Actualizado a las 2008:04:07.14:07

Tema especial: La del viejo Tibet fue una historia de crimenes sangrientos

“Para rezar con motivo de celebrar el cumpleaños de Dalai Lama, todos los miembros de la cámara baja del gabinete deben dar lectura a la sutra. Con el fin de cumplir esta ceremonia, se ordena ofrecer de inmediato los siguientes sacrificios humanos: un intestino fresco, dos cráneos, sangre fresca, y una piel corporal completa”.

Esta es la carta que huele a sangre, enviada a principios de la década 1950 por un departamento del ex gobierno local del Tibet a un jefe inferior. La misiva está bien conservada en el Archivo del la Región Autónoma del Tibet.

Solang Wangdui, que ha realizado estudios sobre los archivos tibetanos en el mencionado organismo durante más de 30 años, dijo que los numerosos registros históricos conservados en el archivo han mostrado que antes de la liberación pacífica del Tibet, la práctica de usar órganos humanos para el sacrficio religioso era frecuente. Antes de la Reforma Democrática del Tibet en 1959, los siervos eran propiedad de los señores feudales, quienes gozaban del derecho de alquiler, conceder, apostar, hipotecar, obsequiar o vender sus siervos.

Antes de la liberación pacífica del Tibet en 1950, bajo las alas del gobierno de Dalai Lama los señores feudales gozaban del privilegio de aumentar el gravamen arbitrariamente e incluso apoderarse de la tierra de sus siervos a su antojo. En el Archivo del Tibet, hay un sinnúmero de registros de aquel entonces sobre las demandas presentadas por los siervos en defensa de sus intereses personales, que fueron rechazadas por el gobierno de Dalai Lama. Se veían por doquier de la zona siervos sin hogar ni subsistencia, quienes frecuentemente eran usados por sus dueños para el pago de deudas.

Según uno de los registros del archivo, los agentes del feudo Sengong y del Luduo firmaron un acuerdo según el cual, los señores de ambos feudos cambian una sierva con sus tres hijas por el mismo número de siervos, y las primeras serían sancionadas en caso de retractarse por el caso.

Un archivo fechado el año 1914 registra que un funcionario llamado Tsikamba obsequió su sierva y sus tres hijas al señor de la nobleza Ramba para pagar la deuda. Si las siervas se retractaban, serían castigadas.

Según los registros históricos, el viejo Tibet bajo la dominación del régimen de servidumbre, los funcionarios, nobles y dueños de los monasterios del Tibet, que ocupaban apenas el 5 % de la población local, contaban con casi todas las tierras, praderas, bosques y ganados de la región. Los archivos demuestran que 900.000 del millón de la población local no tenían sus propias viviendas en 1950, en que de los 20.000 habitantes urbanos de Lhasa, más de 1.000 eran mentigos e indigentes.

En el Tibet de hace más de 50 años, los siervos tibetanos vivían bajo la dominación de servidumbre más salvaje y cruel del mundo, dijo Sonantza, director de la sección de la historia adscrita al Archivo del Tibet. Los señores feudales castigaban a sus siervos arrancándoles los ojos, amputándoles las manos o pies e incluso desollándoles la piel. Los siervos calificaban las despiadas explotaciones de servicio obligatorio, gravamen e interés de deuda como tres cuchillos colgantes sobre ellos, y afirmaban que solo les tocaban huir, ser esclavos o mentigar.

Los archivos son pruebas fehacientes de la crueldad del régimen de servidumbre en el viejo Tibet y su situación de los derechos humanos de aquel entonces, afirmó Sonantza.

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