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La inexorable lógica del consumo colaborativo

Pueblo en Línea  2015:10:12.14:52

La inexorable lógica del consumo colaborativo

Un hombre utiliza una aplicación para solicitar taxis en la ciudad de Guangzhou, provincia de Guangdong.

Por Michael Spence

Pekín, 12/10/2015(Pueblo en Línea) -Amazon y eBay, después de su creación en 1994 y 1995, aprovecharon la conectividad de Internet para crear nuevos mercados mucho más eficientes. En un principio, esto significó nuevas formas de comprar y vender libros y objetos coleccionables; pero ahora el comercio electrónico está en todas partes, ofreciendo a los clientes productos nuevos y de segunda, ​​bienes, servicios y se convierte en una fuerza global en logística y distribución.

Por ahora, la mayoría de la gente ha oído hablar de Airbnb, el servicio de alquiler de apartamentos en línea. La empresa cuenta con sólo 600 empleados, pero administra un millón de propiedades para alquilar, cifra que la hace mucho más grande que las mayores cadenas hoteleras del mundo. Por supuesto, lo que Airbnb ofrece es diferente a lo que los hoteleros ofrecen, pero si Airbnb comienza a ofrecer opciones como servicio de limpieza, alimenticios, etc… podrían asemejarse a un servicio de hotel y volverse una competencia más cercana a lo que se muchos podrían imaginar.

Internet permite nuevos y creativos modelos de negocios que aumentan, no sólo la eficiencia de un mercado, sino también la utilización de nuestros diversos activos. Se llevan a cabo cientos de experimentos. Evidentemente, no todos van a experimentar el asombroso crecimiento de Airbnb y Uber. Algunos, como Rent the Runway para la ropa y accesorios de diseño también pueden encontrar nichos rentables. Otros, sencillamente fallar.

Las plataformas digitales que actúan como la base de todo este comercio electrónico deben cumplir con dos desafíos que están relacionados. La primera es producir bajo un efecto de red, donde los compradores y vendedores se encuentren unos a otros con la frecuencia y rapidez necesaria para hacer el negocio sostenible. En segundo lugar, la plataforma debe crear la confianza en el producto o en el servicio, de ambos lados de la transacción.

La confianza es crucial para el efecto red, de ahí la necesidad de que los sistemas de evaluación de las dos vías, compradores y vendedores, logren afianzar la plataforma correspondiente. Cuando esto se logra, los pequeños jugadores pueden entonces actuar en los grandes mercados, porque, con el tiempo, se convierten en cantidades conocidas. El poder de estas plataformas se deriva de la superación de las asimetrías de información, aumentando drásticamente la densidad de señales al mercado. De hecho, con el fin de alentar el comercio electrónico en los usuarios, los innovadores y los inversionistas siempre están explorando nuevas maneras de combinar las bases de datos de evaluación de plataformas separadas, incluso rivales. Cualesquiera que sean las cuestiones jurídicas y técnicas que deban superarse, estamos en el camino de la consolidación de datos. Ya esto es practicado internamente por gigantes minoristas como Amazon o Alibaba.

Algunos modelos desarrollan el concepto de compartir más orientado hacia la mano de obra y otros activos: por ejemplo, una persona y su coche, ordenador, máquina de coser o la cocina (para preparar comidas a domicilio). Este retroceso a las industrias artesanales que precedieron a la producción moderna es posible hoy en día debido a que el Internet baja los costos de dispersión que una vez que obligaron a la concentración del trabajo en fábricas y oficinas.

Tal vez, inevitablemente, surgen cuestiones legales, como el caso Uber. Los taxis son, hasta cierto punto, protegidos de la competencia, ya que necesitan licencias para operar y también están regulados para lograr la seguridad de los clientes. Sin embargo, Uber invade su mercado con un producto diferenciado, sujeta en gran medida a sus propios reglamentos para vehículos y conductores. En el proceso, amenaza con bajar el valor de las licencias. No es extraño que los taxistas de París y otras ciudades francesas, hasta ahora blindados contra la competencia, protesten con tanta vehemencia (y, en ocasiones, con violencia).

Una pregunta interesante es hasta qué punto el sector financiero va a abrazar la economía del compartir, generando préstamos de igual a igual y alentando el crowdfunding (financiamiento cooperado). Claramente, las cuestiones relacionadas con la responsabilidad y el seguro tendrán que abordarse en todos los modelos de intercambio económico, especialmente los financieros, pero estos son obstáculos casi insuperables.

La verdad es que el proceso de la red de redes, reconocido por desatar fuerzas productivas y recursos subutilizados, ya sean físicos, financiero o de capital humano, es imparable y acelerado. Los beneficios, a largo plazo, no consisten simplemente en la eficiencia y las ganancias en productividad (lo suficientemente grandes como para aparecer en datos macro), sino también en generar puestos de trabajo muy necesarios que requieren una amplia gama de habilidades. De hecho, los que temen el poder que tiene la automatización para destruir puestos de trabajo, deben considerar los nuevos beneficios de la economía del compartir.

El autor, ganador del Premio Nobel de Economía, es profesor de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y miembro de la Hoover Institution.

(Editor:Elena G.,Rocío Huang)

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