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Los preceptos budistas dicen a sus seguidores que deben ser fieles a sus palabras y nunca mentir. La camarilla budista del Dalai Lama, sin embargo, parece que nunca ha seguido estos principios.
El 14 de marzo la violencia se desató en Lhasa, capital de la región autónoma del Tíbet (al suroeste de China) con las golpizas, saqueos e incendios en las calles de la ciudad. Al día siguiente, el Dalai Lama dijo en Dharamshala (India) que "esas protestas eran una manifestación del profundo resentimiento del pueblo tibetano hacia su actual gobierno".
El 28 de marzo, escribió en un largo comunicado dirigido a las "hermanas y hermanos chinos" que "no tengo ningún deseo de buscar la independencia del Tíbet. Tampoco tengo interés en separar a los tibetanos y los chinos".
No obstante, las últimas décadas han visto cómo la camarilla del Dalai Lama, una figura que ha generado muchos problemas, ha incumplido sus palabras de manera continuada.
Primero, es necesario examinar lo que el grupo del Dalai ha afirmado y lo que ha hecho en realidad desde la década de 1950.
En mayo de 1951, representantes del gobierno central y del gobierno local del Tíbet firmaron un acuerdo sobre la liberación pacífica de la región, conocido como los 17 Pactos.
El 24 de octubre del mismo año, el Dalai Lama telegrafió al Presidente Mao Zedong y afirmó que el acuerdo había recibido un apoyo unánime del gobierno local del Tíbet y de la población de la región, incluyendo a los monjes y los civiles.
Además, el Dalai afirmó que, bajo el liderazgo del Presidente Mao y el gobierno central, el gobierno local y la población del Tíbet ayudarían de manera activa al Ejército de Liberación Popular en el Tíbet a consolidar la defensa nacional y eliminar las fuerzas imperialistas de la región para proteger la unidad de la madre patria en su territorio y soberanía.
En marzo de 1955, el Dalai Lama asistió a la primera sesión de la Asamblea Popular Nacional (APN, máximo órgano legislativo de China) en Beijing y fue elegido vicepresidente del Comité Permanente de la APN.
Antes de dejar Beijing, presentó al Presidente Mao un dharma dorado y una fotografía enmarcada de Mao. La parte inferior del marco presentaba un grabado en idioma chino y tibetano con las siguientes palabras: "Querido presidente Mao, te seguiremos para siempre en la construcción de un nuevo Tíbet y de una gran madre patria".
El 1 de octubre de 1958, el Dalai Lama publicó un artículo en el Diario del Pueblo en el que afirmaba que "los tibetanos son uno de los grupos étnicos con una larga historia en el territorio chino. Desde que regresó a la gran familia de la patria, el pueblo tibetano, junto a otros hermanos étnicos, han disfrutado de plenos derechos de libertad e igualdad".
Sin embargo, unos pocos meses después, el Dalai Lama y sus seguidores hicieron pedazos el acuerdo sobre la liberación pacífica del Tíbet y apoyaron la rebelión armada de las fuerzas secesionistas. Huyeron entonces al extranjero para formar "el gobierno tibetano en el exilio".
El Dalai Lama ha tratado de construir una imagen acerca de que está deseando conversar con el gobierno chino pero ha sido rechazado por este último. Por ello, resulta necesario repasar los últimos acontecimientos históricos relacionados con esta situación.
En marzo de 1979, el mandatario chino Deng Xiaoping se reunió en persona con un enviado del Dalai Lama. Deng le dijo: "Tíbet es parte de China. Este el principio básico y el criterio para juzgar si el comportamiento es correcto o no".
En los siguientes años, el gobierno chino recibió un elevado número de delegacioens enviadas por el Dalai Lama, incluyendo a la mayor parte de sus familiares que huyeron al extranjero, de acuerdo con una fuente gubernamental.
Estas personas difundieron las palabras de la "independencia del Tíbet" durante sus viajes a la región, realizados bajo el argumento de viajar y visitar a diversas personas allí.
En la década de 1980, el Dalai Lama propuso su nuevo enfoque sobre el Tíbet, consistente en exigir una mayor autonomía para el llamado "Gran Tíbet", que cubre un área mucho mayor que la del actual Tíbet.
Los dos argumentos principales de este enfoque fueron "el plan de paz de los cinco puntos" presentado ante el Congreso de Estados Unidos en 1987 y "la nueva propuesta de siete puntos" presentada ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo en 1988, y no se apartaron de la "independencia del Tíbet" y todvía defendían que el Tíbet era "un país independiente" en la historia.
Mientras no malgastaba esfuerzos para engañar a la comunidad internacional, él y sus seguidores organizaron disturbios en Lhasa en 1989, uniéndose a fuerzas extranjeras.
A principios de 1989, cuando el X Panchen Lama, otro buda viviente del Tíbet, murió, entonces el presidente de la Asociación del Budismo de China, Zhao Puchu, entregó personalmente una carta al enviado privado del Dalai Lama en la que invitaba a éste a volver a China para el funeral.
No obstante, rechazó la invitación y perdió la valiosa oportunidad de mantener conversaciones con el gobierno chino cara a cara, a pesar de haber afirmado con frecuencia que echaba de menos su hogar.
Durante un movimiento antichino a finales de de la década de los años 80 y principios de la deácada de los años 90, el Dalai Lama y sus seguidores cambiaron de inmediato su actitud hacia "las negociaciones con China", a pesar de que éste no tenía ninguna prisa de hablar con el gobierno chino, sobre el que pensaba que podría "derrumbarse" pronto.
En su trato con este tipo de persona, las autoridades chinas han mostrado una gran paciencia.
En la sesión legislativa de este año, el primer ministro chino, Wen Jiabao, reiteró que la puerta del diálogo continúa abierta para el Dalai Lama, siempre que abandone la búsqueda de la " independencia del Tíbet", suspenda sus actividades secesionistas y saboteadoras, y reconozca que el Tíbet y Taiwan son partes inalienables del territorio chino.
Esta semana el Dalai Lama afirmó a los medios estadounidenses: "El gobierno chino quiere que diga que durante muchos siglos el Tíbet ha sido parte de China. Incluso si accedo a hacer esa declaración, mucha gente simplemente se reiría. Y mi afirmación no cambiaría los acontecimientos pasados porque la historia es historia".
Efectivamente, la historia es historia. A juzgar por la del XIV Dalai Lama, éste no actuó como dijo que lo haría. Fue la camarilla del Dalai Lama la que cerró la puerta del diálogo. (Xinhua) 31/03/2008
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