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El antiterrorismo: ¿Una guerra en sí misma?
El unilateralismo daña la alianza de antiterrorismo global
por Yu Wanli
(El autor trabaja en el Instituto de Estudios de Estados Unidos, subordinado a la Academia de Ciencias Sociales de China)
Diez meses han transcurrido desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, pero Estados Unidos sigue librando una batalla contra el terrorismo global. Sin embargo, el sagrado nimbo de esta guerra con visos virtuosos muestra signos de apagar. En los asuntos exteriores, la conducta unilateral de Washington ha dañado la alianza antiterrorista global, a la vez que en los asuntos interiores, ha vuelto a salir a flote la rivalidad de los partidos en materia de servicio de inteligencia y seguridad doméstica.
La alianza de antiterrorismo encara desafíos
Casi al mismo tiempo que el Presidente George W. Bush anunció que lanzaría la guerra contra el terrorismo, surgió la polémica sobre esta guerra. Un experto escéptico sostuvo que la guerra antiterrorista no se parecía a la Segunda Guerra Mundial antifascista ni a la Guerra Fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética, ya que el terrorismo no es un Estado soberano o una organización tangible sino el reflejo de una tendencia de pensamiento o cierto sentimiento. La organización de Osama bin Laden, Al-Qaeda, es una red invisible. Dado que el terrorismo transciende las fronteras nacionales y así deriva en un problema global, la comunidad internacional debe combatir y erradicar esta perversidad de forma colectiva. Una alianza antiterrorista basada en la cooperación entre los Estados soberanos es, en este sentido, el fundamento para emprender esta batalla conjunta contra el terrorismo internacional.
En la ceremonia con ocasión de los seis meses cumplidos desde los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington D.C., Bush dijo que el país ha entrado en la segunda etapa de la guerra contra el terror. Declaró que la política de EE.UU. en esta etapa era "estimular a todos los gobiernos y esperar que presten ayuda a remover los parásitos terroristas que amenazan la paz en sus propios países y la paz mundial". Bush también prometió: "Si los gobiernos necesitan entrenamiento o recursos para cumplir este cometido, Estados Unidos les ofrecerá ayuda". En el momento, Washington está cooperando con Filipinas, la República de Georgia y Yemen con el propósito de aplastar el terrorismo en estos países. No obstante, esta cooperación es diferente de la guerra antiterrorista dirigida por EE.UU. en Afganistán, la cual apuntó, de hecho, a derrocar el régimen dominante en el mismo país. Por otro lado, en aquellos tres países, la presencia de las tropas estadounidenses tiene más sentido de política que de acción militar. Con todo, la aparición de soldados de EE.UU. ha generado amplia preocupación en la opinión pública. Por ejemplo, el estacionamiento de tropas americanas en Filipinas ha despertado una fuerte oposición en forma de manifestaciones, y también el resentimiento del parlamento. Y Rusia mira con vigilancia la presencia militar de Estados Unidos en Georgia.
Empero, la conducta unilateral de Washington ha frustrado grandemente los esfuerzos de colaboración contra el terrorismo internacional desde el 11 de septiembre. En diciembre del 2001, so pretexto de proteger a los americanos de los ataques con misiles, Washington anunció unilateralmente su retiro del Tratado de Misiles Antibalísticos de 1972, barriendo de este modo los obstáculos contra el plan de defensa antimisiles largamente programado de la administración Bush. Seguidamente, Estados Unidos publicó la "Reseña de la Postura Nuclear", en la cual reduce abiertamente el "límite" del uso de armas nucleares e incluye el estrecho de Taiwan en el alcance de posibles ataques nucleares. Todos estos pasos dados por Estados Unidos hicieron a otros países sospechar su propósito estratégico real en la guerra contra el terror global. Con todo, la conducta hegemónica y unilateral de Estados Unidos so excusa de antiterrorismo perjudicará fatalmente la guerra global contra el terrorismo.
En el discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado el 29 de enero del 2002, Bush acusó a la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Irán e Iraq de ser el "eje del mal" que amenaza la paz del mundo y de Estados Unidos por buscar armas de destrucción masiva. Enfatizó que la actitud indiferente pagaría un alto precio, fueran cuales fueren las circunstancias. El término "eje del mal" es una reminiscencia de las Potencias del Eje, una alianza militar de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón militarista durante la Segunda Guerra Mundial. Las observaciones arrogantes y maliciosas de Bush concitaron de inmediato la atención y preocupación de la comunidad internacional.
La agenda de la administración Bush incluye una segunda Guerra del Golfo encaminada a derrocar el gobierno de Saddam Hussein en Iraq. El Vicepresidente americano Richard B. Cheney ha hecho viajes especiales a Europa y el Medio Oriente, buscando apoyo a sus ataques militares en Iraq. Sin embargo, relacionar las armas de destrucción masiva con el terrorismo es una práctica ilógica. Dirigir la guerra antiterrorista contra Estados soberanos y expandir así el alcance de los ataques militares no solamente destruirá la lucha global unida contra el terrorismo, sino que también resultará en una enorme inestabilidad regional. La teoría del "eje del mal" ha provocado críticas y fuerte oposición en el mundo entero desde el comienzo mismo. Sin embargo, al continuar yendo por su camino, la administración Bush ha tachado en el informe "Patrones del Terrorismo Global" a siete países --Cuba, Irán, Iraq, Libia, RPDC, Siria y Sudán-- como patrocinadores del terrorismo.
Resurge la rivalidad entre los partidos
Después del 11 de septiembre, la lucha de los partidos en EE.UU. se detuvo debido al estado de choque engendrado por los ataques terroristas, y ellos abordaron en colectivo la tragedia y los retos subsiguientes, como una manifestación de la unidad y el patriotismo de los americanos. El incidente de terrorismo fue la primera serie de ataques desde el exterior que Estados Unidos sufriera en los pasados más de cien años. La tremenda destrucción limitó las acciones de los políticos. No obstante, la rivalidad entre los partidos en cuestión de la guerra contra el terrorismo estalló en Estados Unidos en menos de un año desde la tragedia del 11 de septiembre.
El 15 de mayo, el Columbia Broadcasting System (CBS) reveló una noticia asombrosa: el Presidente Bush cometió un craso error en el manejo del servicio de inteligencia en relación a los ataques terroristas del 11 de septiembre, y su ocultación llevó a la catástrofe del país. En pos de ello, el asunto de la inteligencia se convirtió en la prioridad máxima de los medios informativos de Estados Unidos. La acusación a Bush por la negligencia de su deber se desarrolló en torno a los siguientes asuntos:
El análisis contenido en el informe diario del 6 de agosto del 2001 presentado al Presidente por la CIA era similar al incidente ocurrido después. Sin embargo, Bush no prestó especial atención a esta importante información, mientras estaba en vacaciones en su ciudad natal.
En julio del 2001, algunos agentes del FBI enviaron de Arizona un memorándum a la Casa Blanca, prediciendo que los terroristas probablemente estuvieran recibiendo entrenamiento de pilotaje, pero Bush no tomó nota del así denominado "Phoenix Memorandum". A la par de la divulgación del asunto por la media, los demócratas lanzaron ataques a los republicanos con el pretexto de investigar la verdad, y el comité de inteligencia del Senado celebró en seguida audiencias de investigación.
Frente a esta situación, la administración Bush tomó una serie de acciones, capitalizando la campaña de antiterrorismo, entre ellas, una explicación pública hecha por funcionarios de alto rango, un plan de reforma del FBI y una repentina declaración de Bush de crear un nuevo Departamento de Seguridad Doméstica, que era una medida inesperada para los demócratas.
Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han emitido frecuentes alarmas sobre el terrorismo desde mediados de mayo, a fin de distraer la atención del público con la advertencia de posibles ataques contra edificios de apartamentos y la Estatua de la Libertad, así como del transporte de misiles por los terroristas en secreto. El Vicepresidente Cheney incluso dijo que no cabe duda de que el país enfrentaría más ataques terroristas, y que es solamente cuestión de tiempo. Pero todas estas advertencias han quedado como alarmas falsas, y sólo han aliviado la "acusación contra la inteligencia".
Las evidencias indican que las broncas entre los burros y los elefantes han creado un nuevo campo de batalla sobre el antiterrorismo y la seguridad doméstica, el cual había sido evadido por los demócratas debido al dolor del 11 de septiembre y al sagrado sentido del antiterrorismo. En realidad, el "incidente de inteligencia" creó un gran obstáculo para el esfuerzo colectivo de los dos partidos por la campaña contra el terrorismo. Por cierto, la oposición, el Partido Democrático, no dejará pasar ninguna oportunidad, ahora que se están acercando las elecciones a mediano plazo en el Congreso. De hecho, es seguro que los demócratas lanzarán una nueva ronda de ataques contra su rival. Por otra parte, el Partido Republicano, como dueño de la Casa Blanca, no está en una posición inferior para pescar capital político en el proceso de tomar medidas contra el terrorismo. El antiterrorismo continuará generando amplia atención, mientras más disputas políticas sobre el antiterrorismo se protagonicen en las audiencias del Congreso, y el asunto será un tema candente en la media. (De Beijing Informa)
25/07/2002
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