, que se ha sentido cautivado por el carisma de Obama y olvida el hecho de que su sino político responde a la política nacional.

El enfoque suave de Obama ha molestado al público estadounidense. En especial a los sectores conservadores, que se sienten irritados por la aparente sumisión del presidente al competidor de Washington. Así pues, ahora estamos viendo el retorno de viejos problemas.

En el drama de las relaciones China-EE.UU., los asuntos espinosos como el comercio, las ventas de armas, los derechos humanos y el Tíbet parecen elementos inevitables. La diferencia estriba en el sentido de la oportunidad para su aparición. Pero a pesar de los desacuerdos e intercambios de protestas, cada vez que sube la temperatura, ambas partes deben retornar eventualmente a tierra forzadas por las realidades políticas.

A principios de 1999, poco después de la visita del presidente Clinton a China, las relaciones bilaterales quedaron casi congeladas por el escandaloso informe Cox y la acusación de que el científico chino-estadadounidense Wen Ho Lee había robado tecnología de EE.UU.

En las primeras fases de la presidencia de Bush hijo, las relaciones bilaterales estuvieron a punto de arruinarse totalmente antes de que la diplomacia de EE.UU. sufriera un revés total.

Si se hace un recuento, es posible comprobar que el costo político de los tropiezos en las relaciones chino-estadounidenses superan la suma de los avances políticos a corto plazo.

Pero si se maneja adecuadamente, siempre será posible disminuir el impacto negativo del incidente más serio. A principios de 1999, pocos habrían anticipado el bombardeo de la OTAN dirigido por Estados Unidos contra la embajada china en Yugoslavia, acontecimiento que llevó las relaciones bilaterales a un punto bajo histórico. Con todo, antes del fin de ese mismo año, las dos partes firmaron el tratado que franqueba la entrada de China a la OMC.

El presidente Obama debe lidiar con una opinión pública que se impacienta ante la lentitud de la recuperación y el desempleo de dos dígitos. En esta situación, según se acerquen las elecciones a medio mandato, el presidente podría continuar desafiando a China, para ganar puntos políticos en casa. Obama entiende el sentido de aplicar puntos de giro a la política hacia China. Su prueba de fuego será cuándo y cómo revertir la política. (Pueblo en línea)

08/02/2010

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