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Refutando falacias contra China: ¿Grandes exportaciones y un gran superávit equivalen a tener "sobrecapacidad"?

Un buque se está construyendo en un astillero de COSCO Shipping Heavy Industry (Yangzhou) Co., Ltd. en Yangzhou, provincia de Jiangsu, en el este de China. (Foto/Meng Delong)
Desde hace ya algún tiempo, ciertas economías, preocupadas por su propia competitividad industrial, han trasladado la culpa de sus problemas estructurales internos a China. Para “demostrarlo” han promovido la afirmación unilateral de que "los grandes volúmenes de exportación y los altos superávits comerciales equivalen a una sobrecapacidad del lado chino". Este maquillado axioma ha sido la justificación para intentar legitimar medidas proteccionistas que enfrentan a unas industrias con otras y perturban las cadenas globales de suministro.
¿De forma automática se logra un gran volumen de exportación o superávit con sobrecapacidad? La respuesta es no.
En la teoría económica básica, un superávit comercial refleja principalmente la brecha entre el ahorro interno y la inversión. Es el producto de la innovación tecnológica, la actualización industrial, la división global del trabajo y la evolución de las estructuras de oferta y demanda. Por el contrario, la sobrecapacidad es un fenómeno de mercado dinámico de desequilibrio temporal entre la capacidad de producción y la demanda. Un superávit no surge al tener sobrecapacidad, sino que es el resultado del efecto conjunto de la división industrial global y la estructura de la oferta y la demanda.
La historia demuestra que prácticamente todas las principales economías en industrialización han registrado superávits comerciales. Países como Reino Unido, Estados Unidos, Japón y Alemania han mantenido largos periodos de superávit. Alemania y Japón registraron superávits en cuenta corriente superiores al 6 por ciento del PIB. Alrededor del 80 por ciento de los chips de EE. UU. se exportan, y cerca de dos tercios de los aviones comerciales de Boeing se venden fuera de Norteamérica. En 2025, la Unión Europea registró superávits de 92.200 millones de dólares en automóviles, 214.600 millones de dólares en productos farmacéuticos y 11.600 millones de dólares en cosméticos. Los mercados emergentes como Indonesia y México también se han convertido en países con superávit. Asimismo, Brasil y Vietnam han registrado superávits comerciales durante 10 años consecutivos. Si los grandes superávits señalan necesariamente sobrecapacidad, ¿deberían estas industrias ser etiquetadas con el mismo sanbenito?
El crecimiento de las exportaciones de China responde a la demanda global real impulsada por la transición verde y la industrialización. Por ejemplo, las exportaciones a Europa se han concentrado en fotovoltaica, vehículos de nueva energía, baterías de iones de litio y productos químicos, lo que refleja la transición energética de Europa y los mayores costos de producción causados por la crisis energética. He aquí otro ejemplo. La integración industrial más profunda de China con la ASEAN ha impulsado el comercio de bienes intermedios: en el primer semestre de 2026, el comercio de bienes intermedios de China con la ASEAN alcanzó los 2,86 billones de yuanes (424.000 millones de dólares), un aumento interanual del 24,5 %, incluido un incremento del 42,9 % en las exportaciones de electricidad que apoyó la industria y los medios de vida regionales. Se puede decir que el crecimiento de las exportaciones de China responde a las necesidades del mundo y coincide precisamente con la demanda global. ¿Cómo se le puede llamar a esto sobrecapacidad?
Más importante aún, "el superávit se registra en China, pero los beneficios son compartidos por todos". En 2025, las empresas con inversión extranjera representaron el 27 % de las exportaciones de China y el 16 % de su superávit, creciendo tanto el superávit como los beneficios más rápido que los de las empresas nacionales. En el primer semestre de 2026, una parte sustancial de las exportaciones de China siguió siendo producida por empresas con inversión extranjera: casi el 30 % de las exportaciones a la UE y el 40 % a Corea del Sur. El crecimiento de las exportaciones de China proviene de las economías de escala y del aumento de la capacidad de innovación. Al expandir el pastel económico global a través del desarrollo compartido, China inyecta mayor certidumbre y un nuevo impulso al comercio internacional.
Visto desde una perspectiva más amplia, las cuentas externas generales de China se mantienen equilibradas. Si bien el comercio de bienes muestra un superávit, el comercio de servicios y los ingresos por inversiones registran déficits. El superávit en cuenta corriente se sitúa en torno al 3,7 % del PIB, muy dentro del rango razonable internacionalmente aceptado.
China no persigue deliberadamente los superávits. Está ampliando de manera ordenada la apertura independiente y unilateral y promoviendo activamente un crecimiento más equilibrado de las importaciones y exportaciones. Esta es una decisión deliberada basada en su vasto mercado interno y en las leyes de la división industrial global del trabajo, así como en el compromiso de una gran economía con el beneficio mutuo y el equilibrio comercial dinámico.
China ha sido el segundo importador mundial durante 17 años consecutivos y el principal destino de exportación de casi 80 países. Ha concedido un trato libre de aranceles a 63 países y es la primera gran economía en ofrecer cobertura total libre de aranceles a todos los países africanos con los que tiene relaciones diplomáticas y a todos los países en desarrollo con los que mantiene lazos diplomáticos. También es el único país que alberga una exposición de nivel nacional centrada en las importaciones: la Exposición Internacional de Importaciones de China, que ahora se encuentra en su octava edición, con acuerdos previstos acumulados que superan los 580 mil millones de dólares. Durante el periodo del XIV Plan Quinquenal (2021-25), las importaciones acumuladas superaron los 90 billones de yuanes.
China no es solo la "fábrica del mundo", sino también es un importante mercado mundial.
Frente a una nueva ola de transformación tecnológica e industrial, los países deben encontrarse a mitad de camino, defender el sistema de libre comercio global y promover un comercio equilibrado y sostenible. Solo así las cadenas industriales y de suministro globales podrán mantenerse estables y los beneficios del desarrollo llegar a las personas de todos los países.


