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Nueva oleada de críticas hacia China, irresponsable y dañina para lazos con EEUU

Actualizado a las 07/06/2015 - 08:41
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WASHINGTON, 5 jun (Xinhua) -- Una nueva oleada de críticas contra China está llegando actualmente a nuevas alturas en medio de la más reciente acusación de Estados Unidos contra China por un ataque cibernético contra redes de computación federales estadounidenses, lo amenaza con tener implicaciones dañinas para las relaciones China-Estados Unidos.

La reciente histeria contra China subió de tono el jueves cuando el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos dijo que una masiva cantidad de datos de la Oficina de Manejo de Personal y del Departamento del Interior se vieron comprometidos en ataques cibernéticos.

Citando a funcionarios estadounidenses y fuentes del Congreso no identificados, los medios de Estados Unidos rápidamente señalaron con el dedo a China por el ataque cibernético sin tener prueba alguna.

Estas afirmaciones y acusaciones parecen formar parte de una cacería de brujas estadounidense contra China tras las agravadas tensiones surgidas por las diferencias con respecto a las actividades de construcción de China en el disputado Mar Meridional de China.

La insistencia de China en su derecho a construir instalaciones en sus islas y arrecifes a pesar de los llamados de Estados Unidos para que suspenda actividades, al parecer ha enojado a un estable grupo de elementos de línea dura contrarios a China en Washington, quienes durante mucho tiempo han pedido a la administración Obama adoptar una posición dura hacia Beijing considerado por ellos como un importante rival estratégico de Estados Unidos.

En muchos foros de especialistas de Estados Unidos, audiencias en el Capitolio e incluso salas de prensa de importantes dependencias gubernamentales estadounidenses, el coro de satanización de China se ha vuelto más audible desde principios de este año cuando medios estadounidenses publicaron imágenes satelitales que muestran la recuperación de tierras por parte de China en el Mar Meridional de China.

Por desilusión o posiblemente por desesperación, Estados Unidos ha tramado de manera meticulosa la difamación de China como abusona regional, alborotadora y culpable de desestabilizar el orden regional dominado por Estados Unidos en Asia. Washington ha rechazado la explicación de China de que sus actividades de construcción se ubican por completo en el marco de su soberanía y tienen principalmente fines civiles y ha intensificado sus ataques verbales contra China en toda posible ocasión.

Algunos expertos estadounidenses han planteado sus conjeturas sobre el "inminente colapso" de China, algunos han advertido que los lazos chino-estadounidenses han llegado a un punto de inflexión para encaminarse hacia el conflicto y algunos más piden trazar una "línea roja" para enfrentar lo que describen como la "agresión" de China.

Es más, el ejército estadounidense organizó incluso una demostración de fuerza para China al enviar aviones de reconocimiento a sobrevolar las islas y los arrecifes chinos en el Mar Meridional de China, lo que fue mostrado intencionalmente al mundo a través de la cámara de una red noticiosa global de televisión. También ha amenazado con continuar con tales vuelos en el futuro para desafiar los reclamos legales de China, a la vez que trabaja arduamente para crear una alianza militar oscura para rodear a China.

La gente también se ha olido algo sospechoso en las recientes medidas tomadas por el gobierno de Estados Unidos, incluyendo las acusaciones presentadas contra algunos profesores chinos por el presunto robo de secretos comerciales y contra una docena de estudiantes chinos en Estados Unidos por fraude y por hacer trampa en sus exámenes. Todo esto sutilmente sincronizado con el desarrollo de las diferencias entre Washington y China sobre el Mar Meridional de China.

Para ser honestos, es precisamente la falta de confianza y respeto mutuos lo que ha generado las recientes tensiones en la relación entre China y Estados Unidos, una de las más importantes del mundo de hoy.

Durante demasiado tiempo, las dos naciones han caído con facilidad en la trampa del prejuicio político, la paranoia ideológica y los persistentes malentendidos, a pesar de los florecientes comercio bilateral e intercambios entre personas. Esto es evidente en las recurrentes fluctuaciones en los lazos bilaterales en las últimas cuatro décadas.

En este sentido, Washington debe ser responsabilizado por las tensiones por su desconfianza hacia las políticas, intenciones y acciones de China. Los más recientes acontecimientos destacan una vez más la importancia de reflexionar sobre las lecciones históricas de la rivalidad entre grandes potencias y la necesidad de que las dos partes trabajen más arduamente para alentar la confianza y el respeto mutuos.

Quizás el próximo Diálogo Estratégico y Económico y la Consulta de alto Nivel sobre el Intercambio entre Personas de fines de junio sirvan como oportunidad ideal para hacer esto. Y, lo que es más importante, quizás la ya programada visita de Estado a Estados Unidos del presidente chino Xi Jinping en septiembre contribuya a bajar más la temperatura.

Básicamente, Washington tiene que cesar esta cacería de brujas contra China, bajar el tono de las críticas hacia China y aprender a abordar a China sin prejuicios. De lo contrario, la rivalidad entre las dos potencias estará destinada a agravarse y tendrá un efecto desestabilizador sobre la paz y la seguridad mundiales.

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