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Actualizado a las 2011:05:12.15:56

La batalla por los alimentos seguros

Por Wang Fanfan

Deng Zhifeng tiene una nariz que le dicta con precisión qué llevarse o no a la boca. Este doctor por la Universidad de Stanford, en California, que creció en el seno de una familia campesina de Hunan, se toma muy en serio la seguridad alimentaria de sus seres queridos.

En lugar de apresurarse a comprar un apartamento de lujo, o un automóvil de último modelo, como han hechos muchos chinos regresados del exterior, Deng dedicó sus ahorros a alquilar una parcela de tierra en el norte de Beijing, en la cual cultiva sus propias hortalizas y cría sus aves y cerdos.

Las 15 hectáreas de tierra de Deng reúnen las exigencias del arrendatario, quien se preocupó de que la parcela se encontrara cerca de una reserva con protección ecológica, lo cual reduce las posibilidades de que sus cultivos se contaminen. Y sólo usa fertilzantes orgánicos, desdeñando cualquier pesticida químico.

Deng es uno más entre el creciente grupo de residentes urbanos con suificiente capital para construir su propia cadena alimentaria. Sus instintos y conocimientos le hacen alejarse de las compras en tiendas y mercados, así como desconfiar del sistema de distribución de alimentos en China.

“Antes de que estallara el escánlado de la leche, yo ya sabía que había problemas con los lácteos. Percibí el gusto de químicos en la leche y no permití que mi familia la consumiera ,” afirma.

Su esposa llegó a considerarlo un poco paranoico, pero ahora se alegra de que su hijo nunca haya bebido la leche contaminada con melamina, que mató a seis niños y enfermó a cientos de otros.

La en apariencia interminable cadena de recientes escándados por alimentos contaminados en el país ha generado un amplio rechazo entre los consumidores hacia todo tipo de alimentos, deviniendo serio desafío para el Gobierno.

Sin embargo, queda claro que, para la mayoría de los chinos, no es ni remota la posibilidad de cultivar sus propias verduras, o incluso comprar sólo alimentos importados, o comer en las bien protegidas cafeterías y comedores que el Gobierno acondiciona para sus empleados.

Hay un resentimiento latente entre el público. Es un sentir que resumen de modo muy preciso las palabras de He Bin, catedrático de la Universidad de Ciencias Políticas, cuando dijo en su blog: “No hay nada de malo en que los funcionarios del Gobierno se protejan de las fuentes de suministros de alimentos no confiables, pero también deben tomar en cuenta al público. La seguridad del público es más importante que el crecimiento del PIB”.

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