Actualizado a las 2009:11:20.11:03

Día Universal del Niño: Ecuador no quiere tener mas niños en las cárceles

No más niños en las cárceles ecuatorianas. No más santos inocentes entre rejas. No más reclusos con pañales, es el lema con el cual el gobierno de Ecuador impulsa el programa "Niños Libres".

La propuesta para vaciar las cárceles de niños y librarlos de este encierro injusto llegó a la máxima instancia del Gobierno ecuatoriano: el vicepresidente Lenín Moreno, quien está decidido a sacar de los reclusorios a todos los niños que cumplen condenas injustas junto a sus madres encarceladas.

Por ello, impulsa, desde el 2007, el programa "Ecuador sin niños en las cárceles", para fortalecer el sistema de rehabilitación social.

Lenín Moreno explica que el proyecto tiene como fin garantizar la atención integral de los menores de edad, hijos de padres y madres privados de su libertad, y anunció que su país erradicaría definitivamente esa aberrante costumbre de tener niños viviendo con sus progenitores en las cárceles.

El programa, que lleva dos años en vigencia, logró rescatar de las penitenciarias a 818 niños mayores de 3 años, quienes fueron reubicados en ambientes acogedores y seguros, en donde se prioriza la atención familiar.

Adicionalmente, Moreno entregó a la administración del Centro de Rehabilitación Femenino de Quito una moderna Unidad de Desarrollo Infantil, que acoge a niños y niñas menores de tres años, que por su tierna edad no pueden ser separados de sus madres, porque requieren estar rodeados de un ambiente que garantice su sano desarrollo.

Moreno pidió a las personas detenidas que no pierdan la alegría y dijo que no descansará hasta que las cárceles estén libres de niños.

Este programa cuenta con un financiamiento de 1,6 millones de dólares, para la reinserción de los menores en las casas de sus familias directas, con familias sustitutas o en casas-hogares.

La mayoría de niños no ha visto nunca un perro, una paloma, una calle, un coche, una tienda, una barba, un viejo... Están sanos y gorditos. Tienen mejor alimentación, casa, calefacción y ropa que en su casa. Ellos no notan la cárcel. Sus madres, sí.

En el reclusorio de Mujeres en Quito hay todavía 27 niños menores de tres años viviendo en prisión. La mayoría ha nacido dentro de ellas. Y, en muchos casos, apenas han salido fuera de su recinto.

Las cárceles ecuatorianas están diseñadas para presos, no para niños. Cemento, rejas, sistemas patentes de vigilancia y aún espacios íntimos.

Los niños no ven trabajar a sus madres en tareas cotidianas. "Las reas están en un búnker blindado, donde pueden ver sin ser vistas, con grandes dificultades físicas para comunicarse con las "carceleras", asegura Madeleine Chauvet, presidenta de la fundación Atico, una voluntaria que trabaja desde hace 21 años con la población reclusa.

El psicólogo del centro de desarrollo infantil, Fernando Alvarez, afirma que la cárcel aplasta a los más pequeños, y asegura que la vida de estos niños está ordenada de acuerdo con una "rígida disciplina" a causa de las limitaciones horarias y del lógico control sobre sus madres.

Otro de los problemas de estos niños es la ausencia de una referencia masculina en su entorno, ocupado casi en su totalidad por mujeres.

"Las relaciones con el padre se limitan, en el mejor de los casos, a visitas esporádicas. Los únicos hombres que ven son el médico y el cura. Lo mismo puede decirse del resto de la familia. Sólo son figuras de las que se tienen referencias verbales y alguna relación puntual", asegura Alvarez.

Sostiene que, independientemente de las actitudes de la madre y de las personas encargadas de su educación, el entorno de la prisión limita las posibilidades de desarrollo de los niños.

"El ambiente es monótono desde el punto de vista sensorial: el color, los objetos, los sonidos, los olores, cubren una gama muy reducida. No hay plantas, ni animales", denuncia.

"Aunque los menores de edad vivan junto a sus madres y ellas se esmeren en trabajar para atender sus necesidades no es suficiente para su desarrollo intelectual", añade.

El experto indica que es necesario que la sociedad sepa que el hijo de una presa tiene los mismos derechos que el de una mujer que libre, dijo Alvarez.

El funcionario cree que el proyecto "Niños Libres" que impulsa el gobierno es positivo porque permite que los niños no sufran ni tengan la vivencia con las madres reclusas por la conflictividad que ellas llevan dentro del reclusorio.

Madeleine Chauvet, directora del centro infantil, va un poco más lejos y asegura que "los niños tienen tres carencias fundamentales: juegos, besos y datos. Sus madres no tienen ganas de jugar. Y ellos lo saben.

Calificó de "interesante" el programa "Ecuador sin niños en las cárceles", que impulsa el vicepresidente Lenin Moreno, porque las madres-reclusas no siempre tienen los recursos para ubicar de mejor manera a sus hijos ni familiares que puedan responsabilizarse del mejor cuidado de los infantes.

Según Chauvet, los niños con problemas de desnutrición tienen la oportunidad de ir a "hogares de acogida".

Puntualizó que el programa gubernamental debería complementarse con una ayuda a la madre cuando salga en libertad, "porque es una mujer que sale desorientada y a la desocupación".

Por su parte, el director de la Penitenciaría de mujeres de Quito, Washington Yaranga, es consciente de la necesidad de socializar a estos niños al mismo nivel de los que están fuera.

"Nuestra prioridad es conseguir que los pequeños puedan salir de los centros para asistir a escuelas públicas como antesala a su escolarización", sostiene.

Yaranga dijo que para vaciar de niños las cárceles es necesaria la creación de centros infantiles adjuntos donde sus madres puedan cumplir su condena.

"Es deprimente ver como los niños que viven en las cárceles junto a sus madres pagan condenas ajenas, a veces crueles", añade Yaranga.

Afirmó que el proyecto "Niños libres" pretende que los infantes crezcan en un ambiente sano y familiar.

Sostiene que desde el año pasado unos 400 niños han sido reubicados en "hogares sustitutos", aunque en la cárcel de mujeres de Quito todavía quedan 27 menores.

Según Yaranga, la atención a los hijos de las presas es un mandato constitucional, y por esa razón se creó un Centro de Desarrollo Infantil, CDI.

Dijo que curiosamente la permanencia de los niños en el CDI ha reducido los índices de violencia entre las internas.

"Anteriormente, con el hacinamiento que existía en la cárcel, la presencia de niños generaba violencia porque se peleaban y sus madres por defenderlos también se enfrascaban en grescas violentas", comentó.

Unas 400 madres cumplen condena en el Centro de Rehabilitación Femenino de Quito, condenas por delitos, en su mayoría, por tráfico de drogas, robo agravado y hasta asesinato.

Jenny Perlaza, "madre sustituta", de la Fundación Atico que atiende en el reclusorio de mujeres de Quito, dice que el proyecto "Niños libres" busca que los menores, cualquiera que sea la condición legal de sus padres, crezcan en un ambiente sano y familiar.

Según Perlaza, unos 400 niños ya han sido reubicados en hogares "acogientes".

Este plan otorga una beca de 100 dólares mensuales para la educación, salud y alimentación de los pequeños. Pero la beca no se entrega en dinero en efectivo, sino en alimentos, útiles escolares, utensilios de aseo, frazadas que garanticen el calor a los niños.

"Lo que pretendemos mostrar a los niños es un mundo diferente, lleno de valores, de cariño, de amor y, sobre todo, libre de delincuencia porque es a lo que han estado acostumbrados junto a sus madres presas", señaló Perlaza.

En el Centro de Desarrollo Infantil (CDI), los niños reciben techo, comida, atención médica y psicológica, buen trato y lo más básico: amor, reseña esta "madre sustituta".

Perlaza afirma que muchas madres reclusas, tal vez por el sentido de pertenencia, por resentimiento, o porque simplemente no quieren, son renuentes a enviarlos a la guardería y no entienden que sus hijos -de hecho- están mejor cuidados con ellas, que junto a sus madres en las celdas de cuatro metros cuadrados, que comparten con otras reclusas.

Para Perlaza, la agresividad que se manifiesta en los niños se debe al entorno en el que se desarrollan junto a sus madres biológicas.

Comenta que los niños son muy agresivos y se insultan mucho "pero al mismo tiempo están ansiosos de que alguien les brinde cariño".

Alrededor de 400 internas ocupan tres áreas: el pabellón antiguo, el intermedio y el nuevo.

En el pabellón nuevo, la infraestructura está en buen estado, el orden y la limpieza dan la impresión de que se tratara de un internado de monjas.

En el pabellón intermedio el ambiente empieza a cambiar: en una habitación de cuatro por cuatro metros cuadrados caben a la fuerza una litera, una mesita, maletas, ropa, una cocina, un sillón y mil cosas más que cuelgan del techo.

La "tía Jenny", relata que cuando las madres obtienen su ansiada libertad tras cumplir sus condenas abandonan la cárcel junto a sus hijos, pero es triste ver como al poco tiempo regresan cargando a su hijos menores a cumplir una nueva condena por cometer un nuevo delito.

El CDI atiende a niños únicamente hasta los tres años de edad, a partir de esa edad, las voluntarias se encargan de ubicarlos con sus familiares mas cercanos, en caso de que la condena de la madre sea de más de cuatro años.

Amparo Chocero, una ciudadana española, interna del Centro de Rehabilitación Social de Mujeres de Quito, dijo que está feliz porque a su niña de seis meses de edad le brindan una buena atención en la guardería adjunta a la cárcel.

"Yo estoy muy agradecida por la ayuda que me han dado en la cárcel, porque gracias a Dios cuando mi hija vino al mundo la pude entregar a la guardería; es una niña sana", dijo

"Mi pena no tienen por qué pagarlas mis hijos", afirmó por su parte Magdalena, otra interna de la Cárcel de Mujeres de Quito, al señalar que está agradecida de que a sus dos hijos (Mateo y Magdalena) los cuiden en el centro infantil.

A ella le gusta que sus hijos se mantengan activos. A media mañana salen al patio para jugar en los columpios o retozar en el césped junto a sus compañeros.

"No puedo separarme de mis hijos. Ellos me hacen compañía y no tienen a nadie más. Mi esposo tambien está en la cárcel y yo no lo he vuelto a ver", dijo Magdalena.(Xinhua)
20/11/2009

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