Como una mano verde al comando de una economía orientada hacia el mercado, al iniciar la reforma a finales de los años 70, los líderes chinos se recordaron a sí mismos la necesidad de "vadear el río buscando las piedras con los pies". Ahora, tres décadas después de haberse adentrado en las inciertas aguas, han arribado a un "megalito científico", el cual esperan usar como plataforma teorética para afinar el desbocado crecimiento del país.
La doctrina de la "concepción científica del desarrollo" del líder chino Hu Jintao fue incorporada hoy domingo en los Estatutos del Partido Comunista de China (PCCh) como una estrella polar estratégica, la que predeciblemente creará una duradera moda política en la cual funcionarios y periodistas no dudarán en utilizar esa expresión cuandoquiera que lo consideren necesario.
De ninguna forma es exagerado consagrar la concepción científica del desarrollo en un momento en el que China debe enfrentar y superar el dilema de las crecientes preocupaciones ambientales y sociales versus su rápido crecimiento económico.
Tres décadas contínuas de desarrollo no sólo han creado un milagro económico en China, sino que también han llevado a un caos ambiental como resultado de su elevadísimo consumo de energía y la polución incontrolada, acompañados de una gran brecha en la distribución de la riqueza. Los críticos advierten de que, de no ser manejados correctamente, estos problemas podrán menoscabar la armonía social y, de esta forma, amenazar el liderazgo del PCCh.
El cambio de estrategia desde un modelo orientado hacia y por el Producto Interno Bruto (PIB) hacia la propuesta de la concepción científica, la que subraya un desarrollo balanceado y sostenible, también tiene lugar en respuesta a la siempre creciente presión de la comunidad internacional, la que, aparte de competir ferozmente con China, espera que ésta, como un poder en ascenso, tome su debida porción de responsabilidad, ayudando a combatir el calentamiento global y controlando su ya famoso superávit comercial.
Sería de esperar que la concepción científica del desarrollo constituyera una "fórmula mágica" para solucionar estos espinosos asuntos. Sin embargo, así como Roma no se construyó en un solo día, el nuevo concepto de desarrollo está lejos de ser algo que pueda ser cultivado sólo a través de las palabras.
Más que recibir una apasionada admiración verbal, esta doctrina deberá ser cumplida con acciones concretas de los miembros y funcionarios del Partido: ellos deben seguir el principio tanto en política como a la hora de tomar decisiones en una fiel reverencia a los Estatutos del Partido, su guía más autoritativa, en vez de repetir su nombre como una simple y vacía forma de profesar obediencia ante los líderes.
Aunque en los últimos años el liderazgo central ha advertido frecuentemente sobre la necesidad de desarrollar la economía local de una forma equilibrada y sostenible, la respuesta a esta petición apenas si ha sido visible entre los funcionarios locales, los cuales habitualmente se han preocupado más por los asuntos económicos ignorando al mismo tiempo las consideraciones ambientales y sociales, como resultado de décadas de estar embarcados en una loca carrera por lograr un crecimiento del PIB cada vez más alto y rápido.
Ciertamente la solución al dilema no puede depender simplemente de un cambio de mentalidad. Para motivar a los funcionarios, el país requiere de un nuevo mecanismo de evaluación de la gobernación que ya no consagre el crecimiento del PIB local a expensas de todo lo demás, y también de un marco legal con más " dientes".
Al liderazgo chino le tomó cerca de 30 años, en tres generaciones, para, avanzando a tientas por el camino de la reforma, llegar a la concepción científica del desarrollo.
Presumiblemente, para el Partido será igual de sacrificante y demorado hacer un lavado de cerebro a todos sus 73 millones de miembros con la nueva concepción.
Sin embargo, no parece haber razón para estar excesivamente preocupados, pues la resolución del Partido para reencauzarse por la ruta del concepto científico del desarrollo ha demostrado que éste ha aprendido cómo gobernar el país bajo una complicada situación nacional e internacional.
Ahora que los miembros del partido político más grande del mundo se han embarcado, no sólo verbal sino literalmente por la ruta científica, el siguiente paso para ellos deberá ser el de poner en práctica un accionar que esté a la par de su elocuencia política.(Xinhua)
22/10/2007