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La policía china se limitó a hacer su trabajo para mantener el orden y la paz en Lhasa, afirmó a Xinhua Jim Kreston, de 60 años de edad, quien acaba de regresar de un viaje de tres semanas a China y presenció las revueltas de Lhasa el mes pasado.
"No puedo utilizar el término 'represión' para explicar la dispersión de los disturbios en Lhasa por parte del gobierno chino ", relató Kreston, ingeniero residente en Wisconsin.
"He visto lo que China ha logrado y todavía me cuesta creer lo que ví. Lo que vuestro país ha conseguido en los últimos diez años es difícil de creer, incluso después de verlo", afirmó.
La familia de Kreston llegó a Lhasa el 14 de marzo, el día en el que comenzaron las revueltas, después de pasar por otras ciudades y lugares turísticos, como Beijing, Xi'an, Chengdu, Wuhan y la Presa de las Tres Gargantas.
"Debíamos hospedarnos en el Dhood Gu Hotel, pero dado que estaba en el centro de las revueltas del Tíbet, fuimos trasladados al Xin Ding Hotel. Disfrutamos de una estupenda vista sobre el Palacio de Potala, pero vimos columnas de humo saliendo de la zona de los disturbios", explicó.
"No se nos prohibió abandonar el hotel, aunque nuestra guía nos comentó que apreciaría que no saliéramos. Los establecimientos y talleres de repuesto estaban abiertos y había un gran número de viandantes en torno al hotel, entre ellos muchos monjes", recordó Kreston.
"La mayoría de nosotros subió al tejado del hotel para tener una perspectiva mejor de la situación. Nadie nos evitó que subiéramos. Todo parecía en calma, me pregunto por qué algunos medios de comunicación divulgaron que toda la ciudad estaba en un estado de inestabilidad", agregó.
Kreston utilizó el hecho como un ejemplo para expresar su malestar y desilusión respecto a la injusta cobertura de los medios estadounidenses.
"En muchos periódicos estadounidenses aparecían soldados golpeando a algunos manifestantes con palos. Dijeron que eran soldados chinos, pero yo vi a los soldados y sé cómo iban vestidos. En realidad se trataba de soldados nepalíes", anotó.
"No vimos al ejército ni a nadie armado. Incluso en los puestos de control, los guardias no llevaban armas", añadió.
En relación a las interrupciones causadas por separatistas tibetanos durante el relevo de la antorcha olímpica, Kreston apuntó que la llama no tiene nada que ver con la cuestión del Tíbet, y añadió que sería desolador que el presidente George W. Bush no asistiera a la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing. (Xinhua) 16/04/2008
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