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China inició el lunes un duelo nacional de tres días, a una semana del terremoto de 8 grados que sacudió la suroccidental provincia de Sichuan, con el fin de expresar su pesar por los fallecidos en esta tragedia.
La bandera nacional de China fue bajada a media asta en la plaza Tian'anmen, en el centro de Beijing, y las actividades de diversión fueron suspendidas, mientras los ciudadanos guardaban tres minutos de silencio, al mismo tiempo que se hicieron sonar las sirenas de ataque aéreo y las bocinas de automóviles, trenes y barcos en señal de luto.
El relevo de la antorcha que trae el fuego sagrado para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 también fue suspendido durante tres días, del lunes al miércoles.
Esta es la primera vez que el país asiático realiza un duelo nacional por las víctimas en desastres naturales, desde la fundación de la nueva China en 1949.
A lo largo de la historia china, el luto nacional se reservaba para los emperadores y los máximos líderes del país. El más reciente se llevó a cabo con motivo del fallecimiento del ex líder Deng Xiaoping, en 1997.
El duelo nacional quizá sea la frase más apropiada para describir el sentimiento del pueblo chino en esta última semana, cuando millones de ciudadanos lloraban por la muerte de más de 32. 000 personas a causa de la tragedia, donaban dinero, sangre y materiales humanitarios, o rezaban para rescatar con vida a más sobrevivientes.
La decisión oficial del duelo nacional fue ampliamente celebrada por la sociedad. Al principio, fue una propuesta de un catedrático de la prestigiosa Universidad de Fudan, llamado Ge Jianxiong, que aconsejó que todo el país rindiera homenaje a los fallicidos.
La propuesta de Ge fue publicada en el diario "Southern Metropolitan News" el pasado 16, y ese mismo día, el gobierno peruano dictó una ordenanza de máxima categoría en la que declaró el 19 de mayo como un día de luto nacional por las víctimas del terremoto en China.
Pero el duelo nacional de China es más que una adopción de una práctica internacional, pues muestra el humanismo y el respeto a la vida de una sociedad cada vez más abierta.
A pesar de llorar a los fallecidos, el país asiático no ha cesado sus intentos para rescatar a más víctimas.
El presidente chino Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao reiteraron en varias ocasiones que China hará todo lo posible para salvar vidas, si bien existe una mínima esperanza para encontrar con vida a las víctimas que aún se encuentren bajo los escombros.
Un soldado del Ejército Popular de Liberación de China, que había resultado herido y corría el riesgo de perder la propia vida al hacer tareas de socorro en medio de varias réplicas tras el sismo, suplicó: "Por favor, déjenme quedar, puedo salvar al menos una vida más".
Un voluntario se comprometió a no irse si aún existía una señal de vida bajo los escombros.
Por el respeto a la vida, los chinos han logrado milagros, ya que ayer domingo lograron encontrar con vida a más personas, más de 146 horas tras el terremoto. El pueblo chino, profundamente consternado por el creciente número de víctimas mortales, no ha escatimado esfuerzos para salvar la vida de las personas.
El reciente sismo hace recordar la tragedia de 1976, cuando otro terremto de 7,8 grados en la escala Ritcher asoló completamente la ciudad de Tangshan (al norte del país), y cobró la vida de 242.000 personas. La cifra dejó de ser confidencial tres años más tarde.
Las memorias del tiempo pasado todavía siguen frescas, cuando los chinos bajan la cabeza al expresar su pesar y rendir homenaje a los fallecidos.
Según la antigua creencia china, el alma de una persona muerta permanece en el mundo terreno hasta el séptimo día posterior a su muerte, en que el alma retorna a casa por última vez antes de viajar al más allá.
El deseo del pueblo chino es que aquellos que fallecieron en el terremoto, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, no vuelvan a sentir dolores nunca más y descansen en paz. (Xinhua) 20/05/2008
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