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La igualdad de oportunidades para la educación encarna el derecho social más básico e importante, dijo el primer ministro chino, Wen Jiabao, el pasado fin de semana. El alto funcionario hizo hincapié en que China intentará equilibrar el desarrollo de la educación obligatoria en un plazo de 10 años.
Eso significa que se deberán desplazar más recursos educativos a las zonas rurales subdesarrolladas, no sólo para garantizar que los niños allí puedan contar con una educación de nueve años – de la primaria a la secundaria – sin importar su situación económica, sino que, sobre todo, se les asegure una educación excepcional.
Ya en los años 20 del siglo XX, algunos educadores comprendieron que el subdesarrollo de las zonas rurales y la ignorancia de los aldeanos tenían mucho que ver con la falta de educación. China construyó escuelas rurales para enseñar al campesinado sobre temas y métodos básicos relativos a cómo manejar sus propios asuntos y ayudarse a sí mismos.
A pesar de los esfuerzos de las últimas décadas por popularizar la educación obligatoria en toda la nación, sigue siendo frecuente que los niños de las familias pobres abandonen sus centros educacionales antes de acabar los nueve años de enseñanza, porque sus familias no pueden darse el lujo de cubrir los gastos. Tampoco es raro encontrar a profesores sin título y sin nómina oficial trabajando en las zonas rurales subdesarrolladas, debido a que los graduados universitarios no quieren ir a enseñar a dichas zonas.
En un condado montañoso y subdesarrollado del municipio de Chongqing, en el sureste de China, casi 30.000 estudiantes dejan de almorzar cada día debido a los altos costos de la alimentación. Viven lejos de las escuelas y no pueden permitirse regresar a casa para el almuerzo. Sin la oportunidad de obtener suficientes conocimientos y de recibir una educación superior, los niños de estas áreas rurales atrasadas tienen muy pocas posibilidades de mejorar sus vidas. Y de la misma manera, el subdesarrollo generalizado de la educación en un área se convierte en un escollo para el desarrollo económico de la misma. Entonces se genera el círculo vicioso de la insuficiencia de ingresos, como resultado de la carencia de una educación apropiada, que apenas si permite sentar las bases del progreso económico.
A pesar del acelerado ritmo de desarrollo económico del país en las últimas décadas, la inversión del Gobierno en la educación ha estado por debajo de la media mundial, donde dicho rubro acapara 5 por ciento del producto interno bruto (PIB). La cifra quedó levemente por debajo del 3,5 por ciento del PIB el año pasado. En las áreas subdesarrolladas, los ingresos deben haber sido aún menores.
Por consiguiente, Wen está en lo cierto cuando afirma que es necesario enviar recursos educativos a las regiones subdesarrolladas.
Necesitamos un paquete de normativas que permitan aumentar el nivel de la educación en las áreas atrasadas. No es ni remotamente satisfactorio garantizar la educación obligatoria y gratuita allí.
Deben establecerse además políticas preferenciales que alienten a los graduados universitarios a enseñar en esas áreas, donde deben recibir sueldos mucho más altos que los de sus contrapartes en regiones desarrolladas. También se les deben entregar subsidios para que establezcan hogares en esas zonas.
Además, se debe invertir más dinero en mejorar el ambiente de enseñanza, incluidos los edificios e instalaciones docentes. Las condiciones de enseñanza deberían ser mucho mejores de los que son ahora en algunas áreas si los gobiernos locales hubieran prestado suficiente atención a la educación. Los lujosos edificios del Gobierno muestran un agudo contraste con las lamentables chozas que acogen las aulas de algunas regiones subdesarrolladas.
En resumen, si todos los niveles del Gobierno se preocupan sinceramente por la educación, dejará de ser un problema la meta de conseguir una educación obligatoria equilibrada en el plazo de una década. (Pueblo en Línea)
10/02/2010
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