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2.
Éxitos logrados en la modernización tibetana
Durante
los últimos 50 años, bajo la dirección del Gobierno Central y con
el apoyo del pueblo del resto del país, la población tibetana de
distintas etnias, gracias a sus incansables esfuerzos, ha avanzado sin
cesar por el camino hacia la modernización y ha conseguido brillantes éxitos,
que han atraído la atención de todo el mundo.
La
economía ha progresado a pasos agigantados.
Durante los últimos 50 años, el sistema económico y la estructura
económica conocieron enormes cambios y el volumen global de la economía
ha experimentado gigantescos saltos hacia adelante, diciendo adiós
definitivamente a la aislada economía natural latifundista, y marchando
hacia la economía de mercado moderna. En 2000, el PIB de la región autónoma
llegó a ser de 11.746 millones de yuanes, duplicando el de 1995, y
cuadruplicando el de 1990, o sea, más de 30 veces que el nivel de antes
de la liberación pacífica. La estructura económica ha venido racionalizándose.
En el PIB, el porcentaje del sector primario bajó del 99 por ciento de
hace cincuenta años al 30,9 por ciento, y el porcentaje de los
sectores secundario y terciario ascendió hasta el 23,2 y 45,9 por ciento,
respectivamente.
La
industria moderna creció de la nada, y poco a poco se ha convertido en un
importante pilar para fomentar el acelerado desarrollo económico de la
Región Autónoma del Tíbet. Hasta hoy, se han instituido más de 20
ramas industriales, tales como la industria energética, ligera, textil,
de maquinaria, silvicultora, minera, de materiales de la construcción, química,
farmacéutica, de imprenta y alimentaria. Dentro del sistema industrial
moderno con peculiaridades locales del Tíbet, han destacado una serie de
productos prestigiosos de fama nacional, tales como la cerveza Lhasa, los
medicamentos Qizheng y las motocicletas Zhufeng. En el año 2000, el
sector secundario tibetano ya contaba con 482 empresas de nivel cantonal
para arriba y registró un valor añadido de 2.721 millones de
yuanes.
Las
industrias básicas, como la energética y el transporte, están en
vigoroso ascenso. La industria eléctrica se ha desarrollado con rapidez,
formando un sistema de generación eléctrica complementaria entre las
energía hidráulica, eólica y solar, con la primera como principal.
Hasta
el año 2000, en la región autónoma se habían construido 401
centrales eléctricas de diversa índole, con una capacidad instalada de
356.200 kilovatios, que generaban anualmente 661 millones de kilovatios/hora.
Se presenta una diferencia abismal frente a la situación de antes de la
liberación pacífica, situación en que había
una sola pequeña estación eléctrica de 125 kilovatios, que
servía únicamente a los pocos nobles de la capa superior y funcionaba de
modo intermitente. Se ha formado una red tridimensional de transporte, en
la cual las carreteras juegan el principal papel, y las líneas aéreas y
los conductos se desarrollan armoniosamente, con lo cual se pone punto
final a la historia de inexistencia de carreteras en el viejo Tíbet. En
la actualidad, se ha construido una red de carreteras con Lhasa como
centro y las carreteras Qinghai-Tibet, Sichuan-Tíbet, Xinjiang-Tíbet,
Yunnan-Tíbet y China-Nepal como vertebrales. Esta red incluye 15
carreteras troncales y 375 carreteras secundarias, y se extiende por todas
partes del Tíbet. Las carreteras tibetanas, que tienen un kilometraje
total de 22.500 kilómetros, llegan a todas sus capitales distritales
y al 80 por cientos de sus cantones. La
región autónoma del Tíbet cuenta con dos aeropuertos de aviación
civil, el de Gonggar en Lhasa y el de Bamda en Qamdo,
que mantienen vuelos nacionales e internacionales de Lhasa a Beijing,
Chengdu, Xi'an, Xining, Shanghai, Diqing (provincia de Yunnan), Kunming,
Hong Kong y Kathmandu (Nepal). Se ha construido el oleoducto más alto
sobre el nivel del mar del mundo, de 1.080
kilómetros de largo, entre Golmud
y Lhasa, a través del cual se transporta más del 80 por ciento del
combustible líquido necesitado en el Tíbet. En junio del 2001, se inició
la construcción de la línea ferroviaria Lhasa-Golmud, y en un futuro no
muy lejano el Tíbet pondrá fin a su falta histórica de líneas
ferroviarias.
El
sector terciario ha llegado a ser la mayor rama industrial del Tíbet. Se
han expandido velozmente el comercio moderno, el turismo, los correos y
telecomunicaciones, la restauración, los servicios culturales y
recreativos, la tecnología informática, y otras industrias desconocidas
en el viejo Tíbet. Las telecomunicaciones han registrado un gran
desarrollo y han configurado una red de telecomunicaciones, red que tiene
a Lhasa como centro y cubre toda la región por medio de cables de fibras
ópticas, transmisión satélite e integración de diferentes formas de
enlace, como la conmutación de control programado, vía satélite y
telecomunicaciones digitales y móviles. En el año 2000, los
correos y telecomunicaciones del Tíbet generaron 384 millones de yuanes,
con un ingreso de 123 millones de yuanes, cifras que son 179 y 1.086 veces
más que las de 1978, respectivamente. Durante más de 20 años, se
incrementaron anualmente en un promedio de 26,6 y 24,3 por ciento. A
finales del 2000, la región tenía una capacidad instalada de 170.200 líneas
de teléfonos fijos y 111.100 usuarios y una capacidad instalada de
123.000 teléfonos móviles y 72.300 usuarios; funcionaban 9 estaciones de
Internet con 4.513 usuarios. En el año 2000, el sector terciario
logró un valor añadido de 5.393 millones de yuanes, ocupando el
primer puesto en el PIB del Tíbet.
El
modo de producción de la agricultura y de la ganadería experimentó una
transformación radical. La productividad y el rendimiento de la producción
se han elevado en gran medida. A partir de la liberación pacífica, el
Estado invirtió enormes fondos en las instalaciones básicas de las
tierras cultivadas y las obras hidráulicas, y desarrolló numerosos
proyectos fundamentales para la agricultura y la ganadería, entre los
cuales se destaca la explotación general del valle central de los
"tres ríos" (el Yarlungzangbo, el Lhasa y el Nyangqu),
mejorando en gran medida las condiciones de la producción agrícola y
ganadera del Tíbet. Los campesinos y
pastores tibetanos dejaron de cultivar las tierras y criar los
ganados a merced de la naturaleza, y se ha generalizado el uso de la
ciencia y tecnología agrícolas y ganaderas, tales como abono científico
de fertilizantes, la crianza científica para obtener mejores semillas y
variedades de ganado, la prevención y tratamiento científicos de las
plagas de enfermedades y insectos dañinos, la crianza científica
de ganados, así como el reajuste del ganado.
Se
ha elevado mucho el nivel de mecanización y la productividad de la
agricultura. La producción agrícola y ganadera ha iniciado su
modernización. En el año 2000, el sector
primario del Tíbet obtuvo un valor agregado de 3.632 millones de yuanes,
la producción cerealera fue de 962.200 toneladas, y los ganados en corral
fueron 22.660.000 cabezas. Esto
permite al Tíbet autoabastecerse de cereales y aceites, y allí la posesión
per cápita de carne y leche es superior al promedio nacional.
El
nivel de urbanización mejora
constantemente.
El viejo Tíbet se hallaba en un estado de economía natural, y carecía
de la fuerza motriz para el desarrollo urbano. Las ciudades y poblados
eran escasos y pequeños. Lhasa, la ciudad más poblada, tenía
apenas unos 30.000 habitantes, y otros lugares, cuyas poblaciones eran
relativamente grandes, no eran sino unas grandes aldeas con varios miles
de habitantes, y no podían considerarse como ciudades. Incluso en la
misma Lhasa faltaba un sistema completo de administración urbana, apenas
había instalaciones públicas y las funciones urbanas eran sumamente
pobres. Hoy en día, la envergadura de Lhasa se extiende incesantemente al
mismo ritmo que el desarrollo industrial. En el año 2000, en la
Región Autónoma se administran 2 municipios, 72 distritos y barrios
urbanos y 112 poblados, con una población urbana total de 491.100
habitantes, y una superficie urbana de 147 kilómetros cuadrados. La función
urbana de las ciudades y poblados se ha venido perfeccionando
constantemente. Las calles, el suministro de agua, la seguridad pública y
los servicios comunitarios han llegado a ser un sistema completo, y a
satisfacer en lo fundamental las necesidades de la vida de los pobladores
y las del desarrollo económico de las ciudades. Se está modernizando la
administración urbana y la protección ambiental. El área verde pública
urbana per cápita es de 10,27 metros cuadrados, y la tasa de cobertura de
la reforestación es de 24,4 por ciento. En cuanto al índice del medio
ambiente urbano, el Tíbet se encuentra en el primer puesto del país. En
el Tíbet se han conformado ya conjuntos de ciudades y poblados con Lhasa
como centro, y se está configurando una estructura económica en la cual
las ciudades y poblados desempeñan el papel vertebral, impulsando
el crecimiento económico de los alrededores, y se desarrollan
conjuntamente las zonas urbanas y rurales.
La
apertura al exterior surtió evidentes efectos.
Gracias a la reforma y apertura, el comercio interior y exterior y el
turismo han conseguido un desarrollo nunca antes visto, se han reforzado
sus relaciones y cooperación con el interior del país y con el mundo. El
sistema regional de mercado del Tíbet ya ha tomado cuerpo inicial, y se
está nivelando gradualmente con los otros sistemas de mercado nacionales
e internacionales. Numerosos campesinos y pastores salen de las zonas
rurales, se integran a la marea de la economía mercantil y empiezan a
administrar sus negocios. Mercancías procedentes de todo el país y de
distintos lugares del mundo afluyen continuamente al Tíbet, enriqueciendo
los mercados urbanos y rurales y la vida de los tibetanos. Numerosos
productos de prestigio y de calidad y productos manufactureros especiales
de la etnia tibetana entran en los mercados nacional e internacional. El
desarrollo vigoroso del comercio impulsa enérgicamente la industria de
procesamiento de productos agrícolas y ganaderos, y la producción agrícola
y ganadera está marchando hacia la comercialización. El Estado ha
elaborado una serie de políticas preferenciales para estimular y atraer
empresas nacionales e internacionales para que inviertan y administren
empresas en la Región Autónoma y que la región extienda en gran medida
su intercambio y cooperación económicos con el exterior. En los últimos
5 años, el Tíbet obtuvo una inversión extranjera contratada de
125 millones de dólares. En el año 2000, el monto global de la
importación y la exportación de la región fue de 130 millones de dólares,
con 113 millones provenientes de la exportación.
Como
"Techo del Mundo", la Región Autónoma del Tíbet atrae, por
sus paisajes naturales, monumentos culturales, así como costumbres y hábitos
peculiares, a gran número de turistas nacionales y extranjeros. El viaje
al Tíbet ha pasado a ser una ruta turística sumamente atractiva. En el año
2000, la región atendió a 598.300 turistas nacionales y extranjeros,
entre los cuales 148.900 vinieron de ultramar, y consiguió un ingreso
directo del turismo de 780 millones de yuanes y un ingreso indirecto de
2.980 millones de yuanes, sumas que representaron el 6,6 y 25,38 por
ciento del PIB de la región, respectivamente.
El
medio ambiente y la economía se desarrollan armo- niosamente.
El medio ecológico del Tíbet es bastante débil. La explotación de la
región autónoma a gran escala significa inevitable- mente una alta presión
sobre la protección del medio ambiente. Después de aplicar la política
de reforma y apertura, tanto el Gobierno Central como el gobierno local
del Tíbet perseveran siempre en la estrategia de desarrollo sostenible,
planifican y ejecutan paralelamente la protección ambiental y la
construcción económica, y aseguran una plena protección del medio ecológico
en los estudios de la factibilidad, el diseño y la construcción,
así como en la operación de cada proyecto, con el fin de contribuir al
desarrollo armonioso del medio ambiente y de la economía. El Tíbet
elaboró y puso en práctica “Los Reglamentos de Protección del
Medio Ambiente”, “Los Reglamentos de Administración de los
Recursos Geológicos y Minerales”, y medidas de ejecución y reglas
detalladas relacionadas con las leyes del Estado, tales como la “Ley
de Administración de la Tierra”, la “Ley del Agua”, la
“Ley de Conservación del Suelo y Agua”, la “Ley de la
Pradera”, y la “Ley de Protección de la Fauna Salvaje”.
Estos documentos legales han formado todo un sistema administrativo y
supervisor eficaz para proteger el medio ambiente y prevenir la
contaminación. Y así la mayoría de selvas, ríos, lagos, praderas,
humedales, glaciares, montañas nevadas, animales salvajes y plantas
silvestres permanecen en una protección relativamente buena, mientras el
agua y el aire conservan una calidad aceptable. En el Tíbet se han
establecido de forma sucesiva 18 reservas naturales de nivel nacional y
provincial, entre ellas la de Qiangtang, la montaña Qomolangma
y la Gran Garganta del río Yarlungzangbo,
y su superficie total representa la mitad de todas las reservas nacionales.
Estas reservas naturales tibetanas desempeñan un importante papel
en la protección y mejoramiento del vulnerable medio ecológico de la
meseta. En loa últimos años, el Tíbet ha invertido más de 50
millones de yuanes para tratar el aire y aguas residuales de la cervecería
de Lhasa, la central eléctrica de Yangbajing,
la talabartería de Lhasa, el Hospital del Pueblo de la Región Autónoma,
la planta de cemento de Lhasa, etc., mejorando efectivamente el ambiente
de las ciudades y la calidad de las aguas de sus cercanías. Desde 1991,
el Tíbet ha hecho una inversión acumulativa de 900 millones de yuanes en
proyectos de explotación de la zona de los "tres ríos (el
Yarlungzangbo, el Lhasa y el Nianchu)". Estos proyectos han desempeñado
un activo papel en la prevención de la pérdida de agua, la erosión del
suelo y la desertización, con la construcción de obras hidráulicas, el
mejoramiento de las praderas, la transformación de las tierras cultivadas
de bajo rendimiento y la plantación de árboles en grandes extensiones de
tierra. Como resultado, se han obtenido efectos favorables en la sociedad,
economía y protección medioambiental. Las evaluaciones del medio
ambiente muestran que la ecología tibetana aún permanece
fundamentalmente en un estado primario y posee el mejor estado
medioambiental del país. Tras iniciarse la estrategia de desarrollo del
oeste del país y llevarse a la práctica el espíritu de la cuarta
conferencia de trabajo sobre el Tíbet, celebrada por el Gobierno Central,
la región está intensificando la protección del medio ambiente, y
planea invertir, hasta mediados de este siglo, 22.700 millones de yuanes
en la construcción de 160 importantes proyectos de protección ecológica,
para que el medio ecológico del Tíbet esté mejor protegido.
La
educación, la ciencia y la tecnología, y la salud pública han mejorado
con rapidez.
En el viejo Tíbet no existía ninguna escuela, tal como se considera en
la actualidad a éstas. Los monasterios monopolizaban la educación.
Aproximadamente, sólo el 2 por ciento de los niños en edad escolar
podían ir a la escuela. El analfabetismo entre los jóvenes y adultos
estaba por encima del 95 por ciento. Hoy en día, la educación se ha
generalizado entre la población. La masa popular disfruta del derecho a
la educación, y en ella el Estado invirtió grandes fondos. En la Región
Autónoma, se ha formado un sistema educativo relativamente completo, que
comprende la educación general, la infantil, la de adultos, la
profesional y la especial. En el año 2000, en la región había 956
centros docentes de diversos tipos, con 381.100 estudiantes. El ingreso a
las escuelas se elevó al 85,8 por ciento entre los niños en edad
escolar. El analfabetismo bajó al 32,5 por ciento. Un total de 33.000
personas recibieron educación universitaria, cifra que representa un 12,6
por cada mil tibetanos, porcentaje mayor que el promedio nacional. El Tíbet
cuenta con sus propios licenciados y doctores y también tiene un buen número
de especialistas y eruditos de renombre nacional.
La
ciencia y la tecnología modernas del Tíbet, que nacieron de la nada, se
han desarrollado rápidamente. Antes de la liberación pacífica, en la
región no había ningún organismo moderno de investigación científica.
Incluso las tecnologías aplicadas, como el calendario astronómico
estaban cubiertas por un velo de misterio religioso y monopolizadas por
los monasterios. Durante los últimos 50 años, el Gobierno Central
y el gobierno local tibetano han prestado suma atención a la investigación
científica y a la generalización y la aplicación de la ciencia y la
tecnología, han establecido 25 institutos de investigación científica
con 35.000 científicos y técnicos profesionales. Las ramas de
investigación abarcan la historia, la economía, la demografía, el
idioma, la religión, la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la
ecología, la biología, la medicina y la farmacología tibetanas, el lago
salado, la geotermia, la energía solar, etc. Entre estas ramas, la
tibetanología, la ecología de meseta y la medicina tibetana se hallan en
el nivel avanzado del país, y se han logrado una serie de frutos académicos
de repercusión internacional.
El
servicio médico y la sanidad han conocido un desarrollo vigoroso. En el
viejo Tíbet, los nobles feudales y los monasterios monopolizaban la
medicina y la farmacología tibetanas; reinaba una extrema escasez de
medicamentos y de servicios médicos. Los pobladores, al caerse enfermos,
no tenían con qué pagar la asistencia médica ni ningún lugar para
tratar sus enfermedades. Ahora el Tíbet ya ha creado una red de servicios
médicos y sanidad pública con una combinación entre la medicina
tradicional china, la occidental y la tibetana, red que tiene a Lhasa como
centro y se extiende por todas las zonas urbanas y rurales. La medicina
tibetana con sus propias peculiaridades ha sido difundida a diversos
lugares del país, siendo bien acogida por todo el pueblo chino y, además
ha sido dada a conocer al mundo. En el año 2000, funcionaban 1.237
establecimientos de servicios médicos en la región, con 6.348 camas de
hospital y 8.948 profesionales. El porcentaje de camas de hospital y de técnicos
profesionales por cada mil personas supera el promedio nacional. En la
actualidad la asistencia médica cooperativa cubre el 80 por ciento del Tíbet,
y la vacunación planificada de los niños llega al 97 por ciento.
Se han producido cambios radicales en la situación de escasez de
medicamentos y de servicios médicos y se ha elevado en gran medida el
nivel de la salud popular. Se ha reducido hasta 8 por cada mil la
incidencia de la viruela, el cólera, las enfermedades venéreas, el tifus,
la escarlatina, el tétanos y otras enfermedades contagiosas y endémicas,
que atacaban con frecuencia a los habitantes del viejo Tíbet. Incluso se
han extinguido algunas de las enfermedades mencionadas. La tasa de
mortalidad de las parturientas y embarazadas ha descendido del 50 por mil
de 1959 a alrededor del 7 por cada mil. La tasa de mortalidad de los recién
nacidos ha bajado de 430 por mil a 6,61 por mil. La expectativa de vida
media se ha prolongado de los 35,5 años de la década del 50 del
siglo XX a los 67 años de hoy. El crecimiento demográfico era
sumamente lento en el viejo Tíbet. En más de 200 años
transcurridos antes de la década del 50, la población tibetana oscilaba
siempre alrededor de un millón de habitantes (según el censo demográfico
realizado por el gobierno de la dinastía Qing entre 1734 y 1736, había
en el Tíbet 941.200 personas; y en 1953 el gobierno local del Tíbet
encabezado por el Dalai Lama declaró al gobierno central que había en el
Tíbet un millón de habitantes. Esto demuestra que en 200 años la
población tibetana sólo se incrementó en 58.000 personas). En cambio,
en los más de 40 años después de la reforma democrática, la
población tibetana llegó a ser de 2.598.300 personas, un incremento de
1,6 veces.
La
cultura física tibetana ha progresado notablemente. En la Región Autónoma
se han construido un número de instalaciones deportivas acordes con los
estándares y normas internacionales, al tiempo que se han descubierto,
estandarizado y popularizado una serie de deportes típicos de la región.
Varios deportes tradicionales del Tíbet se han generalizado como eventos
de competición deportiva nacional en el país. Numerosos sobresalientes
deportistas tibetanos han ganado excelentes resultados en los distintos
eventos y torneos deportivos nacionales. El alpinismo tibetano se halla
siempre en el primer puesto del país. En 1999, el Tíbet y Beijing,
capital de la República Popular, celebraron juntos el VI Encuentro
Deportivo Nacional de las Minorías Étnicas, ayudando como resultado a
elevar aún más el nivel deportivo del Tíbet.
Se
promociona, protege y desarrolla la excelente cultura tradicional.
El Estado ha destinado grandes fondos y una gran cantidad de oro y plata a
la reparación, protección y mantenimiento de las importantes reliquias
históricas del Tíbet. El Palacio Potala y el monasterio de Jokhang
fueron catalogados como patrimonios culturales de la humanidad por la
UNESCO. Con la ayuda especial del Estado, se ha consumado la revisión de Tripitaka
(Gangyur y Tengyur) en
tibetano. Esta obra literaria, de la secta Bon y conocida como la "Enciclopedia
de la sociedad antigua del Tíbet" se ha ordenado y se ha editado
integralmente. Sobre El Rey Gesar, que tenía más de 200 tomos,
circulaba oralmente entre el pueblo y se conoce como la "Epopeya de
Homero del Este", con el enérgico apoyo del Estado y un esfuerzo de
varias décadas, se han recopilado más de 300 tomos en manuscritos y xilografías,
y se han editado más de 70 tomos en tibetano, más de 20 tomos en el
idioma han y ciertos tomos en inglés, japonés y francés. Las canciones
populares, las danzas folklóricas, las óperas locales y otras formas artísticas
se han innovado y desarrollado, logrando nuevas y mejores formas de
expresión, y han sido puestos en escenarios importantes. Con una inversión
del Estado se ha construido el Museo del Tíbet, la Biblioteca del Tíbet,
salas de exposición, cines y otras instalaciones culturales y recreativas,
dotadas de equipos avanzados y funciones completas, con los cuales el Tíbet
terminó su falta histórica de instalaciones culturales. En el año
2000, en la Región Autónoma había más de 400 salas y centros
artísticos y culturales, y 25 conjuntos artísticos profesionales
de distintos tipos. Entre ellos, el Conjunto de Cantos y Danzas de la Región
Autónoma, el Conjunto de la Ópera Tibetana y el Teatro Tibetano son los
más importantes. Además de estos conjuntos profesionales, desarrollan
actividades artísticas y culturales más de 160 compañías no
profesionales y 17 compañías itinerantes de espectáculos artísticos
de nivel distrital, satisfaciendo las necesidades culturales de las
amplias masas populares.
Se
respetan y heredan las peculiaridades y tradiciones de la etnia tibetana.
Según la ley, la Región Autónoma tiene el derecho a decidir los asuntos
regionales ateniéndose a las características políticas, económicas y
culturales, a elaborar leyes y reglamentos concernientes y a aplicar de
manera flexible o dejar de aplicar, previa autorización, las resoluciones
de los órganos superiores del Estado. Desde 1965, la Asamblea Popular de
la Región Autónoma y su comité permanente ha elaborado y promulgado más
de 160 leyes y reglamentos regionales, que atañen a la construcción
del Poder, el desarrollo económico, la educación y cultura, el idioma y
la escritura, la protección de las reliquias históricas, la fauna
salvaje y los recursos naturales, garantizando efectivamente los intereses
particulares de la población tibetana. Por ejemplo, además de las
fiestas nacionales, los órganos de poder y de administración tibetanos
incluyeron en las vacaciones de la Región Autónoma varias fiestas
tradicionales de la etnia tibetana, tales como el "Año Nuevo
del Calendario Tibetano" y la "fiesta de Shooton". Teniendo
en cuenta los factores naturales y geográficos especiales del Tíbet, la
Región Autónoma estipuló un horario laboral de 35 horas semanales, 5
horas menos que el estipulado por la ley nacional.
La
libertad de creencia religiosa, las costumbres y los hábitos del pueblo
tibetano son respetados y protegidos. Según las estadísticas, a partir
de los años 80 del siglo pasado, el Estado asignó al Tíbet más
de 300 millones de yuanes y una gran cantidad de oro, plata y otros
materiales para restaurar, proteger y mantener los monasterios. El Estado
dedicó más de 55 millones de yuanes a la reparación del Palacio Potala,
que duró más de 5 años
y fue la reparación más costosa y grandiosa durante varios siglos de
existencia del Palacio. En la actualidad, en el Tíbet hay 1.787
monasterios o lugares de culto religioso, y más de 46.000 monjes o monjas
internos. Se celebran normalmente las importantes fiestas y actividades
religiosas. Todos los años, más de un millón de creyentes
peregrinan a Lhasa para venerar al Buda y quemar inciensos. Los tibetanos
conservan todavía sus modos y estilos tradicionales de vestir, la comida
y la vivienda. Sobre esta base, han asimilado también muchas costumbres
civilizadas y modernas en cuanto al vestir, la comida, la vivienda, los
viajes, las bodas, los entierros, etc., enriqueciendo su propia vida.
Se
protege efectivamente la libertad del pueblo tibetano de aprender,
utilizar y desarrollar el idioma y la escritura de su propia etnia. El
gobierno instituyó el Comité Orientador del Idioma Tibetano e
instituciones de traducción, que se encargan especialmente de promover el
estudio, el uso y el desarrollo del idioma tibetano. El tibetano es la
asignatura principal de las escuelas de diferentes tipos y de distintos
niveles. En el Tíbet se han redactado y traducido libros de texto y
manuales de referencia en tibetano para todos los cursos desde la enseñanza
primaria hasta el segundo ciclo de la secundaria. La Universidad del Tíbet
ha redactado en tibetano 19 tipos de materiales de enseñanza de
letras y humanidades y ha empezado su uso experimental en las clases. Las
leyes, los reglamentos, las resoluciones, los documentos oficiales, los
anuncios de las asambleas populares y los gobiernos tibetanos, así como
los tableros de los organismos y de los lugares públicos están siempre
escritos tanto en el idioma tibetano como en el han (chino). En la
instrucción de los casos en que participan tibetanos, los tribunales y
las fiscalías utilizan el tibetano en sus documentos legales. Todos los
periódicos, las estaciones de radio y de televisión trabajan con
tibetano y han. La Radio Popular del Tíbet emite diariamente 20,5 horas
en tibetano, que ocupan el 50 por ciento de la programación. La Estación
de Televisión del Tíbet transmite diariamente 12 horas de programas en
tibetano. Desde 1999, el canal en tibetano se transmite oficialmente a
través de satélite. Actualmente, en el Tíbet se editan y distribuyen
oficialmente 23 periódicos y revistas en tibetano. El Diario del Tíbet
ya dispone del sistema computarizado en tibetano para el trabajo
editorial. Se han hecho grandes progresos en la estandarización de las técnicas
informáticas del idioma tibetano. La codificación del idioma ya figura
entre las normas nacionales e internacionales, siendo la primera escritura
de las minorías étnicas chinas con normas internacionales.
La
calidad de la vida del pueblo ha mejorado considera-
blemente.
El desarrollo económico y social ha elevado notablemente el nivel de vida
del pueblo tanto en lo material como en lo cultural. En el año
2000, la población de diversas
etnias de la Región Autónoma se libró en lo fundamental de la pobreza
para tener lo suficiente para
comer y vestirse. Una parte de la masa popular ya lleva una vida
modestamente acomodada. Gracias a esas mejoras, la estructura de consumo
se ha diversificado. Los refrigeradores, televisores en color, lavadoras,
motocicletas, relojes y otros artículos de consumo han entrado en las
casas del pueblo. Muchos campesinos y pastores, después de hacer fortuna,
construyeron nuevas casas, y algunos de ellos compraron automóviles. En
la actualidad, la superficie habitada per cápita del Tíbet se halla en
el primer puesto del país. Los medios de difusión como la radio, la
televisión, las telecomunicaciones e Internet están al mismo nivel
nacional e internacional, y se ven en la vida cotidiana de las masas
populares. En el año 2000, la radio y la televisión llegaba al
77,7 y 76,1 por ciento de la población regional. En la mayoría de las
zonas de la Región Autónoma, la población puede informarse, a través
de la radio y la televisión, de los acontecimientos sucedidos el mismo día
en el país y en el mundo. Además, se puede conseguir más informaciones
por medio del teléfono, telegramas, fax, Internet y otros medios y
comunicarse con distintos lugares del país y del mundo.
La
posición política del pueblo se eleva constantemente y se propicia
amplia participación popular en la política. Al igual que en todo el país,
el pueblo tibetano goza, por ley, del derecho a elegir y a ser elegido, y
participa ampliamente en la administración de los asuntos estatales y
regionales. Ahora, entre los diputados a la Asamblea Popular Nacional hay
19 representantes de la Región Autónoma del Tíbet, entre los cuales el
80 por ciento son de la etnia tibetana y de otras etnias minoritarias.
Entre los diputados a las asambleas populares regional, distritales y
cantonales, la etnia tibetana y otras minorías étnicas representan el
82,4, 92,62 y 99 por ciento. Los cargos principales de las asambleas
populares, los gobiernos, las conferencias consultivas políticas, así
como de las fiscalías y los tribunales a los distintos niveles son
desempeñados por ciudadanos de la etnia tibetana. En los
departamentos de los órganos estatales centrales hay también tibetanos
en los cargos dirigentes. Entre el presidente y los vicepresidentes del
comité permanente de la asamblea popular de la Región Autónoma, la
etnia tibetana y otras minorías étnicas ocupan el 71,4 por ciento; entre
los miembros del comité permanente de la Asamblea Popular, el 80 por
ciento; entre el presidente y los vicepresidentes del gobierno popular, el
77,8 por ciento; entre todos los cuadros de la Región Autónoma, el 79,4;
y entre los técnicos y profesionales, el 69,36 por ciento.
El
Tíbet sigue siendo una región subdesarrollada en el país, porque se
halla situado en el "Techo del Mundo", vive en rigurosas
condiciones naturales, como terrenos altos y fríos, y la escasez de oxígeno,
y se encuentra limitado por el nivel de desarrollo sumamente bajo y por
las condiciones sociales e históricas, que le ha dejado la sociedad
atrasada de servidumbre feudal. Su volumen económico global es pequeño;
su nivel de desarrollo, bajo; su agricultura, ganadería y medio ecológico,
frágiles; sus instalaciones infraestructurales, débiles; su ciencia,
tecnología y educación, atrasadas, y le falta capacidad de acumularse
y desarrollarse con sus propios medios. El nivel de la modernización
tibetana aún dista mucho del de las zonas litorales del sudeste de China.
Empero, no hay lugar a dudas de que el desarrollo de los últimos 50 años
ha cambiado en gran medida su fisonomía atrasada y pobre de antaño
y ha sentado sólidas bases para que el Tíbet materialice a grandes pasos
su modernización.
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