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Actualizado a las 13:29(GMT+8), 19/01/2004
Opinión  

Retos para el traspaso de poderes en Irak

Miles y miles de chiítas iraquíes salieron el día 5 a manifestarse por las calles de Basra, la mayor ciudad sureña de este país árabe, para exteriorizar su apoyo al Ayatollah Ali al-Sistani. Esta personalidad, el líder más influyente de la comunidad chiíta, había pedido la pronta convocatoria de elecciones directas para elegir un parlamento transitorio. Las repetidas manifestaciones de esta secta islámica, cuyos miembros representan más del 60% de la población iraquí, ponen de relieve los retos con que se enfrenta el plan de transferencia de poderes de EE.UU. a Irak.

El 15 de noviembre, el Consejo de Gobierno Provisional de Irak (CGI) y Paul Bremer, jefe de la Oficina para la Reconstrucción de Irak y, como tal, máxima autoridad administrativa civil estadounidense en este país, llegaron a un acuerdo sobre el traspaso de poderes. Sin embargo, dicho acuerdo ha sido criticado por el Ayatollah Ali al-Sistaniy, quien afirma que sólo sirve a los intereses estadounidenses. Su postura cuenta con el apoyo generalizado de los chiítas, es decir, de la mayoría de la población iraquí. En la ciudad meridional de Basra, lugar donde se concentra el mayor número de miembros de esta secta islámica, ha habido grandes manifestaciones para exigir a las autoridades ocupantes británico-estadounidenses que modifiquen el acuerdo sobre las elecciones. Al parecer de algunos analistas, el líder de los chiítas no confía ni en las autoridades ocupantes ni en el CGI, consejo designado por EE.UU., y teme que las elecciones indirectas sean manipuladas por estos órganos de poder. Por otra parte, si las elecciones fuesen directas, los chiítas tendrían más posibilidades de ganarlas, puesto que, como acabamos de decir, constituyen la mayoría de la población iraquí.

Otra de las cuestiones que amenaza el éxito del traspaso de poderes es la vinculada con la discusión centrada en el régimen político por el que se gobernará Irak. Los kurdos del norte del país, que desde el final de la guerra del Golfo cuentan de hecho con un régimen autónomo, piden vehementemente la instauración de un gobierno federal que respete los derechos que ya han conseguido. Pero la mayoría de los iraquíes creen que no hay una base lo suficientemente amplia para sustituir el secular modelo centralista iraquí por un modelo federal, y temen que tal sustitución provoque profundas divisiones e incluso una guerra civil.

Por otra parte, la complejidad y las discusiones inherentes a la elaboración de una constitución definitiva no serán menores que las que acompañaron a la redacción de la "Ley Básica". En efecto, EE.UU. desea incluir en la constitución una serie de derechos, entre ellos garantías judiciales, la igualdad entre sexos, religiones y etnias, así como las libertades de expresión, de reunión y de creencia religiosa. Pero la inclusión de tales derechos en la carta magna iraquí puede provocar discusiones entre las diversas etnias, tribus y facciones religiosas. En cuanto al papel del islamismo, un miembro del CGI ya ha manifestado que será la base de la nueva constitución iraquí. Sistani, por su parte, también ha pedido que el contenido de la Constitución no vaya en contra de los principios del islamismo.

El presidente de turno del CGI, el antiguo primer ministro iraquí Adnan Pachachi, manifestó en una conferencia de prensa celebrada el día 15 en Bagdad que aún hay margen para modificar los procedimientos aplicados en la elección de los miembros de la "asamblea popular nacional transitoria". Asimismo, Pachachi aseguró que convencería a Sistani de que retirase su petición de elecciones directas.

Pachachi agregó que el día 19 irá con Paul Bremer a Nueva York, donde participará en la reunión tripartita que ambos mantendrán con el secretario general de la ONU Koffi Annan. Uno de los principales temas de esta reunión será la del papel de la ONU en el traspaso de poderes.

Según algunos analistas, la participación de Bremer en esa conversación demuestra que EE.UU. desea también aprovechar la influencia y la ayuda de la ONU para afrontar las presiones y desafíos que amenazan al acuerdo sobre el traspaso de poderes y para lograr implementarlo conforme a lo programado por EE.UU. (CRI)

19/01/2004






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Miles y miles de chiítas iraquíes salieron el día 5 a manifestarse por las calles de Basra, la mayor ciudad sureña de este país árabe, para exteriorizar su apoyo al Ayatollah Ali al-Sistani. Esta personalidad, el líder más influyente de la comunidad chiíta, había pedido la pronta convocatoria de elecciones directas para elegir un parlamento transitorio. Las repetidas manifestaciones de esta secta islámica, cuyos miembros representan más del 60% de la población iraquí, ponen de relieve los retos con que se enfrenta el plan de transferencia de poderes de EE.UU. a Irak.



 


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