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Revive EE.UU. cantinela de la amenaza China
por Zhang Yanyu
(El autor trabaja en el Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China)
Washington ha publicado dos informes relacionados con China en el plazo de cuatro días, oportunidad que los medios informativos estadounidenses han aprovechado para crear gran fanfarria, azuzando, una vez más, la supuesta amenaza china.
Ejemplo de este desenfreno mediático por empañar la imagen de China, fue el artículo que el diario New York Times publicó el 28 de junio, según el cual China entraña un peligro para los intereses económicos de EE.UU. en Asia. El Washington Post, por su parte, señaló que China procura acaparar los negocios globales y los principales puntos estratégicos, controlando la vía del transporte marítimo global, valiéndose de una compañía china para construir un acceso en Irán. El derechista semanario Weekly Standard, incluyó un escrito de Jary Schmitt, en el cual se afirmaba que una China ambiciosa está condenada a desafiar a EE.UU. La conservadora Web Netwok Daily se ha empeñado en inflamar a diario el sentimiento antichino de los norteamericanos, al destacar la posibilidad de la amenaza militar de China, con un título en grandes caracteres rojos: Objetivo de China: Hundir portaaviones de EE.UU. Al conjuro del vocerío antichino, las fuerzas contrarias a Beijing en diversos sectores de EE.UU. coincidieron en reanimar el espectro de la amenaza china, implicando a la política, la economía y el comercio, lo militar y las relaciones con Taiwan. Toda una maquinaria propagandística se puso a punto para desacreditar a China.
Pero lo más conspicuo dentro de este entramado ha sido el informe anual sobre el poderío militar de la República Popular China, sometido por el departamento de Defensa Nacional de EE.UU. al congreso el 12 de julio, y el informe anual publicado por la Comisión de Revisión de Seguridad EE.UU.-China, asociada al congreso. Lo anterior tuvo lugar de acuerdo con el Acta de Autorización de Defensa Nacional para el Año Fiscal 2000, aprobada en 1999 por el Congreso, la cual estipula que el Departamento de Defensa Nacional debe someter un informe sobre el poderío militar de varios países cada año. En 2000, el departamento de Defensa Nacional sometió docenas de páginas. Cuando la administración de Bush tomó el poder el año pasado, el informe fue suspendido. Este año, el Departamento de Defensa Nacional de EE.UU. reactivó la teoría de la supuesta "amenaza roja" en su informe de 56 páginas. El mismo no sólo advierte que la amenaza militar de China se intensifica cada vez más y que su capacidad de ocupar a Taiwán continúa consolidándose, sino que también afirma que China constituye una amenaza a los países como Japón y Filipinas.
Este último pliego se elaboró según el Acta de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2001, y fue aprobado por el congreso en 2000. Se trata del primer informe anual de la Comisión de Revisión de Seguridad EE.UU.-China desde su establecimiento. La comisión es un mecanismo establecido para mantener activo un canal de 15 años de existencia, diseñado para ocuparse de las relaciones entre EE.UU. y China después que el congreso aprobara el acta sobre el estatuto de relaciones comerciales normales permanentes con China. Pero lo cierto es que se trata de un instrumento del congreso estadounidense para expresar el descontento hacia China y dominar la política norteamericano-china. El informe de 220 páginas que la comisión sometió al congreso concluyó que el desarrollo económico y la postura estratégica de China constituyen una amenaza a EE.UU. Aunque el informe no menciona la palabra "amenaza", el mismo se limitó a relanzar la agresiva posición esgrimida más de una vez por EE.UU.
Fuerzas antichinas evidencian descontento por política de Bush hacia China
Las relaciones chino-norteamericanas han pasado a una etapa de desarrollo estable. A principios de mayo, el vicepresidente chino Hu Jintao visitó a EE.UU., momento en que el presidente Bush enfatizó una vez más que su país se adhiere a la política de una sola China y observa los tres comunicados conjuntos chino-estadounidenses. Hu fue invitado a reunirse con el secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, con lo cual se convirtió en el líder chino de mayor rango en visitar el Pentágono. El 15 de mayo, el subsecretario de Defensa de EE.UU. Paul Wolfowitz, conocido por su actitud dura hacia China y su posición favorable a Taiwan, dijo solemnemente que la administración de Bush apoya la política de una sola China y no tiene ninguna intención, ni está dispuesto a apoyar la independencia de Taiwan, frustrando así las aspiraciones taiwanesas a una "independencia gradual".
En junio, el subsecretario de Defensa Peter Rodman encabezó una delegación a China, reasumiendo el intercambio militar entre ambas partes, que había sido suspendido después de la colisión del avión espía norteamericano con un caza chino, en abril del 2001. El Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI) establecerá una oficina en Beijing y China convino en que los militares estadounidenses envíen hombres al nordeste de China para buscar los restos del piloto cuyo avión espía fue derribado en los años 50. Todo esto indicaba una tendencia a la mejoría en las relaciones chino-estadounidenses.
Sin embargo, cada vez que hay signos de progreso en los lazos bilaterales, las fuerzas antichinas en EE.UU. crean problemas, situación que ha devenido un estereotipo en las relaciones. Desde que George W. Bush asumió la presidencia, las fuerzas de derecha locales expresaron su satisfacción al considerar que la administración de Bush adoptaría una posición antichina. Pero recientemente la política de Bush se aproximó a la de sus predecesores, lo que indujo a los derechistas a preocuparse de un eventual abandono de las ideas conservadoras del actual mandatario, por lo cual se apresuraron a entonar la melodía del canto antichino, advirtiéndole de no ir demasiado lejos en la promoción de relaciones bilaterales. Frank Jaffney, otro importante miembro del Equipo Azul, expresó su descontento en público hacia la política de Bush y precisó que la administración de Bush está siguiendo en lo básico la política del presidente Bill Clinton hacia China.
?Cuál es la razón detrás de la alharaca de los halcones de estadounidenses con respecto a la amenaza de China?
Los siguientes argumentos pueden ofrecer una respuesta siquiera parcial a esta pregunta. Primero, quienes la propugnan buscan excusas para propiciar las ventas de armas a Taiwan. Ahora que Taiwan ha recortado sus gastos militares en consideración del empeoramiento de su déficit presupuestario, la isla es incapaz de comprar las armas que le han sido permitidas. Los militares de EE.UU., que son uña y carne del grupo militar industrial, se valieron del tratado sobre armamentos entre China y Rusia y de las pruebas chinas con misiles de nuevo tipo como excusa para publicar un informe sobre el poderío militar de China, exagerando su desarrollo y el desequilibrio a través del estrecho de Taiwán en cuanto a la capacidad militar. De esta manera, lograron compulsar al gobierno a aumentar las ventas de armas a Taiwan, y a hacer que las autoridades de Taiwán adquirieran más armamentos norteamericanos, con el consiguiente incremento de la dependencia de la isla con respecto a Washington. Podrían también forzar a la parte continental de China a desviar recursos al plano castrense, impidiendo la utilización de los mismos en la construcción económica.
En segundo lugar, en momentos en que las economías estadounidense y japonesa evidencian signos de decadencia, la economía de China mantiene un acelerado ritmo de desarrollo. Para ciertas fuerzas antichinas resulta conveniente que se crea que la posibilidad de un déficit en la balanza comercial con EE.UU. se erigirá en amenaza para la seguridad económica de este último, razón por la cual promueven el bloqueo comercial y tecnológico contra China.
Tercero, se acercan las elecciones parciales en EE.UU., y sus resultados afectarán directamente a la campaña presidencial 2004. Después de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, la crítica doméstica contra la política exterior de Washington se convirtió en un "campo minado"; cualquier argumento errado puede interpretarse como señal de disuasión a la campaña antiterrorista. Según llega a su fin el clímax de guerra antiterrorista y se aproximan las elecciones intermedias, algunos asesores de los partidos republicano y demócrata creen que ha llegado el momento de jugarse la carta de China para obtener más votos.
La alharaca antichina será en vano
La reciente ola de manifestaciones antichinas resultó un desafío directo a la política de compromiso estadounidense con respecto a China. El comercio bilateral, considerado tradicionalmente como nicho protector de las relaciones entre ambos países, también se convirtió en blanco de la campaña de descrédito. El presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior de EE.UU., William Reinsch, único disidente en el informe del Comité de Revisión de la Seguridad de EE.UU.-China, precisó que el informe abandonó la política seguida por cinco presidentes. El mismo pretende hacer creer que China desafiará a EE.UU. en lo económico, político y militar, agregó, al considerar dichos argumentos como un desafío a la política actual hacia China.
La campaña contra China pone de manifiesto la arraigada desconfianza de algunos norteamericanos con respecto a China. Tal actitud tiene un efecto psicológico adverso para la opinión pública norteamericana, afectando a las relaciones comerciales bilaterales y los vínculos más amplios. Aunque la acción de las fuerzas antichinas es destructiva, el gobierno sigue promoviendo el desarrollo de los lazos y aboga por la política de compromiso, o contactos. El día antes de que el Departamento de Defensa de EE.UU. publicara el susodicho informe, el Secretario de Estado Colin Powell afirmó que la modernización militar de China no constituye causa de temor. Al mismo tiempo, el presidente Bush exigió al Pentágono mejorar las relaciones militares con China, como forma de compensar la influencia negativa de las voces antichinas para los lazos bilaterales. Las esferas económicas estadounidenses también protestaron por el informe anual del comité de Revisión de Seguridad EE.UU.-China. En una era marcada por la globalización, la mentalidad de Guerra Fría no solamente resulta desfavorable para China, sino que también lesiona los intereses económicos de EE.UU. (De Beijing Informa)
19/08/2002
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