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Marcha del Tíbet hacia la modernización

Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China

Noviembre de 2001

 

Prefacio

La modernización constituye un importante tema para todos los países y regiones del mundo en los tiempos modernos.Desde mediados del siglo XIX, cuando China fue invadida por las potencias occidentales, las diversas etnias del país, incluida la tibetana, siempre han tenido por tarea primordial salir de la pobreza y el atraso, liberarse del destino de ser víctima de la humillación extranjera, así como establecer un Estado moderno, independiente, unificado, poderoso, próspero, democrático y culturalmente desarrollado. Tras la fundación de la República Popular China, especialmente tras el comienzo de la reforma y la apertura, la modernización de China ha prosperado con cada día que pasa, alcanzando éxitos reconocidos por todo el mundo. China camina con pasos vigorosos hacia un mayor grado de apertura y prosperidad. Con la liberación pacífica como el punto de partida de su desarrollo, el Tíbet anuló, en la reforma democrática, la servidumbre feudal y aplicó la autonomía étnica regional, materializando así un gran salto histórico en su sistema social; en la construcción socialista, la reforma y la apertura, hizo realidad un desarrollo acelerado de la modernización y logró avanzar al mismo ritmo que todo el país, contemplando halagüeñas perspectivas.

Este año se cumple el 50 aniversario de la liberación pacífica del Tíbet. Con el fin de acelerar el desarrollo sano de la modernización tibetana, disipar los malentendidos existentes en la comunidad internacional respecto al “problema del Tíbet” e incrementar la comprensión multilateral de la historia y la actualidad del Tíbet, sería provechoso echar una mirada retrospectiva al proceso de modernización que el Tíbet ha protagonizado desde su liberación pacífica, dar a conocer los éxitos alcanzados por las diversas etnias en el Tíbet en su afán por alcanzar la modernización con la ayuda del Gobierno Central y del pueblo del resto del país, así como exponer la ley de desarrollo de la modernización tibetana.

1. El proceso de desarrollo a saltos de la sociedad tibetana

En la edad moderna, el logro de la modernización es el problema elemental para el desarrollo de la sociedad tibetana. El sistema de la servidumbre feudal, que sostuvo durante varios siglos en el Tíbet un dominio único del poder político y el poder religioso, en los tiempos modernos se convirtió en un sistema social extremadamente corrupto y decadente, contrario a la tendencia mundial progresiva, un sistema que estrangulaba el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad tibetana y obstaculizaba seriamente el progreso social, hundiendo al Tíbet en una pobreza, atraso, aislamiento y encogimiento extremos, y llevándolo al borde del colapso general.

Sistema social atrasado y explotación económica extraordinariamente cruel. El sistema de la servidumbre feudal del viejo Tíbet era aún más oscuro y atrasado que la Edad Media en Europa. Los tres tipos de señores propietarios, -- los gobernantes locales, aristócratas y monjes de alta categoría de los monasterios, -- que representaban apenas un 5 por ciento de la población tibetana, ocupaban todas las tierras cultivadas, los pastizales, los bosques, las montañas y los ríos, así como la mayoría de los ganados del Tíbet. Mientras tanto, los siervos y los esclavos, que eran el 95 por ciento de la población tibetana, no contaban con tierras cultivadas ni con otros medios de producción, no tenían libertad personal y se veían obligados a subordinarse a los señores propietarios para ganarse la vida, trabajando en sus latifundios o sirviéndoles como esclavos familiares generación tras generación. Eran víctimas de la triple explotación, que les imponían servicios obligatorios, impuestos y arriendos y préstamos con usura, y vivían al borde de la muerte. Según estadísticas incompletas, sólo el Kasha, gobierno local del viejo Tíbet, recaudaba más de 200 tipos de servicios obligatorios e impuestos. Los servicios obligatorios que los siervos prestaban al Kasha y a los latifundistas, ocupaban más del 50 por ciento de su trabajo anual y en algunos casos, dicho porcentaje se elevaba al 70 u 80 por ciento. Más del 60 por ciento de los campesinos y los pastores se encontraban agobiados por pesadas deudas de usura.

Jerarquía estricta y bárbara  opresión política. El Código de Trece Artículos y el Código de Dieciséis Artículos que regían en el viejo Tíbet, clasificaban a las personas en nueve categorías de tres clases políticas y sociales, y en forma legal consagraban y defendían la desigualdad personal en la posición social y política. Estos códigos establecían en términos inequívocos lo siguiente: La vida de las personas superiores de la primera categoría equivalía al peso de su cadáver en oro. Por otra parte, la vida de las personas inferiores de la última categoría no valía más que una soga de paja. Los propietarios de los siervos disponían de estos últimos como bienes privados y podían venderlos, transferirlos, obsequiarlos, empeñarlos e intercambiarlos cuando les viniera en gana. Además, decidían sobre su vida, muerte y casamiento. Si los siervos que se iban a casar no pertenecían a un mismo propietario, debían pagar por redimirse. Los hijos de los siervos estaban condenados a ser siervos. Sus propietarios podían imponerles cualquier tipo de castigo ultrajante, aplicándoles salvajes castigos, como cortarles las manos, los pies, las orejas y la lengua, extraerles los tendones, arrojarlos a los ríos o abismos.

Integración de los poderes político y religioso y un pesado yugo religioso. En la estructura política y social del viejo Tíbet, caracterizada por la integración de los poderes político y religioso, la religión y los monasterios se consideraban el "origen de todas las corrientes", hasta llegar a ser la única ideología imperante y un cuerpo político y económico independiente. Disponían de enorme poderío, numerosos privilegios políticos y económicos, y controlaban la vida espiritual y cultural. Los monjes de alta categoría de los monasterios eran principalmente los que dominaban la vida política de la región, y a la vez, figuraban entre los mayores propietarios de siervos. El Dalai Lama, como uno de los líderes de la escuela Gelug del budismo tibetano, desempeñaba el cargo de jefe del gobierno local del Tíbet, de manera que era la personificación de los poderes político y religioso. En el antiguo gobierno local tibetano existían dos tipos de funcionarios, bonzos y laicos, de los cuales los primeros eran superiores a los últimos. Según estadísticas de 1959, de los 3.300.000 ke (medida tibetana de superficie: 15 ke equivalen a una hectárea) de tierra cultivada, los monasterios y los monjes de alta categoría disponían del 36,8 por ciento, o sea, 1.214.400 ke; los nobles y los funcionarios bonzos y laicos, que componían los gobiernos, poseían el 24 por ciento y el 38,9 por ciento respectivamente. El monasterio Drepung tenía 185 latifundios, 20.000 siervos, 300 pastizales y 16.000 pastores. Conforme con las investigaciones realizadas en los años 50 del siglo XX, en el Tíbet había unos 2.700 monasterios, y 120.000 monjes, que representaban el 12 por ciento de la población tibetana. Cerca de una cuarta parte de los pobladores varones se dedicaban a los ritos budistas (tomaban el hábito). En 1952, entre los 37.000 habitantes de Lhasa, había 16.000 monjes. El gran número de monasterios y monjes y la alta frecuencia de las actividades religiosas, que implicaban un enorme consumo de recursos humanos y la mayor parte de los insumos materiales, llegaron a ser un pesado fardo que obstaculizaba el desarrollo de las fuerzas  productivas. Tal como afirmó el tibetanólogo norteamericano Melvyn C. Goldstein, la religión y el grupo de monasterios eran un "oneroso yugo para el progreso social del Tíbet" y "fuerzas ultraconservadoras"; "debido a la integración de todos los miembros de la etnia al credo y a la detentación por parte de los líderes religiosos de los poderes político y religioso, el Tíbet perdió su facultad de adaptarse a los cambios que se imponían constantemente en el mundo".

Bajo nivel de desarrollo y precaria vida del pueblo. La cruel opresión y explotación del sistema de la servidumbre feudal, especial- mente el incesante consumo de recursos humanos y materiales y la esclavitud espiritual ejercida por la religión y los monasterios bajo el sistema social de integración de los poderes político y religioso, frenaron el entusiasmo de los trabajadores por la producción, sofocaron la vitalidad social y retuvieron al Tíbet en un estado de estancamiento durante largo tiempo. Hasta  mediados del siglo XX, el Tíbet se encontraba todavía extremadamente aislado y atrasado y casi no tenía industria ni comercio modernos, ni tampoco ciencia, tecnología, educación ni salud pública como se les conoce en el mundo moderno. En la producción agrícola se aplicaban modos primitivos y la producción ganadera dependía del pastoreo natural. Los productos agrícolas y ganaderos tenían escasas variedades y degeneraban. Los instrumentos de trabajo no mejoraban. La producción cerealera era solamente de 4 a 10 veces la cantidad de las semillas sembradas. El nivel de producción y desarrollo social era sumamente bajo. Los siervos llevaban una vida pésima, sufriendo hambre y frío, que dejaron numerosos muertos. En ciudades como Lhasa, Sigaze, Qamdo y Nagqu, pululaban los mendigos, entre ellos ancianos, mujeres y niños.

La invasión imperialista agravó las penalidades del pueblo tibetano y también las contradicciones sociales, dificultando el desarrollo continuo de la sociedad tibetana ya de por sí ruinosa. A partir de mediados del siglo XIX, China se convirtió en una sociedad semicolonial y semifeudal. Al igual que los otros lugares del país, el Tíbet fue víctima de la agresión de las potencias occidentales. Los imperialistas ingleses lo invadieron, y allí quemaron, asesinaron y saquearon sin medida. Consiguieron diferentes privilegios, recurriendo entre otras cosas a una serie de tratados desiguales que lograron imponer. Saquearon despiadadamente los recursos naturales, inundaron el mercado tibetano con sus mercancías y ejercieron un control y explotación colonial. Los ingleses prepararon y captaron fieles agentes entre los altos cargos del Tíbet con el complot de separar al Tíbet de China. La opresión y la explotación, tanto internas como extranjeras, empeoraron abruptamente la vida de los siervos, quienes, con el fin de librarse del yugo, opusieron resistencia continua, presentando reclamaciones, escapándose, no pagando los impuestos, negándose a prestar los servicios obligatorios y hasta levantándose en rebeliones armadas. La sociedad tibetana se hallaba acosada por una crisis, y "el sistema social de integración de los poderes político y religioso entró en un período de decadencia como una lámpara en extinción". Ngapoi Ngawang Jigme, quien se desempeñó como Kaloon del gobierno local del viejo Tíbet, señaló en varias ocasiones en los años 40 del siglo XX: "Si el Tíbet sigue por el actual camino, en un corto tiempo todos los siervos morirán, los nobles serán incapaces de subsistir y la sociedad entera se arruinará." De este modo se convirtió en una necesidad histórica imperiosa para el desarrollo de la sociedad tibetana, como anhelo vehemente de todo el pueblo tibetano, librarse de la invasión imperialista y terminar con el yugo del sistema de la servidumbre feudal.

La fundación de la República Popular China en 1949 trajo esperanzas al pueblo tibetano, que vivía en un abismo de sufrimientos. Respondiendo a la ley del desarrollo histórico y partiendo de los intereses de las amplias masas populares tibetanas, el Gobierno Popular Central promovió activamente la liberación pacífica del Tíbet, con lo cual cambió profundamente el destino de la región tibetana, fomentando la reforma democrática, aplicando la autonomía étnica regional, desplegando a gran escala la modernización y llevando a cabo la reforma y la apertura. Todo esto ha impulsado enérgicamente el desarrollo de la sociedad tibetana.

La liberación pacífica abrió las puertas del Tíbet a la modernización. El 23 de mayo de 1951, el Gobierno Popular Central y el gobierno local tibetano de aquel entonces concluyeron el Acuerdo sobre la Liberación Pacífica del Tíbet, conocido también como el Acuerdo de Diecisiete Artículos, que plasmó la liberación pacífica del Tíbet y abrió una página completamente nueva para el desarrollo social del Tíbet. La liberación pacífica del Tíbet forma parte de la revolución democrática nacional de China. Con ella, se liberó al Tíbet de la agresión y el control político y económico de las fuerzas imperialistas, se terminó con la discriminación y la opresión étnicas de los tibetanos ejercidas por la vieja China, se salvaguardó la soberanía estatal, la unificación nacional y la integridad territorial de China, se hizo realidad la unidad entre las diversas etnias del país y la unidad interna de la misma etnia tibetana, proporcionando una condición básica para que el Tíbet y el resto del país progresaran y se desarrollaran a la par. Después de la liberación pacífica, los efectivos del Ejército Popular de Liberación de China y los trabajadores que entraron en el Tíbet ejecutaron firmemente el Acuerdo de Diecisiete Artículos y las políticas concernientes del Gobierno Central, prestaron ayuda activa en la construcción de las carreteras Xikang-Tíbet y Qinghai-Tíbet, el aeropuerto Damxung y muchas obras hidráulicas, así como de fábricas modernas, bancos, casas comerciales, oficinas de correos, granjas, establecimientos docentes, etc., adoptaron una serie de medidas eficaces para ayudar a los campesinos y pastores a desarrollar la producción, desplegaron auxilios sociales, lucharon contra las calamidades, y previnieron y trataron gratuitamente las enfermedades de las masas. Todo esto impulsó el desarrollo económico, social y cultural del Tíbet, y generó una nueva atmósfera de sociedad moderna, civilizada y progresista. Estos cambios ejercieron una influencia transcendental entre las distintas capas sociales del Tíbet, rompieron el prolongado aislamiento y estancamiento en que se había encontrado la sociedad tibetana, iniciaron su proceso histórico hacia la sociedad moderna, y abrieron nuevas y amplias perspectivas para su posterior desarrollo.

La reforma democrática desbrozó el camino para la marcha del Tíbet hacia la modernización. En 1951, año de la liberación pacífica del Tíbet, al reafirmar la necesidad de reformar el sistema social del Tíbet, el Acuerdo de Diecisiete Artículos adoptó una actitud prudente que partía de las peculiaridades históricas y reales de la región, estipulando que "El gobierno local del Tíbet debe encargarse de llevar adelante su propia reforma. Cuando el pueblo pida la aplicación de una reforma, hay que resolver el problema mediante consultas con los dirigentes tibetanos." Empero, ciertos integrantes de la capa dominante superior del Tíbet de entonces se oponían de raíz a la reforma, y gritaban "no reformar durante largo tiempo, ni nunca jamás", con el intento de mantener para siempre la servidumbre feudal. Hacían oídos sordos al creciente clamor popular en pro de la reforma democrática, mientras en confabulación con fuerzas antichinas extranjeras, el 10 de marzo de 1959 instigaron a una rebelión armada, que pereseguía la "independencia del Tíbet" y la separación del Tíbet de la patria. Con el fin de salvaguardar la unidad del país y los intereses fundamentales del pueblo tibetano, el Gobierno Popular Central tomó medidas categóricas y junto con el pueblo tibetano sofocó resueltamente la rebelión armada y procedió a la reforma democrática del sistema social del Tíbet.

La reforma democrática anuló el sistema de propiedad feudal sobre las tierras que detentaban los propietarios de siervos, y las relaciones de subordinación de estos últimos y los esclavos con respecto a sus propietarios, derogó los códigos del viejo Tíbet y los inhumanos castigos penales, suprimió el sistema de integración de los poderes político y religioso y los privilegios feudales de los monasterios. Gracias a ello, el millón de siervos y esclavos se emanciparon en los ámbitos político, económico y espiritual, y se convirtieron en dueños de sus tierras y de otros medios de producción, consiguieron la libertad personal y la libertad de creencia religiosa, materializando así sus derechos como personas. Se liberaron en gran medida las fuerzas productivas y se allanó el camino de desarrollo del Tíbet hacia la modernización. Según las estadísticas, en la reforma democrática se distribuyeron entre los siervos y los esclavos más de 2,8 millones de ke de tierra. En 1960, año en que se completó de manera inicial la reforma democrática, la producción cerealera del Tíbet subió 12,6 por ciento con respecto al año anterior, y 17,7 con relación a 1958, año anterior a la reforma democrática. Los ganados aumentaron 9,9 por ciento en comparación con 1959.

La autonomía étnica regional garantiza como régimen la modernización tibetana. Después de la reforma democrática, al igual que el pueblo del resto del  país, la población tibetana disfruta de todos los derechos políticos estipulados en la Constitución y las leyes. Desde 1961, empezaron a ponerse en práctica las elecciones generales en la región del Tíbet. Los siervos y los esclavos de antaño gozaron por primera vez del derecho democrático de ser dueños de su destino. Tomaron parte activa en las elecciones, y eligieron los órganos de poder y los gobiernos de los distintos niveles de la región autónoma. Una gran cantidad de siervos y esclavos emancipados asumieron cargos dirigentes de los distintos niveles de la Región Autónoma. En septiembre de 1965, se convocó la primera asamblea popular del Tíbet y se proclamó oficialmente la fundación de la región autónoma y el gobierno popular del Tíbet. Gracias a la fundación de la región autónoma y la aplicación de la autonomía étnica regional, el régimen ha garantizado la aplicación en la región de la política de igualdad, unidad, ayuda mutua y prosperidad conjunta entre las diversas  etnias del país, además de los derechos del pueblo tibetano a participar sobre la base de igualdad en la administración de los asuntos estatales y en la administración autónoma de los asuntos de su propia región y etnias. De esta manera, el Tíbet ha logrado una sólida garantía para desarrollarse junto con el resto del país, partiendo de sus propias peculiaridades y contando con el apoyo y ayuda especial del Estado.

La reforma y la apertura han constituido un poderoso motor impulsor para la modernización tibetana. En los años 80 del siglo XX, al igual que en todo el país, en el Tíbet se despertó un gran fervor por la reforma, la apertura y la modernización. A fin de fomentar el desarrollo del Tíbet, el Gobierno Central elaboró una serie de medidas políticas de especial preferencia para su desarrollo económico, entre las cuales figuraban la de que "cada familia campesina usufructúa sus tierras, con administración autónoma y sin cambios durante largo tiempo", y que "los ganados pertenecen a los pastores como su propiedad privada, quienes se encargan de su crianza con administración autónoma, sin cambios durante largo tiempo." Estas medidas políticas promovieron la reforma de la estructura económica y la apertura del Tíbet hacia el exterior. Desde 1984, en el Tíbet culminaron 43 proyectos con inversión estatal y ayuda de 9 provincias y municipios del país. Gracias a las políticas de reforma y apertura y al apoyo estatal, se han prosperado y desarrollado la industria, la agricultura, la ganadería y el sector terciario, que comprende el comercio, la restauración y el turismo, y se ha elevado el nivel industrial en su conjunto y el nivel de comercialización de las actividades económicas, llevando el desarrollo económico y social del Tíbet a una nueva etapa.

La preocupación especial del Gobierno Central y el apoyo de todo el país han permitido la aceleración de la modernización tibetana. En 1994, el Gobierno Central celebró la tercera conferencia de trabajo sobre el Tíbet, en la cual se definió la orientación del trabajo en  el  nuevo período en el Tíbet, consistente en concentrarse en la construcción económica, empeñarse con firmeza en el desarrollo económico y la estabilidad social, garantizar el veloz crecimiento de la economía tibetana, el progreso general y la seguridad permanente de la sociedad, así como la constante elevación del nivel de vida del pueblo. En esta conferencia se tomó la importante resolución de que el Gobierno Central vela por el desarrollo del Tíbet y todo el país le presta apoyo. A este tenor se elaboró una serie de políticas y medidas preferenciales para acelerar su desarrollo, y por ello se ha formado una nueva configuración para apoyar en todos los terrenos la modernización tibetana, en la cual, el Estado invierte directamente en los proyectos de construcción, el Gobierno Central le concede subsidios financieros, y todo el país le ofrece su apoyo correspondiente. Desde 1994, el Gobierno Central ha invertido un total de 4.860 millones de yuanes directamente en la construcción de 62 proyectos; 15 municipios y provincias y los ministerios y comisiones estatales construyeron 716 proyectos de forma altruista, con una inversión total de 3.160 millones de yuanes. Desde los distintos lugares del país se enviaron sucesivamente unos 1.900 cuadros y profesionales para ayudar al Tíbet. Todo esto mejoró las condiciones de producción y de vida de la región autónoma e impulsó su desarrollo económico y social. Mientras tanto, el Tíbet promovió de manera general la reforma del sistema económico y del sistema científico y tecnológico, reajustó la estructura económica y el mecanismo administrativo empresarial, instauró y perfeccionó el sistema de la seguridad social, amplió la envergadura de la apertura, atrayendo y estimulando activamente la participación de los fondos sociales tanto nacionales como extranjeros en su construcción económica. La economía de variadas propiedades progresó mucho y se fortaleció la vitalidad interna del desarrollo del Tíbet. En junio del año 2001, el Gobierno Central celebró la cuarta conferencia de trabajo sobre el Tíbet, en la cual se programó un grandioso plan para materializar en todos los aspectos la modernización tibetana en el nuevo siglo, y se decidió recurrir a políticas y medidas aún más eficaces para incrementar el apoyo a la modernización tibetana.

Gracias a la preocupación especial del Gobierno Central, el apoyo de los diversos lugares del país y el esfuerzo de las distintas etnias del pueblo tibetano, la economía tibetana ha avanzado a ritmo acelerado, el nivel de vida del pueblo se ha elevado notablemente y la modernización tibetana se ha desarrollado con un vigor sin precedentes. Según las estadísticas, de 1994 a 2000, el producto interior bruto (PIB) de la Región Autónoma del Tíbet creció 1,3 veces, con un incremento anual del 12,4 por ciento, lo que terminó con la situación en la que el incremento regional era inferior al promedio nacional; el ingreso disponible de los habitantes urbanos, y el de los campesinos y pastores aumentó 62,9 y 93.6 por ciento, respectivamente; la población necesitada disminuyó de 480.000 personas a comienzos de la década de los 90 del siglo XX a 70.000 personas.

En síntesis, la historia de los 50 años que siguieron a la liberación pacífica del Tíbet ha sido una marcha de las tinieblas a la luz, del atraso al progreso, de la pobreza a una vida confortable, del aislamiento a la apertura, una historia en la cual el Tíbet se encamina de forma constante hacia la modernización junto a la gran familia de la patria.

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