Actualizado a las 2010:03:11.09:46

Comentario: Discurso del Dalai Lama como "portavoz libre" de los tibetanos está lleno de falsedades

El XIV Dalai Lama pronunció el miércoles un discurso con motivo del 51º aniversario de su exilio en el que se proclamó "portavoz libre" de los tibetanos y acusó al gobierno chino de intentar "aniquilar" de forma deliberada el budismo.

Durante su alocución, llena de resentimiento y carente de novedades, el Dalai Lama manifestó desde la sede de su "gobierno en el exilio", Dharamsala (norte de la India), que las autoridades chinas "están poniendo a los monjes y religiosas en condiciones similares a las de una cárcel" y haciendo "que los monasterios funcionen más como museos".

Alguien que desconozca la historia de la región autónoma del Tíbet, en el suroeste de China, o del Dalai Lama podría pensar fácilmente que éste acaba de salir de uno de esos monasterios "similares a una prisión" antes de reunirse con sus seguidores.

Los visitantes del Tíbet, tanto chinos como extranjeros, se suelen sentir impresionados por las multitudes de devotos budistas y la excelente conservación de los antiguos monasterios tibetanos en la región.

Si hacen alguna indagación más, pueden ver que los monjes y religiosas son uno de los principales grupos beneficiados por las políticas preferenciales del gobierno central para el Tíbet.

En el monasterio de Taer, ubicado en la vecina provincia de Qinghai, donde nació el Dalai Lama, los monjes han sido los primeros en tener acceso a ordenadores, internet, calentadores de agua que utilizan energía solar y otros electrodomésticos. El año pasado, sus ingresos anuales medios fueron tres veces mayores que los de los campesinos y ganaderos locales.

Sin embargo, el Dalai Lama, quien huyó del Tíbet hace 51 años siendo un joven monje que había crecido en el aislamiento de los monasterios, habla de la situación de la región como si hubiera estado allí viviendo todos estos años.

En su discurso, no ha podido citar en qué se basan todas esas afirmaciones, lo que conduce a quienes le escuchan a pensar que lo que el Dalai Lama describe es una pura invención.

Sus reiteradas mentiras sobre los incidentes ocurridos en Lhasa, capital regional, y otras partes del Tíbet el 14 de marzo de 2008 no hacen más que proporcionar más pruebas sobre la falsedad de sus afirmaciones.

Su enardecido alegato hoy también ha tenido como objetivo al gobierno chino en lugar de a los responsables de los incidentes que causaron la muerte de 19 personas en 2008.

A pesar de su resentimiento con las autoridades chinas, el Dalai Lama expresó "orgullo y satisfacción" tres semanas después de su reunión con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y se mostró encantado de que su llamada "vía intermedia" hubiera conseguido algunos apoyos internacionales.

Es precisamente en este punto en el que puede observarse con claridad de dónde procede el malestar del Dalai Lama: la imposibilidad de convencer al gobierno chino de su "vía intermedia" en las diversas rondas de conversaciones mantenidas hasta ahora.

Además, tampoco es una coincidencia el hecho de que el principal traductor del Dalai Lama, Thupten Jinpa, publicara una larga pieza ayer con amenazas de que Beijing ha "perdido su oportunidad para la paz en el Tíbet", y relativas a que la cuestión de la independencia del Tíbet podría regresar.

La naturaleza de la llamada "vía intermedia" es clara. Al margen de sus afirmaciones acerca de no separarse de China, la exigencia del Dalai Lama de una "autonomía genuina" en una cuarta parte del territorio chino es del todo inaceptable para el gobierno central.

Esta es una cuestión interna china, en la que no deben entrometerse personas ajenas, ya sea Barack Obama o algunos "intelectuales chinos" a los que se aferra el Dalai Lama.

Cuando habló de las "aspiraciones fundamentales" de los tibetanos, cabe preguntarse si el Dalai Lama era consciente de a cuántos tibetanos podía de verdad representar.

Puede afirmarse que tiene la capacidad de representar a algunos tibetanos en el exilio, pero no necesariamente a todos los miembros de esa etnia, tanto los 2,8 millones que viven en el Tíbet como los que residen en otras zonas de China.

Si de verdad le preocupa la felicidad y bienestar de los tibetanos, tal y como reitera siempre, el Dalai Lama debería al menos hacer una mínima investigación para descubrir la verdad sobre el Tíbet antes de acusar a otros.

Si no hace esto, debería dejar de actuar como portavoz, e incluso como salvador, de los tibetanos. Ellos no le reconocerán como tal de todos modos. (Xinhua)
11/03/2010

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