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La pasada reunión en Ekaterinburgo, Rusia, del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), constituyó una tentativa de institucionalizar un grupo que hasta ahora no había pasado de ser la propuesta ingeniosa de un economista.
La elección de esos cuatro países, y no de otros, fue casi tan arbitraria como los diagnósticos económicos del banco Goldman Sachas, donde trabajaba en 2001 el autor de la idea.
Ello porque, si se trata de las economías emergentes que al volumen de su PIB (Producto Interno Bruto) agregan un territorio y una población de dimensiones continentales, no habría ninguna razón para no incluir a Australia.
Asimismo, si se considera a los países que crecientemente asumen posiciones económicas relevantes en el escenario mundial, la sigla bien podría ser BRICMACS (los mismos cuatro, más México, Australia, Corea del Sur y Sudáfrica) o BRICIMACS (con Indonesia incluida).
De cualquier forma, los cuatro países del BRIC, reunidos entre el 15 y 16 de junio en la ciudad rusa, decidieron asumir esa identidad, pese a las enormes diferencias y contradicciones que tienen entre ellos.
Del lado brasileño, la institucionalización del grupo es parte de una estrategia diplomática cuyo eje es realzar el papel del país en el plano internacional y cuya piedra angular es conseguir un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Sus defensores más esforzados son los ministros de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, y de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger, este último participante en las reuniones preparatorias para esa cumbre).
Para Amorim, una de las posibilidades más atractivas es la de establecer un proceso de uso de las monedas nacionales en sus intercambios, ante el progresivo deterioro del dólar como moneda de reserva internacional.
El diplomático insistió en que el BRIC no se propone sustituir a ninguno de los grupos de países ya existentes, ni limitará otras iniciativas diplomáticas que constituyen la armazón de la política externa brasileña.
También indicó que el nuevo grupo no sustituirá, como prioridad, la política de integración sudamericana, ni a las relaciones estratégicas construidas a lo largo de décadas con la Unión Europea.
Ni tampoco afectará las excelentes relaciones de Brasil con Estados Unidos.
En realidad, además de las muchas cosas que el BRIC "no" hará, se trata de una reacción ante la tentativa de mantener como una especie de directorio mundial al G-8, que integra Rusia pero no a los demás países.
"El mundo está cambiando. Y ya no es posible que siete u ocho países sigan dictando las reglas a todo el planeta", dijo Amorim.
Es posible que de las reuniones del BRIC (la próxima programada en Brasil) salgan algunas iniciativas interesantes, pero es difícil prever lo que podrán tener en común cuatro países tan disímiles.
China, de los cuatro, ha conseguido en pocas décadas cambiar drásticamente su posición en el mundo: es la segunda economía, mundial, tiene el mayor mercado consumidor del planeta y es un agresivo exportador de todo tipo de productos.
Brasil se caracteriza por tener enormes reservas de minerales importantes, y ser un agresivo exportador de alimentos (granos, carnes y frutas).
Esa posición le exige batirse por la abertura de los mercados a sus mercancías, y allí choca de frente con India y China, que necesitan proteger sus agriculturas familiares, de las que dependen millones de pequeños y medianos agricultores.
Rusia, más que una potencia emergente, es una superpotencia decadente que se ha visto reducida a la dependencia de los precios del petróleo, que la convirtieron en una de las mayores víctimas de la crisis internacional.
La India todavía enfrenta la dura tarea de armonizar las profundas contradicciones socioeconómicas que la mantienen en la vanguardia mundial en algunas áreas (informática, industrias químicas) y todavía enfrentada a la pobreza y la desigualdad.
Lo que los cuatro tienen en común, por ahora, son cuantiosas reservas en dólares, y la posibilidad de influir decisivamente para que esa moneda pierda su papel hegemónico en los mercados internacionales.
Pero sobre eso, el comunicado final de la reunión de Ekaterimburgo apenas hizo una mención genérica que defiende "un sistema monetario internacional más estable, más previsible y diversificado".
Lo que es poco, frente a las expectativas de algunos integrantes del gobierno brasileño. (Xinhua) 22/06/2009
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