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IIDH reafirma necesidad de fortalecer la cultura de tolerancia
El Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) reafirmó el martes 10 la necesidad de fortalecer la cultura de tolerancia y solidaridad para preservar y superar los logros alcanzados con la instauración de las democracias en Latinoamérica y el Caribe.
Esta posición fue expresada por el director ejecutivo del IIDH, Roberto Cuéllar, en el primero de los cuatro informes interamericanos sobre la educación en derechos humanos, con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos que se celebra cada 10 de diciembre en todo el mundo.
Este primer informe examina la situación de la educación en derechos humanos en el plano normativo y constitucional en los 19 países que han suscrito o ratificado el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (San Salvador, 1988).
Cuéllar dijo que con las fisuras políticas aún abiertas por las guerras internas y las dictaduras en los países del hemisferio, la educación en derechos humanos se convierte en un remedio urgente para allanarlas.
Lamentablemente, manifestó, la calidad de la enseñanza para los derechos humanos y la pedagogía en valores democráticos dista mucho de ser una prioridad constitucional en la región.
Según el director ejecutivo del IIDH, la educación en derechos humanos debe convertirse en una política de Estado, más allá de las iniciativas y los apoyos -siempre temporales- de la comunidad internacional.
Esto debe reflejarse en los currículos escolares, en el contenido de los programas y los textos y en la formación de los docentes. Todo esto requiere de gran habilidad y valor gubernamental, y del apoyo decidido de las organizaciones civiles, comentó.
Cuéllar consideró que las elecciones de las urnas en varios países son todavía un triunfo de la democracia, pero en el fondo, las votaciones y el abstencionismo reclaman un modelo institucional distinto para la región.
Las elecciones en Brasil, Bolivia y Ecuador evidenciaron algunas condiciones cambiantes del juego democrático en la actualidad, que permitieron la llegada al poder público de representantes sindicales e indígenas. Pero esta reconfiguración no quiere decir que se ha logrado una democracia distinta, opinó.
Cuéllar analizó que en el futuro del Brasil, la cuestión del desafío es todavía más compleja: la democracia más grande de Latinoamérica - junto a la de México y la de Chile- pasa por la necesidad imperiosa de liderar un bloque subregional que supere antiguas rivalidades y por la aceptación de los derechos humanos en forma integral.
En Colombia, las urnas reflejaron un llamado a terminar con la violencia. La descentralización del poder y la confianza en los derechos sociales son claves al igual que el reforzamiento de las instituciones democráticas, para sustentar todos los esfuerzos políticos y sociales en la lucha contra la violencia.
Para Cuéllar, los gobiernos de todo el continente se enfrentan con el reto de reforzar la institucionalidad, para lograr un balance entre el desarrollo productivo y el respeto a la diversidad cultural.
Respecto a Venezuela, Cuéllar indicó que la presencia significativa del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) en misión permanente e indefinida en Caracas, ha hecho que las esperanzas del entendimiento sean factibles en Venezuela, a pesar de la recurrencia de episodios graves de violencia e intolerancia.
El IIDH está convencido de que en la medida en que se asegure la inclusión social disminuirá la desigualdad, subirá la fe en la democracia por parte de los movimientos indígenas y de las comunidades afro-latinas, y de los grupos tradicionalmente excluidos, y nuestras sociedades tendrán más conciencia en la lucha contra la pobreza y la miseria que afectan al hemisferio, comentó.
Cuéllar exteriorizó que en el 2003, el IIDH llama la atención y exhorta a hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para prevenir la violencia, la discriminación y la exclusión. Esas son las causas del resquebrajamiento de las democracias y del deterioro social en las Américas.
"La educación nos ofrece las herramientas para combatirlas y conseguir los propósitos de libertad, fraternidad, solidaridad y justicia que invocaron, hace 54 años, los firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos", aseguró. (Xinhua)
11/12/2002
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