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Como en una serie de TV, los más recientes episodios de la economía brasileña revelan el día 20 una confrontación entre el "bien y el mal" o mejor dicho entre el optimismo del gobierno y el moderado pesimismo del sector privado.
Entre estos dos extremos se teje y desteje el escenario económico local, mientras los agentes económicos, desde grandes inversionistas hasta los más bajos asalariados buscan pistas claras en un cielo nebuloso y por prudencia cierran los bolsillos.
Hoy el presidente de la república, Luiz Inácio Lula da Silva, redujo en algunos decibeles el tono de su optimismo y dijo que Brasil debe estar "con las antenas conectadas" para seguir a diario lo que sucede con la economía del mundo.
"En la medida en que haya recesión en Europa y Estados Unidos, habrá implicaciones en otros países", dijo en su programa semanal de radio.
Pero afirmó que su gobierno está empeñado en que no falte el crédito en el país, al ofrecer garantías de liquidez a los bancos, la agricultura y la construcción civil.
Da Silva se reunió hoy en Sao Paulo a su ministro de Hacienda, Guido Mántega, el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, y presidentes de grandes bancos del Estado, como el Banco do Brasil, la Caixa Económica Federal y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bandes), para discutir formas de transferir fondos al sector productivo.
Después de la reunión, Mierelles y Mántega anunciaron que será aumentada la oferta de crédito rural en unos 1.200 millones de dólares equivalentes y a la construcción civil en otros 1.800 millones de dólares, como parte de las medidas para contrarrestar los efectos de la crisis sobre la economía brasileña.
Esa sería una medida positiva para aumentar la disponibilidad de recursos y mantener engrasado el aparato productivo en tiempos de sequía de las fuentes tradicionales de financiación.
Pero al mismo tiempo, el propio Meirelles advirtió que el banco va seguir con su política monetaria contractiva, de elevación de las tasas de interés para conjurar las presiones inflacionarias.
"Se engaña quien ve en las medidas adoptadas por el Banco Central un cambio en su estrategia de actuación. Tenemos un compromiso es con el régimen de metas de inflación. Es importante que eso esté bien claro para la sociedad", dijo Meirelles durante un evento en la Asociación Nacional de Bancos de Inversión, en Sao Paulo.
La meta oficial de inflación es de 4,5 por ciento para 2008 y 2009, con un margen de tolerancia de dos puntos porcentuales.
Pero, pocos apuestan a que se cumplirá este objetivo. Hoy mismo una encuesta semanal levantada por el Banco entre unas 100 instituciones financieras que operan en Brasil rebeló que "el mercado" ya espera una tasa de 6,23 por ciento para este año, contra 6,20 por ciento proyectados la semana pasada.
Para 2009 también elevaron su previsión desde 4,80 por ciento hasta 4,90 por ciento.
Las altas tasas de interés, hoy en 13,75 por ciento anual para la mínima referencial es la principal estrategia del Banco para contener la inflación por la vía del freno a la demanda y el consumo.
La otra estrategia es un real fuerte frente al dólar.
Pero desde hasta hace casi dos meses la moneda brasileña ha perdido casi una cuarta parte de su valor, pese a los esfuerzos del Banco Central por sustentarlo mediante la inyección de miles de millones de dólares a través de préstamos a la banca y la quema directa de unos 3.000 millones (según números de operadores) en el mercado físico.
Hoy el banco llevó a cabo su primera subasta destinada exclusivamente a vender dólares entre los bancos para financiar las exportaciones, además de intervenir en el mercado tradicional.
Pero pese a esta medida que inyectará 1.620 millones de dólares al sistema, el real cayó casi 1,0 por ciento frente al dólar respeto al cierre del viernes y el tipo de cambio terminó en 2,134 para la venta.
En octubre el real ha perdido 12 por ciento de su valor, lo que se suma al 17,0 por ciento de septiembre, para completar un promedio de 20 por ciento en lo que va de 2008.
Mientras tanto, Da Silva insiste en sus mensajes de optimismo y recomienda a sus compatriotas seguir gastando para satisfacer sus ilusiones, tal vez consciente de que es importante mantener viva la confianza para que el consumo no pierda esa inercia que tanto ayudó a que le economía creciera 5,4 por ciento en 2007 y una cifra parecida en 2008.
Pero al menos entre las clases más pobres ya comienza a crecer la prudencia, como lo señala hoy una encuesta de la firma Ibope, bajo encomienda de la agencia de publicidad SoHo Square, según la cual las clases C y D, de lejos el mayor contingente de brasileños, cree que la crisis sí se va a reflejar en su situación financiera diaria.
El 69 por ciento de los encuestados reveló saber que hay una crisis y que ella afectará sus condiciones financieras, por lo que están manejando su presupuesto y cortando gastos personales, de la cesta básica y de esparcimiento.
Por el otro extremo, en el más reciente anuncio de este tipo, la empresa de alimentos Aurora, una de las más importantes del país, anunció hoy la suspensión de inversiones por unos 410 millones de dólares, debido a la incertidumbre por la crisis internacional. (Xinhua) 21/10/2008
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