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Oponerse a la guerra y defender la paz
El presidente estadounidense George W. Bush, en una declaración televisiva dirigida desde la Casa Blanca a todo el país el día 19 a las 10:15 de la noche, hora local (a las 11:15 en la mañana del día 20, hora de Beijing), anunciando el inicio de una guerra de EE.UU. y sus aliados para derrocar el gobierno iraquí. Al mismo tiempo, las fuerzas armadas norteamericanas lanzaron ataques aéreos a Bagdad. La crisis de Irak, que ha preocupado al mundo, se ha convertido desgraciadamente en una guerra de Irak.
Esta es una guerra que carece de legitimidad. La guerra de Irak ya desatada no ha sido autorizada por las Naciones Unidas, y la mayoría de los 15 miembros del Consejo de Seguridad así como las importantes organizaciones regionales, como la Liga Arabe y la Unión Europea han expresado su oposición u objeción a la guerra. Desde la aprobación de la resolución 1441 por el Consejo de Seguridad de la ONU el 8 de noviembre de 2002, el trabajo de inspección de la Comisión de Supervisión, Verificación e Inspección de las Naciones Unidas (UNMOVIC) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) había estado marchando con eficacia, y la opinión principal de los miembros del Consejo de Seguridad considera que la inspección debe seguir adelante y que no se ha llegado al extremo del camino de solución política.
Se trata de una guerra sin apoyo moral. Durante la crisis de Irak ocurrieron por oleadas actividades de amplia escala contra la guerra y por la paz a través del mundo, que reflejan la antipatía general de la sociedad humana de hoy contra el uso arbitrario de la fuerza.
La guerra acarreará inevitablemente desastres humanitarios y surtirá efectos desfavorables para la paz, estabilidad y desarrollo en la región de Medio Oriente e incluso en el mundo entero. En este momento, se tiene particular preocupación por la suerte que le espera a la población civil de la zona bélica, deseándole que sufra menos daño hasta donde sea posible.
La guerra no cuenta con el reconocimiento del mundo y, sin embargo, se desencadenó en medio de oposiciones. Esto refleja la realidad de la presencia de la política de fuerza en las actuales relaciones internacionales, y también el condicionamiento que ejercen las fuerzas de la paz sobre la guerra, el factor condicionante de la tendencia multipolar para el unilateralismo y el carácter limitado de este último.
La guerra, que estalló en la región de Medio Oriente repleta de contradicciones sumamente complejas, traerá muchos factores imprevisibles de inestabilidad a la situación regional y muchas variables al mundo futuro. No obstante, ésta no es más que una guerra regional, que no alcanzará a cambiar la tendencia fundamental del globo terrestre ni su rumbo de desarrollo.
Tras el inicio de los ataques militares de EE.UU. contra Irak, China ha mostrado su seria preocupación por lo acontecido. El mismo día del estallido de la guerra, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China emitió una declaración exhortando enérgicamente a que los países interesados pongan fin a las acciones bélicas y vuelvan al marco de las Naciones Unidas para dar una solución política al problema de Irak por medio pacífico. China sostiene que los ataques militares lanzados a Irak a despecho de la oposición de los pueblos del mundo y sorteando la ONU están violando la Carta de ésta y el derecho internacional.
La guerra de Irak supone una advertencia a los pueblos amantes de la paz: ésta no debe ser una mera aspiración. Por su experiencia histórica, el pueblo chino comprende perfectamente que, en la época en que permanecen el hegemonismo y la política de fuerza, lo más importante es concentrar los esfuerzos en hacer bien los propios asuntos. Sólo trabajando duro y centrándonos en elevar el poderío integral de nuestro país seremos capaces para defender nuestra vida pacífica y aportar más contribuciones a la salvaguardia de la paz mundial.
21/03/2003
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