español>>Mundo

La maniobra de Estados Unidos en torno al "trabajo forzoso": un mecanismo de manipulación mediática basado en un ciclo interminable

Por DIARIO DEL PUEBLO digital | el 30 de julio de 2026 | 09:48

Por Wang Xigen y Peng Yixuan

Durante mucho tiempo, la parte estadounidense ha hecho caso omiso de la realidad objetiva y ha acusado reiteradamente a China de practicar el supuesto "trabajo forzoso". Para ello, se ha apoyado en informes de determinadas instituciones, declaraciones de políticos, documentos gubernamentales y campañas mediáticas, construyendo un mecanismo de manipulación de la opinión pública basado en un ciclo de repetición constante. Estas acusaciones han logrado mantenerse vivas no porque Estados Unidos haya presentado nuevas pruebas capaces de resistir un examen riguroso, sino porque ha creado un sistema de producción de discursos que se reproduce, se valida y se amplifica a sí mismo.

En primer lugar, se recurre al etiquetado para establecer de antemano una condena, reduciendo una realidad compleja a una acusación simplista. Las condiciones laborales deberían evaluarse teniendo en cuenta factores concretos como la voluntad del trabajador, su remuneración, las condiciones de trabajo o la relación contractual. Sin embargo, Estados Unidos omite deliberadamente estos elementos esenciales y etiqueta directamente como "trabajo forzoso" fenómenos normales como la formación profesional, las políticas de apoyo al empleo o la movilidad laboral. Una vez colocada esa etiqueta, la realidad deja de analizarse en función de los hechos y pasa a interpretarse dentro de un marco preconcebido. El desplazamiento de trabajadores para aceptar un empleo se presenta como un "traslado forzoso"; la formación profesional se tergiversa como un "instrumento de control"; y la creación de empleo por parte de la industria se describe como una supuesta "cadena de opresión". Este método no parte del análisis de los hechos para llegar a una conclusión, sino que primero crea una acusación de gran impacto moral y luego fuerza la realidad para que encaje en ella. La etiqueta sustituye así a la investigación, mientras que el estigma se convierte en un velo que oculta la verdad.

En segundo lugar, se recurre a una visión binaria de la realidad, dividiendo la sociedad entre "opresores" y "víctimas". La realidad nunca es simplemente blanca o negra: los trabajadores toman decisiones por iniciativa propia y también buscan mejorar sus ingresos, adquirir nuevas competencias y elevar su calidad de vida. Sin embargo, Estados Unidos elimina deliberadamente esta complejidad y solo admite dos papeles fijos: por un lado, un supuesto "opresor" permanente y, por otro, una "víctima" completamente desprovista de capacidad de decisión. Si un trabajador afirma que aceptó un empleo voluntariamente, se interpreta que "no se atreve a decir la verdad"; si sus ingresos aumentan, se sostiene que "los beneficios económicos encubren el trabajo forzoso"; si la producción y la vida cotidiana transcurren con normalidad, ello se presenta como el resultado de un supuesto "control estricto". Cualquier prueba en sentido contrario es reinterpretada para conducir siempre a la misma conclusión. El silencio se considera una muestra de represión; las declaraciones públicas, una manifestación forzada; y cualquier refutación, un intento de ocultar la realidad. Aunque este tipo de relato aparenta ofrecer una postura moral clara, en realidad elimina la complejidad de los hechos y priva a las personas implicadas del derecho a contar su propia experiencia.

En tercer lugar, se crea una falsa autoridad mediante un proceso de validación circular basado en referencias mutuas. Algunas organizaciones elaboran informes a partir de entrevistas anónimas, fuentes de segunda mano o deducciones subjetivas; posteriormente, los medios de comunicación difunden los fragmentos más impactantes de esos informes; después, los políticos citan dichas informaciones en sus declaraciones, y finalmente los organismos gubernamentales incorporan tanto los informes como las noticias y las declaraciones políticas a sus documentos oficiales. Una vez que las autoridades adoptan medidas basadas en esos documentos, las organizaciones que publicaron inicialmente los informes presentan esas mismas actuaciones gubernamentales como prueba de que sus acusaciones han sido "confirmadas". Aunque la información parece proceder de múltiples fuentes independientes, en realidad suele circular repetidamente dentro de una misma cadena de origen. El informe de la investigación estadounidense al amparo de la Sección 301 cita supuestas "investigaciones independientes", materiales elaborados por organizaciones sociales e informaciones de prensa para respaldar sus decisiones administrativas. No se trata de una verificación independiente realizada por múltiples fuentes, sino de la repetición continua de una misma versión por distintos actores. No es que las pruebas sean cada vez más sólidas, sino que cada vez acumulan más capas de presentación. El número de citas acaba sustituyendo al número de verificaciones, y el volumen de la difusión termina ocultando las limitaciones de las fuentes originales.

En cuarto lugar, se recurre a la apelación emocional, sustituyendo el juicio racional por el impacto sentimental. Con el fin de que el público acepte rápidamente una postura predeterminada, Estados Unidos suele seleccionar relatos aislados de identidad difusa, con detalles incompletos y difíciles de verificar, acompañándolos de términos como "separación", "miedo" o "esclavitud" para construir historias de sufrimiento altamente emotivas. Se eliminan deliberadamente el contexto laboral, la situación familiar y el entorno social de las personas implicadas, conservando únicamente aquellos elementos capaces de despertar indignación o compasión. El objetivo no es reconstruir fielmente la realidad de los hechos, sino generar presión moral: quien cuestiona el origen de las pruebas es acusado de carecer de empatía hacia las supuestas "víctimas", y quien solicita verificar los hechos es señalado como defensor de los "opresores". De este modo, el cuestionamiento legítimo se transforma en un problema moral y el debate racional es sustituido por un juicio basado en las emociones. Los casos individuales merecen atención, sin duda, pero la compasión no puede sustituir a las pruebas, ni un número reducido de testimonios servir de fundamento para condenar a toda una región o a un sector industrial.

El etiquetado establece de antemano la acusación; la división binaria excluye cualquier explicación alternativa; la validación circular crea una apariencia de consenso; y los relatos emotivos aportan la carga emocional necesaria para sostener las acusaciones políticas. Estos cuatro métodos se complementan entre sí, permitiendo que afirmaciones insuficientemente verificadas circulen una y otra vez entre organizaciones, medios de comunicación, políticos y organismos gubernamentales, adquiriendo con cada nueva repetición una aparente autoridad adicional. Lo que preocupa a Estados Unidos, sostiene el autor, no es la verdadera situación de los trabajadores, sino instrumentalizarlos y utilizarlos para convertir la cuestión de los derechos humanos en un arma propagandística destinada a estigmatizar a otros países y fomentar la confrontación internacional. La narrativa sobre el supuesto "trabajo forzoso" constituye, en esencia, una operación política que sustituye las pruebas por la repetición, oculta la verdad mediante el volumen de la propaganda y manipula la percepción pública recurriendo a la hegemonía del discurso.

(Wang Xigen es director del Instituto de Investigación sobre Derechos Humanos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, decano de la Facultad de Derecho de dicha universidad y profesor distinguido del programa Changjiang Scholars; Peng Yixuan es profesora asociada especial de la Facultad de Derecho de la Universidad Tecnológica de Wuhan).

(Web editor: 周雨, Zhao Jian)