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Actualizado a las 10:46(GMT+8), 07/08/2002
Opinión  

Guerra contra Irak: ¿Cuánto falta?

--EE.UU. podría lanzar ataques militares contra Irak al despuntar el año 2003, como fecha más temprana.

EE.UU. derrocará al actual dirigente iraquí Sadam Husein recurriendo a todos los medios posibles y lo buscará y lo arrestará en Irak, expresó el presidente estadounidense, George W. Bush, en una conferencia de prensa celebrada el 8 de julio, Más adelante, se informó que las tropas estadounidenses en Afganistán están preparadas para trasladarse al Golfo Pérsico, en aparente confirmación a las afirmaciones de Bush. Algunos reporteros sostienen que EE.UU. está dispuesto a trasladar los focos de guerra contra el terrorismo de Afganistán a Irak. Un golpe contra Irak no es algo nuevo para la administración de Bush, que con tales pronunciamientos acerca más la posibilidad de una guerra contra el país de Asia Menor.

Irak es uno de los pocos países abiertamente hostiles a EE.UU. A los ojos de los estadounidenses, Irak es la mayor amenaza para su estrategia en el Medio Oriente. Pero para Washington resulta incontestable el hecho de que después de 11 años de sanciones por parte de la ONU, aislamiento de la comunidad internacional y constantes ataques militares por parte de la alianza EE.UU.-Gran Bretaña, el dominio de Sadam Husein no sólo no se ha debilitado, sino que incluso se ha consolidado. Su clara e indoblegable posición antiestadounidense convierte al gobierno de Bagdad en el mayor y abierto desafío a la política norteamericana en el Medio Oriente, la no-proliferación de armas de destrucción masiva e incluso la estrategia global.

Bajo estas circunstancias, la administración de Bush, con sus ínfulas de pistolero del Oeste y aferrada al afianzamiento de su política exterior, acudirá a la oportunidad que le brinda su actual campaña contra el terrorismo. Un golpe contra Irak bajo el pretexto del combate al terrorismo permitirá profundizar las acciones de este tipo que promueve EE.UU., deshacerse de una "espina" clavada por mucho tiempo en el Medio Oriente y erradicar la posible amenaza que entraña la posesión de armas de destrucción masiva en manos de los países contrarios a EE.UU.

A mediados de noviembre del 2001, cuando se vislumbraba con certeza el estallido de hostilidades en Afganistán, EE.UU. comenzó a circular la posibilidad de que Irak se convirtiera en el segundo objetivo de sus ataques antiterroristas. El Secretario de Defensa norteamericano Donald Rumsfeld manifestó que su país nunca tolerará que exista por mucho tiempo ningún régimen terrorista, como es el caso del gobierno de Sadam Husein. Expertos de defensa de Washington también sostienen que si la administración de Bush está decidida a derrocar el régimen de Sadam mediante acciones militares, la campaña antiterrorista es la mejor oportunidad. Incluso algunos piensan que si Washington no entra en acción ahora, perderá para siempre la mejor oportunidad para derribar a Sadam Husein. Otros medios dicen que George W. Bush está decidido a finalizar la cruzada inconclusa de su padre, el ex mandatario George Bush. La guerra del Golfo de 1991 fue solamente una lección para Sadam Husein, y no lo derrocó. Ahora los estadounidenses consideran que a Sadam le ha llegado la hora.

?Para las calendas griegas?

Aunque Bush y sus consejeros declararon en muchas ocasiones, cada vez con más ahínco, que EE.UU. derrocará a Sadam Husein, todavía está pendiente de diseñarse un programa final en Washington para esta guerra. ?Cuándo se pondrá en acción EE.UU.? Nada claro hay al respecto.

El diario estadounidense New York Times informó el 5 de julio que no se ha sometido a consideración presidencial un plan de operaciones para la guerra contra Irak, pese a que el general Tommy Franks, comandante en jefe del Comando Central de EE.UU., le ha explicado en dos ocasiones al mandatario cómo desplegar el ataque contra Irak. La última vez fue el 19 de junio, de acuerdo con fuentes de la Casa Blanca. En la actualidad, los estrategas militares del Pentágono mantienen en estado larval el concepto de una guerra contra Irak. En otras palabras, Washington prefiere asegurar el más mínimo detalle logístico antes de emplearse a fondo en la construcción de un plan bélico definitivo, por no mencionar la aprobación presidencial. No obstante, lo que sí queda claro es que el Pentágono dedica una buena parte de su tiempo a este tema.

Hay algunos elementos que deberán tomarse en cuenta a la hora de establecer el cronograma de las operaciones militares de Estados Unidos contra Irak.

En primer lugar, la eventual futura guerra diferiría en gran medida de la operación lanzada durante la conflagración bélica del Golfo en 1991. El objetivo de aquélla fue terminar con la ocupación ilegal de Kuwait por parte de Irak. Pero esta vez, EE.UU. está decidido a derrocar el régimen de Sadam Husein y reconstruir un nuevo Irak, a la medida del gusto de Washington. Sin embargo, ante todo hay que responder a la siguiente pregunta: ?Quién será el sucesor de Sadam Husein y quién será el Hamid Karzai de Irak, o sea, una figura capaz de materializar el proceso democrático y aceptable para Occidente, así como para las diversas fuerzas en Irak? EE.UU. debe empezar por encontrar una nueva fuerza política capaz de reemplazar a Sadam Husein antes de emprender acciones militares. Por el momento, esa persona sigue ausente.

En segundo lugar, si la futura guerra contra Irak logra remedar hasta cierto punto la campaña contra el Talibán en Afganistán, cabría esperar que algunos iraquíes dentro del país desempeñen el papel de la "Alianza Norte" afgana en Irak, con el respaldo de EE.UU. Así, EE.UU. podría ganar la guerra merced a su superioridad aérea, involucrando pocas tropas terrestres y desplegando al máximo las fuerzas locales iraquíes en los asaltos terrestres. Esto no solamente puede reducir la duración de la guerra, sino que también disminuiría las bajas norteamericanas. Pero, hasta la fecha, tampoco emerge la entidad iraquí que pueda servir a Washington como figura local de la alianza afgana.

Los kurdos del norte de Irak, que cuentan con respaldo estadounidense, rehusan explícitamente servir de "Alianza del Norte" en Irak. Aunque tienen unos 40.000 efectivos y guardan un odio visceral contra el régimen de Sadam, las dos facciones kurdas se niegan a ayudar a Washington en el derrocamiento del gobernante iraquí. "No correremos ningún riesgo si no podemos asegurar el resultado de cada paso", expresó Massoud Barzani, líder de uno de los dos principales grupos políticos kurdos, el Partido Democrático de Kurdistán. En efecto, los kurdos no confían en la guerra que sus mentores norteamericanos pretenden librar, y no están seguros de si al final el éxito acompaña a los empeños de EE.UU.. Incluso si Sadam Husein es derrocado, nada les garantiza que su sucesor adopte un sistema político democrático, con una estructura federal que proporcione a los kurdos alto grado de autonomía en el norte y les asegure una vida pacífica. En la guerra del golfo de 1991, un levantamiento kurdo alentado por el entonces presidente George Bush padre fue salvajemente reprimido por Bagdad. Sin embargo, las fuerzas norteamericanas no intervinieron. Ello hizo perder confianza de los kurdos en la actual administración de Bush.

En abril del año en curso, EE.UU. trató de persuadir a los kurdos de firmar un acuerdo, según el cual el primero enviaría tropas especiales, agentes de inteligencia y diplomáticos para ayudarlos en el entrenamiento militar, con el fin de materializar su objetivo común de sacar a Sadam Husein del poder. Sin embargo, los kurdos no aceptaron sus peticiones y hasta la fecha no han firmado el mencionado documento. Sin el efectivo apoyo de las fuerzas kurdas en algunos combates terrestres, la Casa Blanca deberá concebir otro "concepto".

En tercer lugar, la resolución de la administración de Bush y la medida en que serán aceptados o no los riesgos y costos de la campaña constituyen importantes factores en el plan global de guerra. Si EE.UU. tiene que combatir en tierra, la administración de Bush correrá un gran riesgo político doméstico ante la eventualidad de numerosas bajas en sus filas, al tiempo que debe tomar en consideración el impacto internacional de la guerra. EE.UU., de un modo u otro, precisa del apoyo de sus aliados. Sin embargo, la mayoría de los aliados europeos se oponen a la guerra. Rusia expresó claramente su oposición. Los países del Golfo muestran diferentes actitudes, claras o ambiguas. Por ejemplo, en la guerra de Afganistán, Arabia Saudita sólo permitió que EE.UU. condujera el comando de ataque y control aéreo en sus bases militares, pero no que usara estas bases militares para atacar a los talibanes y la red Al-Qaeda. Si Arabia Saudita hace lo mismo en la futura guerra contra Irak, Estados Unidos tendrá que establecer nuevas bases militares en la región del Golfo y el Medio Oriente. Se requiere de mucho tiempo para cumplir este cometido, lo cual también es una dificultad diplomática para Estados Unidos.

En cuarto lugar, la actual situación del Medio Oriente se encuentra en una etapa crucial. La administración de Bush anunció su nuevo plan de paz en el Medio Oriente el 24 de junio, como importante señal de que la Casa Blanca desea resolver los problemas del conflicto entre palestinos e israelíes antes de lanzar la guerra contra Irak. De acuerdo con el nuevo plan de paz, los resultados de la elección general en los territorios palestinos y las negociaciones de paz del Medio Oriente, a fines del año en curso, afectarán en gran medida la implementación del nuevo plan de paz. Si los palestinos e Israel no son capaces de reanudar el proceso de paz en el Medio Oriente, EE.UU. quedará imposibilitado de persuadir efectivamente a los países árabes a apoyar sus ataques militares contra Irak.

En resumen, aunque la administración de Bush amenaza con frecuencia con atacar a Irak, haciendo sentir la inminencia de la guerra, los preparativos bélicos de EE.UU. distan de estar a punto. En estos momentos, Washington se ocupa en trasladar tropas y construir bases militares en la región del Golfo Pérsico, y aún está tratando de procurar más condiciones favorables mediante esfuerzos diplomáticos. El Pentágono discute y estudia detalladamente el plan de combate, pero dista mucho de contar con cronogramas de operaciones concretas. Se estima que si todo marcha bien, el plan de ataque a Irak estaría listo para enero del 2003, como fecha más temprana. Por lo tanto, la guerra contra Sadam no está a la vuelta de la esquina y son muchos los factores que podrían determinar en un alejamiento de su estallido más allá de lo previsto. (De Beijing Informa)

07/08/2002






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--EE.UU. podría lanzar ataques militares contra Irak al despuntar el año 2003, como fecha más temprana.



 


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