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Lo que el fuego se llevó
Irak fue una vez una tierra de historias fascinantes, una tierra en la que la preciosa heroína Sheherazade rezaba en las Noches Arábicas para que el amor volviera al corazón de su amado y la felicidad al pueblo mediante las historias inacabables que contaba al rey. En la orilla del río Tigris, frente a Bagdad, la escultura de "Shererazade y el Rey" se alza sola, contemplando esta ciudad que una vez fue destino de peregrinos de todo el mundo.
Pero la gente que observa los acontecimientos de hoy en día apenas puede relacionar el Irak torturado por la guerra y el paraíso pacífico del pasado.
"Por favor que amaine pronto esta tormenta que amenaza los últimos rastros de la historia de esta civilización", rogaba Gu Qiaoqiao, profesora asociada de la Universidad de Beijing que ha dedicado 30 años al estudio de la cultura árabe. Ella es una de las muchas personas que siente una gran tristeza por la masiva destrucción de la civilización antigua llevada a cabo por los bombardeos de las fuerzas de la coalición estadounidense y británica.
La región histórica de Mesopotamia entre el Tigris y el Eufrates, que englobaba lo que hoy es Irak, ha nutrido a la civilización antigua, dijo ella, listando algunos de sus logros como los caracteres más antiguos del mundo (caracteres cuneiformes), así como las ciudades del Estado, la primera épica del mundo, el primer libro médico y el primer calendario lunar.
"Con la destrucción de edificios en todo el territorio iraquí, ?cómo puede la gente imaginarse que esta nación poseía cientos de miles de reliquias culturales, incluyendo el Palacio Dorado en Bagdad, una de las siete maravillas del mundo, y los Jardines Colgantes de Babilonia?, se preguntaba Gu.
"El Palacio Dorado, cuya construcción consumió cuatro largos años de duro trabajo de 100.000 artesanos, fue destruido por un incendio hace 700 años, y los Jardines Colgantes ahora no son nada más que un puñado de arena", suspira Gu, añadiendo que algunas mezquitas han desaparecido a causa de las guerras modernas.
Las guerras modernas aún han tenido efectos más devastadores para Irak, dijo ella, mencionando la Guerra del Golfo de 1991, durante la cual un mausoleo real de 4.500 años de antigüedad fue bombardeado por cazas norteamericanos, dejando cuatro grandes cráteres en el suelo y 400 agujeros de bala en las paredes.
La guerra también destruyó 2.263 reliquias culturales y 20.000 manuscritos originales de gran valor, según las estadísticas iraquíes que Gu citó.
Cuando visitó Bagdad, en su imaginación un paraíso, en julio de 2001, Gu fue testigo de formas de cuerpos humanos marcadas en las paredes de los refugios de defensa antiaéreos provocadas por los misiles guiados de precisión de EE UU.
"Mi corazón se llenó de amargura", dijo ella, lamentado la desaparición de una civilización de la que los griegos antiguos aprendieron matemáticas y filosofía, los judíos teología, los árabes arquitectura y de la que surgió la brillante cultura islámica.
Gu instó enérgicamente a parar la guerra para proteger la cultura antigua y para frenar la propagación del odio entre sus habitantes.
"La destrucción de reliquias culturales romperá la conexión de la gente con su historia y gloria, y les conducirá a no respetar y mantener viva su civilización", dijo ella.
Ahora, la cuna de la civilización humana se sumergirá en un baño de sangre y la pérdida de generaciones futuras aún será más grave, subrayó.
10/04/2003
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