Actualizado a las 2009:11:11.08:29

No hay mejor regalo que la educación, dice niño keniano pobre

Son las 6:30 de la mañana del lunes. Con los libros en su mochila, James Mwangi de 13 años de edad se dirige a la escuela y dice que el mejor regalo que le gustaría recibir es la educación.

El niño, que pasa por casas cubiertas de lodo en un ambiente mal ventilado, parece ir en una carrera contra el tiempo porque avanza muy rápidamente, aunque tiene tiempo de sobra para llegar a la escuela, el colegio Mcedo-Beijing en el barrio pobre de Mathare de la capital de Kenia, Nairobi.

Establecida en 2001 y financiada por el gobierno chino, la escuela primaria Mcedo-Beijing era inicialmente una escuela comunitaria. Los alumnos de la escuela son hijos de un solo padre y de familias pobres. La mayoría ha superado sus dificultades y obtenido resultados excelentes en los exámenes nacionales.

Después de ingresar al complejo de la escuela, Mwangi, un alumno de sexto grado, se dirige a su clase para concluir un trabajo escolar antes de la hora normal de clases, a las 8:00 horas. El chico no se distrae por la llegada de sus compañeros que entraron en el salón de clases para tomar de inmediato los libros.

En esta escuela, es una práctica normal que los alumnos se preparen para la lección antes de que lleguen los maestros.

Mientras el maestro explica a los alumnos el contenido de la lección, Mwangi observa muy atento y parece estar siguiendo todos y cada uno de los detalles.

Estudiar es un sueño difícilmente alcanzado por la mayoría de los niños kenianos que viven en barrios pobres.

Mwangi, quien tiene seis hermanos, dijo que su madre es el sustento de su familia. Durante el día, ella acude a la urbanización Eastleigh para ver si puede obtener unas cuantas monedas a cambio de realizar trabajos manuales.

La madre obtiene el sustento lavando ropa para la comunidad somalí y el ingreso diario depende de si es lo suficientemente afortunada de que alguien requiera sus servicios. Algunos días no lleva nada a casa y algunos otros puede conseguir 200 chelines kenianos (cerca de 3 dólares USA), que apenas son suficientes para comprar a sus hijos una comida completa para todo el día.

Antes de ingresar a la escuela primaria Mcedo-Beijing, Mwangi se quedaba en casa con sus hermanos, recogiendo basura o desechos reciclables.

Mwangi dice que tiene la responsabilidad de estudiar arduamente para garantizar que su familia pueda salir de la pobreza.

En la escuela Mcedo-Beijing la mayoría de los estudiantes comparte una historia similar a la de Mwangi. Ellos tuvieron que hacer grandes esfuerzos para aprobar el examen nacional y tener la oportunidad de acudir a la escuela secundaria.

La escuela ofrece a la mayoría de estos niños la esperanza del futuro al proporcionarles una oportunidad de adquirir conocimiento.

Mary Wangeci, una madre de la escuela, dijo que ésta fue un alivio para ella porque le ayudó a salvar a sus cuatro hijas adolescentes de la vida en las calles.

Mientra que Mwangi argumentó que con la educación puede hacer realidad su sueño de sacar a su familia del barrio pobre donde ahora vive. (Xinhua)
11/11/2009



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