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Durante más de diez años, desde que Xie Gen y su mujer, Chen Longfeng, llegaron a Beijing desde su localidad natal en el centro de China han disfrutado del " privilegio" de vivir en decenas de apartamentos recién construidos.
Pero la pareja, con cuarenta años de edad, son únicamente decoradores que permanecen en viviendas sin acondicionar y las abandonar uno o dos meses después tras concluir su trabajo de embaldosado, pintura y enlucido de paredes.
Ahora trabajan en una zona residencial recién construida en el sur de la capital, que cuenta hasta con campo de golf propio.
China ha logrado un avance económico exponencial desde el lanzamiento tres décadas atrás del proceso de reforma y apertura, pero la distancia económica entre las áreas rurales y urbanas continúa ampliándose año a año.
Mientras que muchos de los residentes acomodados de Beijing se han desplazado a apartamentos de alto nivel, algunos de los 2,8 millones de trabajadores de origen rural que viven en la capital aún tienen dificultades para llegar a fin de mes.
China cuenta con unos 120 millones de trabajadores inmigrantes, en su mayor parte agricultores de las regiones central y occidental del país que se desplazan a las ciudades orientales en busca de una oportunidad. Una vez alcanzado su destino se dedican principalmente a la construcción, la minería, servicios de limpieza y el sector hostelero, el tipo de trabajos considerados habitualmente sucios, duros y mal pagados.
Las diferencias económicas entre la población es también uno de los temas que los dirigentes chinos han tratado en el XVII Congreso Nacional del Partido Comunista de China, inaugurado hoy domingo. En su discurso ante el Congreso, Hu Jintao se comprometió a "dar reversa de forma paulatina a la tendencia a la ampliación de la disparidad en la distribución de ingresos".
"Es preciso poner énfasis en el incremento del ingreso de las personas con renta baja, elevar paso a paso la cuantía normativa de ayuda a los pobres y la de salario mínimo, e introducir en las empresas un mecanismo de aumento regular de salarios y otro de garantía de su pago para los trabajadores", afirmó Hu.
Acompañando al matrimonio Xie en su desplazamiento de un apartamento a otro van su hija mayor, desempleada, y sus pertenencias más básicas: una cocina eléctrica, mantas y algunas ropas desgastadas. A su hija menor la dejaron al cuidado de sus abuelos.
"En Beijing ahorramos cada céntimo", afirma Xie.
Empleados en una compañía de decoración, la pareja es capaz de obtener trabajo durante la mayor parte del año y cuenta con ingresos estables. Pero Wang Xiaomin, otro trabajador inmigrante procedente del centro del país, no es tan afortunado.
Con un puñado de herramientas en su mochila, Wang pasa gran parte de su tiempo callejeando por Beijing tratando de encontrar algún trabajo puntual que le permita ganar dinero rápido.
"Todo los días doy una y otra vuelta par ver si puedo encontrar algo de trabajo", lamenta Wang.
Ni Xie ni Wang vieron el discurso pronunciado por Hu Jintao el lunes, pero prestan gran atención al congreso, puesto que " concierne a la vida diaria de la población común y la igualdad de derechos de trabajadores inmigrantes rurales", afirma Xie.
En su discurso, Hu señaló que un sistema básico de seguridad social cubrirá tanto a los residentes urbanos como rurales para garantizar que toda la población cuenta con sus necesidades básicas aseguradas.
"Creo que las medidas del gobierno van cada vez más inclinadas hacia los trabajadores inmigrantes", sostiene Xie.(Xinhua) 22/10/2007
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