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Los disturbios recientes en la Región Autónoma del Tíbet de China fueron tramados desde el extranjero y todo este tipo de espectáculos políticos nunca tuvo algún resultado positivo, dijeron expertos rusos.
El Tíbet ha sido parte del territorio de China desde el Siglo XIII, dijeron en un artículo Aleksandr Salitzky, un investigador de economía y relaciones internacionales de la Academia Rusa de Ciencias, y Vladimir Fisyukov, un comentarista de la estación de radio Voz de Rusia.
En el Siglo XIII, bajo la Dinastía Yuan (1279-1368), el emperador Kublai Khan (1215-1294) unió al Tíbet y a China. "Desde entonces, los emperadores chinos rigieron sobre el territorio, al principio nombrando a los Dalai Lamas, los líderes clericales supremos de los budistas tibetanos", dice el artículo titulado "Tíbet Chino y Desempeño Político Europeo".
En 1907, Rusia y Gran Bretaña firmaron un tratado con el cual alcanzaron el acuerdo de respetar la integridad territorial del Tíbet y sostener cooperación con Lhasa sólo a través de la mediación de Beijing, dice el artículo publicado en el sitio de internet Fundación Cultural Estratégica.
La Constitución de 1947 de la República de China describió a algunos miembros del gobierno tibetano y estableció la ubicación del Tíbet dentro de China como una autonomía, dice el artículo.
Después del establecimiento de la República Popular China en octubre de 1949, las autoridades chinas enviaron tropas al Tíbet para liberar a la región del régimen del Kuomintang (KMT), dice el artículo, el cual agrega que el "Acuerdo sobre la Liberación Pacífica del Tíbet" fue firmado el 23 de mayo de 1951, el cual otorgó al territorio tibetano autonomía regional.
El artículo dice que en el mundo moderno, la independencia de un estado no sólo es una cuestión política, sino también técnica.
"Ejercer el control sobre territorios enormes pero escasamente poblados, protegerlos, desarrollar infraestructura, el sistema de educación y atención médica son tareas muy difíciles incluso para las autoridades regionales actuales, por no mencionar a la oscura teocracia budista de 1940 a 1950", dice el artículo.
Actualmente, la población del Tíbet disfruta de más libertades que nunca: pueden cultivar su tierra o criar ganado. Los estudiantes pueden volverse monjes o ingresar a universidades. También se proporcionan oportunidades de empleo suficientes en sectores como transporte público, agencias de turismo o servicios ecológicos.
Ya no hay siervos en el Tíbet, dice el artículo, y los monasterios budistas han perdido interés en robar a la gente porque obtienen dinero suficiente de los turistas, del desarrollo de artesanías tradicionales y disfrutan de subsidios de las autoridades regional y central, dice el artículo.
Algunos occidentales trataron de volverse "más papistas que el Papa" y vincularon la política con los Juegos Olímpicos de Beijing. Lamentablemente, el presidente del Parlamento Europeo, Hans-Gert Pottering, comparte con algunas estrellas de Hollywood la opinión de boicotear los juegos.
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, incluso llegó al cinismo cuando comentó la situación en el Tíbet. De hecho, antes de pronunciar su discurso, pudo haber recordado los resultados de la invasión estadounidense en Irak en 2003 y el número de víctimas entre los civiles iraquíes.
"Es claro que los disturbios recientes en el Tíbet estuvieron dirigidos desde el extranjero", dice el artículo.
Tampoco fue casual que el presidente estadounidense, George W. Bush, sostuviera conversaciones con el Dalai Lama durante el XVII Congreso Nacional del Partido Comunista de China, ni que los disturbios de marzo fueran organizados exactamente durante la primera sesión de la XI Asamblea Popular Nacional.
Los espectáculos políticos nunca generan resultados positivos y sólo causan desconcierto entre quienes al menos tienen una idea vaga del estado real de la situación, concluye el artículo. (Xinhua) 11/04/2008
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